El GolfSense

El mundo de los “gadgets” de golf no deja de sorprenderme. Y eso es especialmente cierto desde que el uso de los “smartphones” se extendió a nuestro deporte. Hoy, vamos a ver una de esas novedades que nos (o, por lo menos, me) dejan con la boca abierta; el GolfSense.

Se trata de un pequeño aparato que se “instala” en el velcro del guante de golf mediante un “clip”. Su peso es de solo 17 gramos, con lo que prácticamente no tiene influencia durante el swing (recordemos la entrada del blog que hablaba de como le afectaba el peso de un reloj). Una vez colocado, los cuatro sensores del dispositivo envían por bluetooth al “smartphone” u otro dispositivo con esa tecnología gran cantidad de datos (hasta 1.000 por segundo), que transforma en información tan interesante como el plano de swing del jugador, el backswing, el downswing, el tempo o la velocidad de la cara del palo. Incluso permite saber cuanto quebramos y rotamos las muñecas o la rotación de las caderas (con iPhone en el bolsillo). En cuanto a los palos, se pueden personalizar en base a diferentes parámetros como los grados, tipo de varilla y su longitud y hasta en el tipo de grip que usamos. Tiene un modo que detecta si el swing que acabamos de hacer es solo de prácticas o hemos golpeado alguna bola (que es el único que graba).

                                                                         El GolfSense

Muchos de estos datos los podemos visualizar en tres dimensiones y se publicita que tiene un margen de error menos a 3 millas por hora con respecto al radar en la medición de las velocidades. Para acabar, los datos son almacenados en la “nube”, con lo que podemos acceder a ellos desde cualquier dispositivo y/o lugar. En resumen, espectacular 0_0.

No cabe duda de que la tecnología está cambiando la manera en que el golf es percibido por sus practicantes. Si uno se interesa por aprender algunas nociones sobre técnica del swing, con este tipo de “gadgets” puede conseguir saber muchas cosas sobre su juego. No cabe duda de que los profesores más tradicionalistas no va a estar nada contentos con la aparición de estos aparatos….pero es que esta carrera ya no se puede parar. Nunca está mal, aunque la aguda mirada de un buen profesor haya detectado ya cual es el fallo del jugador, usar la tecnología para que el golfista en cuestión pueda ver con sus propios ojos cual es su fallo. El resultado es el mismo pero el cliente siempre estará más contento al “comprender” en cierta manera cuales son sus errores más típicos. La web del producto, aquí. Os dejo con un vídeo en el que se explica como funciona el GolfSense 🙂

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TaylorMade RocketBladez

No se puede negar que los responsables de marketing de TaylorMade son unos auténticos genios. Antes de entrar en materia sobre los nuevos hierros de esta marca de material, hay que recordar que Taylor Made son los principales responsables de que muchos jugadores de golf se gasten auténticas fortunas en palos cada seis meses. No en vano, ellos fueron los que crearon la costumbre de sacar al mercado un modelo nuevo cada medio año, prometiendo mejoras increíbles en cuando a distancia y/o precisión. Evidentemente, si lo que publicitan fuera verdad, ahora mismo todos nosotros estaríamos compitiendo con Bubba Watson por el drive más largo de la temporada (qué más quisiéramos).

En lo referente a los nuevos hierros de TaylorMade, los RocketBladez, hay que hacer algunas apreciaciones:

– En primer lugar, soprende que se utilice la palabra “blade” en el nombre de estos palos porque esta definición coincide con aquellos hierros que NO disponen de una cavidad trasera en la cabeza del palo. En el caso de los RocketBladez, SÍ disponen de esa cavidad trasera, con lo que la definición, de entrada, es falsa. Veamos una comparación fotográfica:

– En segundo lugar, está el tema de la tan traída ranura en la suela de la cabeza del palo, aclamada por sus creadores como una “revolución” en el mundo del material de golf. Dicen que es una novedad el hecho que la cara del palo tenga “efecto trampolín” para conseguir más distancia. Lo siento mucho, pero discrepo sobre este particular. Hace ya muchos años, otro fabricante de material, Wilson, ya experimentó con este tipo de diseño. Veamos como era y como publicitaban su modelo “Reflex” los responsables de marketing de la época (hablamos de finales de los años 70):

