Rory y la colocación de la bola

Ayer, durante la retransmisión del BMW Championship, pude observar dos veces a Rory McIlroy utilizando la “regla de invierno” de la siguiente manera:

En los hoyos 3 (par 3) y 4 (par 4) McIlroy mandó su bola a lo que se suele llamar el “antegreen”. Como desde ese lugar era complicado patear por encontrarse algo alejado del green, McIlroy marcó, levantó, limpió y colocó su bola de manera que la bola reposara en el límite del antegreen con el green y pudiera patear con una cierta normalidad. Incluso consigió, en el hoyo 4, un birdie desde el lugar donde colocó su bola. Se puede ver en el minuto 01:20 de este vídeo.

Antegreen

Este procedimiento, a muchos le puede parecer dos cosas: Irregular y poco ético. Empezaremos a explicar por el primer punto, el de ir contra las reglas.

La regla local de colocación de la bola o regla de invierno (preferred lies, en inglés) suele tener esta redacción:

Una bola que reposa en el recorrido en una zona de césped segada a ras puede ser levantada sin penalidad y limpiada. Antes de levantar la bola el jugador debe marcar su posición. Una vez levantada la bola debe colocarla en un punto dentro de (en el European Tour suele ser una tarjeta, y en el PGA Tour, un palo) y no más cerca del agujero de donde reposaba originalmente, que no esté en un obstáculo ni en un green.
Un jugador puede colocar su bola solamente una vez y está en juego cuando ha sido colocada (Regla 20-4). Si la bola no queda en reposo en el punto en el que ha sido colocada, se aplica la Regla 20-3d. Si la bola al colocarla queda en reposo en el punto en el que ha sido colocada y posteriormente se mueve, no hay penalidad y la bola debe ser jugada como repose, salvo que se aplique lo establecido en alguna otra Regla.
Si el jugador no marca la posición de la bola antes de levantarla o mueve la bola de cualquier otra forma, como rodarla con un palo, incurre en la penalidad de un golpe.

Nota: “Zona de hierba segada a ras” significa cualquier zona del campo, incluyendo los caminos en el “rough”, que está segada a la altura de la calle o inferior

Así, podemos observar como la regla local no dice que solo se puede colocar bola en “calle” sino que lo extiende a toda área del campo que esté segada a ras a la altura de la calle o inferior. En este caso, el antegreen estaba segado a la altura de la calle o inferior, por lo que el jugador norirlandés tenía derecho a proceder como lo hizo. Las únicas limitaciones consistían en no colocar la bola en el green y en no acercarse al agujero, algo que también respetó. Desde este punto de vista, estuvo impecable.

En el aspecto ético, la cosa se complica. Personalmente, si la regla local de colocación de la bola está en vigor, no la uso si no es necesario (mi bola cae en una chuleta, una parte del campo en mal estado, o se le adhiere un pegote de barro). En la entrada de ayer  ya me posicioné en contra de que esta regla local estuviera en vigor en el BMW Championship……..pero no creo que se pueda criticar que un jugador la utilice aunque no la necesite. Si tiene derecho, la puede usar, aunque su finalidad no sea la de hacer más justo el juego sino la de buscar su propio beneficio con una posición de la bola mejor que la que tenía. A algunos le puede parecer contrario al espíritu del juego pero yo creo que eso ya pertenece al ámbito de lo personal y de como quiere sentirse uno consigo mismo a la hora de irse a dormir.

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Crooked Stick

“El jueves éramos 70 jugadores y, de ellos, 50 bajamos del par del campo. Sabiendo como es Pete Dye, no creo que esté muy contento” Estas eran las declaraciones de Tiger Woods cuando finalizó su segunda ronda en Crooked Stick. Con casi total seguridad, acertaba al hablar del diseñador del campo que está acogiendo el BMW Championship de esta semana; Dye es un arquitecto  que tradicionalmente se ha caracterizado por hacer sufrir a los mejores jugadores del mundo. Solo con escuchar nombres como TPC Sawgrass, Whistling Straits, Kiawah Island, Harbour Town, Casa de Campo (Teeth of the Dog) o Blackwolf Run uno se hace una idea de lo mucho que se puede llegar a sufrir en uno de sus campos.

