The Concession

Antes de que se apaguen los ecos del Royal Birkdale, quiero recuperar un artículo que escribí hace años para una extinta web de golf sobre uno de los momentos más gloriosos de la historia del golf. Efectivamente, durante la Ryder Cup celebrada en 1969 en ese campo, Jack Nicklaus y Tony Jacklin protagonizaron un momento inolvidable que quedó grabado en la memoria colectiva para siempre. Veamos qué sucedió:

“2012 es año de Ryder Cup y, aunque todavía quedan algunos meses para que se inicie esta apasionante competición, nunca está de más recordar algunos de los momentos que han hecho de este torneo uno de los tres eventos con más telespectadores del mundo.

El golf es visto mayoritariamente como uno de los deportes donde la caballerosidad todavía es un valor imperante. A pesar de que en términos generales es así, eso no significa que en determinados momentos no se produzcan situaciones que parecen incompatibles con la cortesía que emana de este deporte. No estamos hablando de que los greens estén más o menos rápidos, o el rough más o menos alto para perjudicar el juego del contrario, sino de comportamientos bastante más recriminables que las tretas a que da lugar la preparación de un campo de golf.

Todos recordamos las vergonzantes escenas que algunos jugadores y aficionados norteamericanos protagonizaron en la Ryder Cup de 2008 en Valhalla, sin que el capitán del equipo organizador, Paul Azinger, hiciera nada para evitarlo. Tampoco es algo que nos debiera sorprender ya que este mismo personaje, Azinger, tuvo un duro intercambio verbal con Severiano Ballesteros en las Ryder Cup de 1989 y 1991, durante las que se acusaron mutuamente de hacer trampas en el juego. Más atrás en el tiempo, también es conocida la orden que el capitán británico en la Ryder Cup de 1969, Eric Brown, dio a sus jugadores en el sentido de no ayudar a los norteamericanos a buscar su bola cuando esta cayera en el espeso rough.

Fue precisamente en la edición de 1969, celebrada en el famoso recorrido inglés del Royal Birkdale, donde se produjo una de esas situaciones que, al contrario de las que acabamos de enumerar, engrandecen el golf y el deporte en general. Los partidos estaban siendo muy igualados y, al final de la segunda jornada, el marcador reflejaba un empate a ocho puntos entre ambos equipos. A falta de las dos sesiones de ocho partidos individuales, las espadas estaban en todo lo alto y, aunque el equipo norteamericano era el vigente campeón y le bastaba un empate para mantener la copa, los británicos habían demostrado que eran capaces de hacerse con la victoria.

Sam Snead, el capitán estadounidense

El sábado por la mañana, los jugadores locales batieron en los individuales a los estadounidenses por un claro 5 a 3 y dejaron el marcador global en 13 a 11. Por la tarde, la reacción del equipo de las barras y las estrellas no se hizo esperar e igualaron a 15 puntos a falta del último partido. Éste, protagonizado por Jack Nicklaus y el reciente vencedor del Open Championship, Tony Jacklin, discurría por el hoyo 15 con un “all square” como resultado provisional. Muchos de los espectadores pensaban que la ventaja estaba del lado del inglés ya que esa misma mañana había vencido al norteamericano por un contundente 4&3.

Inesperadamente, en el hoyo 16, Jacklin firmó un bogey que entreabrió la puerta del triunfo a Nicklaus. Con solo dos hoyos más por jugar, parecía que la Ryder Cup estaba casi decidida. En el hoyo 17, un par 5, ambos jugadores estaban en green de dos golpes, aunque con el jugador inglés considerablemente más alejado del agujero que el norteamericano. Decidido a luchar hasta el final, Tony Jacklin embocó un monstruoso putt para eagle de algo más de 15 metros mientras Jack Nicklaus no convirtió su oportunidad de empatar al inglés desde 5 metros. El partido volvía a empezar de cero e iba a ser el hoyo 18 el que decidiera el equipo vencedor.

Habiendo conseguido ambos jugadores green en regulación en ese hoyo, el putt para birdie de Jacklin se detuvo a escasos 60 centímetros del agujero mientras que el de Nicklaus se pasaba del mismo más de un metro. Tras templar sus nervios, el jugador norteamericano embocó su putt para par, asegurándose el empate y, por tanto, la consecución de la Ryder Cup para los EEUU. Solo quedaba por saber el resultado final de la contienda ya que el putt para par de Jacklin, aunque era corto, no estaba exento de dificultades. Para sorpresa de los presentes, antes de que el jugador inglés pudiera golpear su bola, Nicklaus le concedió el golpe. De esta manera, en uno de los mayores alardes de deportividad que se conocen, el “oso dorado” provocó el primer empate en la historia de la Ryder Cup y evitó la posibilidad de que el equipo contrario acabara derrotado en el marcador. Desde ese momento, al gesto de Jack Nicklaus se le llamó “The Concession” (la concesión).

No todo fueron alabanzas hacia el gesto de Nicklaus. Su propio capitán, Sam Snead, nunca perdonó al jugador por su deferencia con los contrarios. Algunos compañeros, como Lee Treviño, y también algunos medios de comunicación estadounidenses, criticaron abiertamente la concesión de ese último golpe. De lo que no cabe duda es que para Tony Jacklin fue un gesto digno de admiración porque aquella Ryder Cup supuso el inicio de una bonita amistad entre el jugador inglés y el “oso dorado” que dura ya más de 40 años. Para poner de relieve lo importante que es para ellos el espíritu de deportividad, ambos jugadores decidieron co-diseñar un club de golf en Sarasota (Florida) que vio la luz en el año 2006. ¿Su nombre? Como no podía ser de otra manera, el campo se llama “The Concession”. Se trata de un recorrido espectacular, que ha escalado rápidamente posiciones hasta situarse como uno de los mejores campos de los EEUU.

Más allá de las estadísticas que acaban constando en las bases de datos, son muy pocas las ocasiones en que la personalidad de un jugador es capaz de marcar hitos que perdurará en la historia del deporte. Es el caso de Jack Nicklaus. Es difícil, pero no imposible, que en el futuro algún jugador rompa sus récords. A pesar de ello, muchas personas seguirán recordando el elegante gesto que el “oso dorado” tuvo con su contrario en aquel lejano día de 1969 y todavía le considerarán como el más grande caballero de la historia del golf. Y eso es algo que dificilmente nadie más podrá superar, por mucho que en su vitrina tenga más de 18 trofeos de “Majors”.”

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2 opiniones en “The Concession”

  1. Gracias por la nota, conocía la historia pero no tan en detalle, solo que le habia concedido un putt importante, pero creía que definía un partido importante y no el torneo

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