                                                                 Los hierros Wilson Reflex

                                                 La publicidad, en la que se habla del efecto trampolín

Puede ser que, con los nuevos materiales con los que se trabaja hoy en día, TaylorMade haya podido mejorar el diseño y el grosor de la cara del palo con respecto al modelo de Wilson. Yo dudo que la cara de un hierro se pueda hacer tan fina como la de un driver para tenga un “efecto trampolín” significativo. No obstante, si así fuera, no van a tardar mucho los organismos rectores del golf en limitar el famoso “coeficiente de restitución” o C.O.R. de la cara de esos palos, como ya hizo con los drivers hace unos años. Más allá de la parte técnica, no hay duda de que esa ranura se va a llenar de barro, hierba seca y demás muy rápidamente…y que va a ser muy complicado quitarla.

-El último apartado tiene que ver con la distancia de los hierros TaylorMade. Es cierto que si uno compara unos hierros de esta marca con alguna otra, puede encontrarse que hace más metros con los hierros TaylorMade. No es casualidad. Hace ya bastantes años que esta marca fabrica sus hierros con varios grados menos en la cara del palo que el resto, para el mismo hierro. Además, también fue de los primeros en poner varillas más largas de lo normal para crear artificialmente la sensación de conseguir más distancia. Hoy en día, la mayoría de estas marcas se han subido al carro de este tipo de modificaciones y hay que recordar este hecho para establecer comparaciones correctas entre las marcas y modelos, tanto en hierros como en drivers.

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Del putter largo y sus alternativas

Cada vez se ve más cerca la prohibición del anclaje de los putters largos (entre los que incluyo a los “belly putters”). Uno de los signos más inequívocos de que este hecho se va a producir es la visita que hace tres días realizó Mike Davis, Director Ejecutivo de la USGA, a los profesionales reunidos en Sea Island para jugar el McGladrey Classic. Parece que el alto directivo del organismo rector del golf en los EEUU intentó recabar apoyos entre los jugadores ante la inminencia del cambio de reglas, encontrándose (lógicamente) con una seria resistencia por parte de algunos de los allí presentes. Ya lo dejó claro Davis Love III, el organizador del evento, cuando dijo “si yo fuera la USGA, estaría preocupado porque un buen puñado de jugadores van a luchar contra este cambio”.

En los últimos días, he leído varias noticias relacionadas con este tema, de las que me gustaría resaltar tres para poder reflexionar sobre ellas en una próxima entrada. La primera hace referencia a las declaraciones de Stewart Cink, en las que ponía de manifiesto la problemática que se va a generar cuando jugadores que usan un putter largo cambien a uno corto. Si las estadísticas de putt de estos jugadores empeoran, algunos tendrán la percepción de que estos jugadores estaban “haciendo trampas” al anclar el putter a su cuerpo, cuando hay personas que sostienen que no existen pruebas sólidas de que los putters largos mejoren el rendimiento en el green. Personalmente, tras escribir sobre su inventor hace unos meses, creo que alguna ventaja en los putts cortos sí existe 😉

La segunda noticia habla sobre que el propio Davis Love III ha empezado a probar un putter largo en el McGladrey Classic (en inglés), resultando su rendimiento excepcional. Quizás ha sido su conocimiento del lugar (vive allí) o quizás, como dice, ha sido el peso del palo lo que le ha hecho resaltar en las estadísticas y en la clasificación general. En cualquier caso, es curioso que, ante una posible prohibición, haya jugadores que cambien a este tipo de palos (aclaración; en el caso de Love III, la varilla del palo no es tan larga como para que se ancle en el cuerpo sino que se queda justo antes del cinturón). Personalmente, me parece que si al final la fecha de prohibición es el 1 de enero de 2016, habrá muchos jugadores cercanos a los 50 años que aprovecharán estos tres años para sacar el máximo rendimiento posible y cambiar al putter corto en el Champions Tour, donde los premios no son tan jugosos.

                                                             Davis Love III con su putter largo

El último comentario está referido a las diferentes alternativas que se empiezan a buscar ante esta prohibición del anclaje. En un artículo de ayer en el Wall Street Journal, John Paul Newport recuperaba el concepto de “sidesaddle putting”. Para los que no sepan de qué se trata, pueden leer el artículo que escribí para Crónica Golf en febrero de este año sobre el tema y ver el vídeo sobre el particular que incorporaba el artículo de Newport.