Debo decir que Pete Dye es, seguramente, mi diseñador favorito. A pesar de ello, no me está gustando mucho lo que estoy viendo en Crooked Stick. Más allá de que el diseño de este campo no es muy de mi gusto, la realidad es que las circunstancias que están rodeando a la preparación del torneo está facilitando mucho la labor de los jugadores.

Es cierto que el campo está algo “pesado” por las recientes lluvias que han tenido lugar en la zona pero la rapidez con la que el PGA Tour adopta la regla local de “colocación de la bola” en las áreas segadas a ras a veces raya lo absurdo. La realidad es que las bolas no se empotran en la calle (y, si así lo hicieran, para eso ya existe una regla que permite el alivio) y no tiene mucho sentido dejar marcar, levantar, limpiar y colocar la bola solo porque alguna de ellas pueda quedar un poco “manchada” de barro. Cuando ha llovido, los greens están blandos y permite a los jugadores ser mucho más agresivos en sus golpes a bandera, y el campo debe tener algún tipo de “defensa” ante los mejores jugadores del mundo. Si permites una condiciones perfectas en un campo como este, el torneo se convierte en algo parecido al típico festival de birdies que en nada ayuda a, como decía Sandy Tatum, identificar  a los mejores jugadores. Ayer mismo, Tiger Woods también reconocía que la bola corre bien en calle. Entonces….¿para qué la “colocación de bola”? En este sentido (como en muchos otros) la PGA debería esforzarse en buscar un golf más “puro”. Peores condiciones climatológicas que en el Open Championship son difíciles de encontrar…….pero la famosa “regla de invierno” brilla por su ausencia en el decano de los “majors”.

Un ejemplo de lo que digo está en el hoyo 15 de Crooked Stick. Un par 5 de 478 metros (dependiendo de donde esté la bandera, se juega más corto) que se ha convertido en una caricatura en las dos jornadas disputadas. Su media de golpes es, hasta el momento, de 4.32 0_0 Han sido 9 eagles, 82 birdies, 44 pares y solo 5 bogeys. Los jugadores están jugando hierros medios al green de ese hoyo, sin temer en ningún momento por el resultado. A esto no se le puede llamar un hoyo de “riesgo y recompensa ni “de recuperación” sino que es un auténtico “chollo”.

En 1991, un joven John Daly, con su potencia desde el tee, dejó en evidencia a este campo y ganó el PGA Championship. Las trampas que el diseñador puso para evitarlo fueron literalmente sobrevoladas por Daly. Parece que, después de tantos años, y sabiendo lo largo que van los jugadores hoy en día, aún no se ha aprendido de aquella lección. Os dejo tres vídeo sobre la victoria de Daly en aquel torneo (en la segunda parte aparece su caddie, Jeff Medlen, del que hablamos aquí).

1ª parte

                          2ª parte

3ª parte

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Graeme McDowell y las reglas

Nunca me cansaré de decir que no entiendo a determinados jugadores de golf profesionales con respecto a su “tormentosa” relación con las reglas de golf. Cualquiera que se dedique profesionalmente a un deporte, aunque no le apetezca hacerlo, está en la obligación de conocer al dedillo la normativa que lo regula para intentar evitar que las sanciones en que pueda incurrir le acaben costando grandes cantidades de dinero. Por ello, si un jugador de golf no conoce con una cierta profundidad las reglas de golf, es porque, sencillamente, no se ha tomado la molestia de estudiarlas mínimamente. Partiendo de esta base, cualquier queja sobre las penalizaciones aplicadas a una situación que podríamos considerar “normal” en un campo de golf no tiene ninguna base.

En el reciente PGA Championship de Kiawah Island, Carl Pettersson fue penalizado por mover un impedimento suelto en un obstáculo de agua y hablamos de ello en este blog. Pero parece que los hay que no conocen el refrán que dice “cuando veas las barbas del vecino quemar, pon las tuyas a remojar”. Ayer, en su último hoyo de la jornada, la bola de Graeme McDowell fue a parar a un bunker (un obstáculo) con la mala suerte de acabar reposando junto a una hoja. Su caddie le preguntó si recordaba que no podía tocar la hoja pero el jugador norirlandés interpretó que le estaba diciendo que no podía quitarla por estar en un obstáculo. Al colocarse para realizar el golpe, McDowell no guardó lo que se podría llamar una correcta “distancia de seguridad” y tocó ligeramente la hoja con su palo. Así, acabó incurriendo en dos golpes de penalidad por tocar un impedimento suelto en un obstáculo.

La bola y la hoja

Pero el problema de G-Mac no es solo ese. En el Honda Classic de 2010, el jugador norirlandés ya fue penalizado con dos golpes por tocar con su palo el agua de un obstáculo de agua (en inglés). Este mismo año 2012, en el BMW PGA de Wentworth, McDowell fue penalizado con dos golpes por mover su bola cuando se acercaba a ella y no reponerla en su lugar original (en inglés). Os adjunto el vídeo.

Asi pues, además de tener un problema de desconocimiento de las reglas, parece que le cuesta aprender de sus propios errores. No obstante ello, hay que romper una lanza en su favor. McDowell, como suelen hacer la mayoría, es de los que buscan a los árbitros para señalarles sus infracciones (excepto en el BMW PGA porque él no se dio cuenta de que la bola se había movido). En ese sentido, siempre ha intentado ser un jugador honesto, y eso es algo que hay que destacar. Para mí, no es lo mismo un jugador que se equivoca muchas veces que otro que se equivoca pero al que hay que vigilar porque no lo quiere reconocer.
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Pettersson y las hojas

En el primer hoyo de la última ronda del PGA Championship, Carl Pettersson se vio envuelto en un incidente que acabó con una penalización para el jugador. El relato de los hechos nos dice que, tras ejecutar un mal golpe de salida, la bola de Pettersson fue a reposar a un obstáculo de agua que había a la derecha del hoyo. El jugador, viendo que la bola estaba más baja que sus pies, le preguntó al árbitro que le acompañaba si podía tocar con el palo la hierba del obstáculo. Éste le dijo que sí pero que tenía que tener cuidado de no apoyarlo porque eso implicaba penalización. Pettersson situó su palo detrás de la bola, rozando la hierba, y realizó el swing. Al mover su palo hacia atrás, el jugador sueco tocó y movió varias hojas sueltas que se encontraban detrás de la bola. El árbitro, que estaba observando la escena, le comunicó a Pettersson que se iban a revisar las imágenes grabadas por la televisión para asegurarse de si existía o no infracción.

La regla 13-4 es clara en ese sentido; dejando aparte las excepciones que la propia regla contiene (y que no estaban presentes en este caso), no se pueden tocar o mover impedimentos sueltos que reposen en o toquen el obstáculo. Una vez visionado el vídeo, se llegó a la conclusión de que el jugador había infringido la regla 13-4 y se le comunicó que debía incluir en el resultado de ese hoyo los correspondientes dos golpes de penalidad.

Las reacciones de determinados medios de comunicación, periodistas (Stephanie Wei o David Feherty, por ejemplo) y aficionados a este deporte no se han hecho esperar. La consabida diatriba contra las reglas de golf se ha vuelto a escuchar y, como siempre, la responsabilidad del jugador en los hechos ha sido obviada. Es más, se han llegado a resaltar unas declaraciones de Pettersson en las que, literalmente, decía que había sido penalizado por una de “esas estúpidas reglas de golf”.

En este blog, durante el PGA Championship, hemos hablado de la penalidad que se auto-impuso Rickie Fowler, y también de la descalificación que se auto-impuso Michael Hoey. Ayer mismo, en el hoyo 18, a Zach Johnson le pareció que su bola se había movido al disponerse a patear. Aunque el vídeo no mostró ninguna evidencia de ello, Johnson mantuvo que la bola sí se había movido y fue penalizado por ello. La pregunta que yo me hago es: ¿porqué determinados periodistas destacan más las declaraciones de Pettersson quejándose sobre las reglas que la honrada actitud de los jugadores que asumen su responsabilidad?