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Longitud de la varilla, distancia y precisión

Ya hace mucho que tengo claro que las varillas que se montan en los drivers actuales son exageradamente largas. En un esfuerzo desesperado por “vender” a los consumidores el driver que más distancia consiga, las fábricas están usando varillas de 46 pulgadas que, como mínimo, lo que hacen es acentuar la dispersión de los golpes de sus usuarios. No hay que olvidar que el 85% de los federados tienen un handicap superior a 18.5 o no tienen handicap, con lo que la habilidad de los potenciales clientes para controlar la cabeza del palo y conseguir un golpeo consistente normalmente es bastante reducida. Por supuesto, una varilla excesivamente larga no les va a hacer jugar mejor sino más bien al contrario.

Hace algunos años, mi clubmaker de confianza me recortó la varilla del driver a 44,5 pulgadas. Tras quedarse obsoleto el palo, me compré uno nuevo, teniendo especial cuidado en que la varilla no excediera las 45 pulgadas. No obstante, hasta ahora no había conseguido encontrar ningún estudio con un mínimo de seriedad que demostrara que la teoría era cierta. Por suerte, la última entrada del blog de Andrew Rice me va a permitir justificar mi manera de pensar.

Este inquieto profesional decidió un día comparar como le iría cambiando la varilla original de su driver (un Titleist D3 de 8,5º que monta una Fujikura Motore F3 de 70 gramos en stiff) por una varilla de madera 3, concretamente una Project X de 82 gramos en stiff de solo 43 pulgadas. Para acabar, también pondría bajo el escrutinio del TrackMan un antiguo driver de Persimón, un Wilson con varilla de acero de 42,5 pulgadas:

Rice golpeó 11 bolas Titleist NXT Tour y eliminó los peores golpes con cada palo. Los resultados fueron estos:

Varilla de 45″ 

  • Velocidad de la cara del palo: 101.3 mph
  • Velocidad de la bola: 151.6 mph
  • Revoluciones: 2697 rpm
  • Ángulo de lanzamiento: 11.3 grados
  • Distancia “de pique”: 224 metros
  • Distancia total: 249 metros
  • Altura: 23 metros

Varilla de 43″

  • Velocidad de la cara del palo: 101.1 mph
  • Velocidad de la bola: 150.0 mph
  • Revoluciones: 2100 rpm
  • Ángulo de lanzamiento: 14 grados
  • Distancia “de pique”: 228 metros
  • Distancia total: 255 metros
  • Altura: 25,7 metros

Driver de Persimón de 42.5″

  • Velocidad de la cara del palo: 93.4 mph
  • Velocidad de la bola: 141.2 mph
  • Revoluciones: 2115 rpm
  • Ángulo de lanzamiento: 10.3 grados
  • Distancia “de pique”: 189 metros
  • Distancia total: 225 metros
  • Altura: 14,6 metros

En lo referente a la precisión de los golpes, el gráfico de dispersión fue el siguiente (Blanco=persimón; Violeta=madera 3; Amarillo=driver):

Dispersion

Conclusión: Con una varilla dos pulgadas más corta, la de la madera 3, Rice consiguió más distancia y precisión que con la varilla de driver de 45 pulgadas. Aunque con la varilla más corta desarrollaba una velocidad de swing ligeramente más lenta, el mayor ángulo de lanzamiento y las menores revoluciones compensaban esa diferencia. Trayectoria alta y bajas revoluciones, algo que vemos en los vídeos del Protracer del PGA Tour cuando los mejores jugadores dan sus golpes de salida. Aquí, Rory McIlroy ejecuta un “High draw” (draw alto)

En lo referente al driver de persimón, hay que resaltar que fue el más preciso con solo 5,5 metros de desviación, frente a los siete metros de la varilla de la madera 3 y los 9,5 metros de la varilla de driver. Evidentemente, el peso de un driver con varilla de acero es muy superior al de los drivers actuales y la menor velocidad de la cara del palo se refleja en una menor distancia. Os dejo con los datos del TrackMan (clicar para agrandar).
Para acabar, decir que en el golf no hay nada que valga para todo los jugadores. En este caso, se trata de poner de manifiesto algo que seguramente funcionaría para la gran mayoría; el hecho de que mantener la bola en juego, aunque se perdieran unos pocos metros, es lo importante para hacer un buen resultado. Nosotros no tenemos la habilidad para recuperar golpes malos de los mejores pros y, por lo tanto, necesitamos no penalizar de manera absurda por buscar ser quienes no somos.
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Sin reloj, 1 reloj, dos relojes

Antes de que hoy empiece la Ryder Cup, quiero hacer una mención más a una entrada del blog de Andrew Rice que me ha llamado mucho la atención. Este ex-jugador profesional tuvo la curiosa idea de realizar un estudio sobre la influencia que tiene el llevar un reloj en la muñeca mientras jugamos a golf.