La regla 6-1, que dice:

REGLAS
El jugador y su caddie son responsables de conocer las Reglas. Durante una vuelta estipulada, el jugador incurre en la penalidad aplicable por cualquier infracción de una Regla cometida por su caddie.

Personalmente, no acabo de entender que una persona que se gana la vida jugando a golf no sea capaz de dedicarle 20 minutos al día a repasar las reglas más importantes que rigen su deporte. Aunque solo fuera por razones económicas, a los jugadores de golf les interesa no incurrir en penalidades que les van a hacer descender puestos en la clasificación. Por poner un ejemplo, los dos golpes de penalidad de Pettersson le han  supuesto 481.500 dólares de premio que ha dejado de cobrar. Lo peor de todo es que el jugador sueco tampoco aprende de los errores de los demás. En 2010, él mismo se encontraba disputando el Verizon Heritage en el bonito campo de Harbour Town. Debe tener muy mala memoria porque, precisamente en aquel torneo, Brian Davis perdió el play-off contra Jim Furyk al llamar al árbitro para que le penalizase. ¿Porqué? Por tocar y mover un impedimento suelto en un obstáculo de agua cuando realizaba el swing. Así pues, lo de Pettersson no es ignorancia sino, simple y llanamente, desidia. Aquí tenéis las imágenes de aquel incidente.

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La bola en el árbol de Rory

Ayer vimos una de esas situaciones curiosas que se producen en el campo de golf de vez en cuando. El golpe de salida de Rory McIlroy en el hoyo 3 (un par 4 corto) golpeó a un árbol seco y desapareció. A McIlroy le faltó poco para que su bola se considerara perdida por haber agotado los preceptivos 5 minutos de búsqueda pero, gracias a las cámaras de televisión (a veces ayudan a penalizar a los jugadores, a veces a salvarles de la penalización), se la localizó en una de sus ramas.

Como McIlroy no quería acogerse a la opción a) de la regla 28 (bola injugable, proceder bajo la disposición de golpe y distancia), primero estaba en la obligación de identificarla (decisión 28/1). Una vez cumplido con este trámite, el jugador norirlandés se acogió a la opción b) de la regla 28:

Dropar una bola detrás del punto donde la bola reposa, manteniendo este punto en línea recta entre el agujero y el punto en que se va a dropar la bola, sin límite de distancia detrás de ese punto en donde la bola puede ser dropada

Por ello, trazó esa línea desde el punto del suelo inmediatamente debajo de donde reposaba la bola en el árbol (decisión 28/11) y se alejó del agujero la distancia que creyó necesaria para ejecutar el golpe que más le convenía. Al final, con un “approach” y un putt, Rory McIlroy consiguió un extraordinario par que le permitió seguir remontando posiciones hasta conseguir instalarse en el liderato de la prueba tras la 3ª jornada.

Os dejo el vídeo de este incidente y, como siempre, os recomiendo estudiar las reglas de golf. A veces nos obligan a penalizarnos pero, en determinadas ocasiones, también nos permiten ahorrarnos más de un disgusto. En el foro de SoloReglasGolf y en su blog podréis aprender más de ellas.

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La descalificación de Michael Hoey

Ayer viernes se volvió a producir en el PGA Championship un incidente relacionado con las reglas al que se podría aplicar los calificativos que ya dedicamos a Rickie Fowler en esta entrada. El protagonista, en este caso, fue el Norirlandés Michael Hoey.

Hoey fue uno de los cinco jugadores que en el día de ayer, en condiciones auténticamente infernales, consiguieron bajar del par del campo. Concretamente, firmó una excelente tarjeta de 70 golpes (-2), la segunda mejor del día tras el -3 de Vijay Singh. Con ese resultado, había conseguido pasar el corte y se había situado a solo ocho golpes del liderato, con dos jornadas por disputar.

Una vez fuera del campo, el jugador empezó a pensar en un incidente que había sufrido cuando su bola cayó en una zona arenosa del hoyo 9 y se empotró en ella. Incapaz de identificarla, y amparándose en la regla 12-1b, Hoey apartó un poco la arena que la cubría para asegurarse que era su bola. Tras cerciorarse de que sí lo era, Hoey la jugó sin recordar que esa misma regla también obliga al jugador, antes de golpear la bola, a recrear el reposo de la misma de la manera más similar posible a como se encontraba originalmente.

Al recordar que no había repuesto la arena quitada de encima de la bola para identificarla, Hoey se dirigió a los árbitros del torneo para hacerles saber de la infracción cometida. El norirlandés debería haber incluido una penalidad de dos golpes en su tarjeta y, al no hacerlo, la firmó y la entregó con un resultado equivocado. Por ello, se hizo acreedor de la descalificación bajo la regla 6-6.

Cabe destacar que, según el importe de los premios publicado por la organización del evento, aunque hubiera quedado clasificado en el último lugar de los jugadores que pasaron el corte, hubiera ingresado la bonita cantidad de 15.000 dólares. Hoey prefirió comunicar su incidente, aunque nadie lo hubiera presenciado. Aunque no deberíamos sorprendernos de que alguien cumpla con las reglas de golf, por mi parte, chapeau.

                                                            Michael Hoey

Si quires aprender más sobre las reglas de golf, siempre puedes consultar al foro de SoloReglasGolf

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La penalidad de Rickie Fowler en el hoyo 18

Ayer, en el hoyo 18, se produjo una de esas situaciones relacionadas con las reglas de golf en la que la honestidad del jugador juega un papel importantísimo. Rickie Fowler se disponía a patear su bola cuando, al realizar el backswing, le pareció que su bola se había movido. Llamó al árbitro, David Price, y habló con él de la situación.

La regla 18-2b dice :

Bola Movida Después de Preparar el Golpe:
Si la bola en juego de un jugador se mueve después de que ha preparado el golpe (por otra causa que no sea como resultado de un golpe), se considera que el jugador ha movido la bola e incurre en la Penalidad de un golpe.

Como dice la definición, como Fowler había apoyado el palo inmediatamente detrás de la bola, ya había preparado el golpe :

Un jugador ha “preparado el golpe” cuando ha apoyado su palo en el suelo inmediatamente delante o inmediatamente detrás de la bola, se haya colocado o no.

Así pues, la única posibilidad de que Fowler se librar de la penalidad era aplicando la excepción de la regla 18-2b, que dice :

Excepción: Si se sabe o es prácticamente seguro que el jugador no causó que su bola se moviera, la Regla 18-2b no se aplica.

En este caso, existía la posibilidad de que el viento, presente durante toda la tarde en Kiawah Island, hubiera sido el causante de que la bola se moviera. Cuando el árbitro le preguntó a Fowler si estaba seguro que había sido el viento el que había movido su bola, Fowler, honestamente, le dijo que no tenía la seguridad de que el viento hubiera sido el culpable. Rickie Fowler podría haber sido “pillo” y haber dicho que sí, que había sido el viento, pero eligió ser honesto y se tuvo que apuntar un golpe de penalización que convirtió su ronda de 73 golpes en una de 74 y le envió desde la 66ª posición hasta la 88ª.

El golf es el único deporte en el que la mayoría de las veces es el jugador el que hace de árbitro. Por ello, es tan importante el apartado de las reglas que hace referencia al “espíritu del juego”:

“El golf se juega, la mayor parte de las veces, sin la supervisión de un árbitro o de un juez. El golf se basa en la integridad del individuo para mostrar respeto a los demás jugadores y en respetar las Reglas. Todos los jugadores deberían comportarse disciplinadamente, demostrando cortesía y deportividad en todo momento, independientemente de lo competitivos que puedan ser. Este es el espíritu del juego del golf.

Ayer, Rickie Fowler demostró ser un jugador íntegro, que ama el golf. Independientemente de si acaba ganando el torneo o no, Fowler consiguió ayer algo mucho más importante; ganarse el respeto de los verdaderos aficionados al golf.

Aquí tenéis la transcripción de la entrevista a Fowler sobre el particular (en inglés) Para salir de dudas sobre situaciones relacionadas con las reglas de golf, existen foros dedicados a intentar solucionar el problema. Uno de ellos es este; SoloReglasGolf

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