Para tal experimento, eligió a un conocido con handicap 6, un jugador con un nivel de juego que asegura un swing bastante consistente, y lo puso delante del TrackMan. El jugador-muestra realizó tres golpes sin reloj, tres con un reloj de 85 gramos y tres con dos relojes de 85 gramos en la muñeca izquierda (el jugador es diestro). Los resultados obtenidos proporcionaron alguna sorpresa.

Sin reloj:

  • Velocidad de la cara del palo: 94,6 mph
  • Velocidad de la bola: 143,3 mph
  • Distancia “de pique”: 208 metros
  • Distancia total: 237,5 metros

Con un reloj:

  • Velocidad de la cara del palo: 93,5 mph
  • Velocidad de la bola: 142,8 mph
  • Distancia “de pique”: 203,4 metros
  • Distancia total: 228,3 metros

Con dos relojes:

  • Velocidad de la cara del palo: 92,6 mph
  • Velocidad de la bola: 141,2 mph
  • Distancia “de pique”: 199,5 metros
  • Distancia total: 223,5 metros

Estoy de acuerdo en que se debería hacer un estudio algo más extenso sobre este particular pero no se puede negar que los primeros resultados parecen indicar que se pierden bastantes metros por llevar un reloj en la muñeca al jugar a golf. Si el reloj es pesado, la diferencia puede legar a ser de hasta de casi 15 metros 😯 . Personalmente, no llevo reloj ni cuando no juego a golf pero esta corta entrada del blog de hoy siempre puede ayudar a mejorar nuestro juego.

Ahora que me doy cuenta….¿creéis que hay algún jugador que se ponga el reloj para no hacer tanta distancia? Esta foto me ha dejado con la duda 🙂

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Old versus New (viejo contra nuevo)

Extraordinario el documento que Shane Bacon nos ha proporcionado hoy a los interesados en el material de golf; nada más y nada menos que la comparativa mediante TrackMan que Andrew Rice ha realizado de un viejo driver Taylor Made Burner Plus (9.5º, con varilla “flex-twist titanium” stiff) contra un moderno driver Titleist 910 D3 (8.5º, con varilla Fujikura Motore F3 de 70 grs. stiff). Ya anticipo que los resultados nos van a sorprender.

En primer lugar, destacar las diferencias entre ambos palos. En lo referente a la varilla, hay que mencionar que la del Taylor Made es 1,5 pulgadas (3,8 cms) más corta. En cuanto a la cabeza del palo, solo hay que ver las fotos para comprobar de qué manera ha evolucionado el material en los últimos años.

Como comentaba antes, los datos obtenidos tras golpear 12 bolas con cada palo son, como mínimo, chocantes. Lejos de lo que pueda parecer, la diferencia en las distancias obtenidas con ambos palos es de solo….10 metros 0_0 Los datos en los que más difieren son los siguientes:

-Velocidad de la cara del palo= Mientras en el viejo Taylormade es 99,7 mph, en el moderno Titleist es de  101,8. Viendo la longitud de las dos varillas, y su proceso de fabricación, sorprende que solo se dé apenas 2 mph de diferencia.

-Smash Factor= Nos habla de cuan eficientemente se traslada la velocidad de la cara del palo a la bola. En este caso, el Smash Factor del viejo Taylormade es de 1,46 mientras el del moderno Titleist es prácticamente perfecto; 1,50.

-Dispersión y  RPM de la bola= En este caso, como consecuencia de que la cabeza del palo es más pequeña en el viejo Taylormade, se produjeron más golpes descentrados que tuvieron como consecuencia unas RPM de la bola más bajas (2.455 para el viejo Taylormade y 2.895 para el moderno Titleist), un vuelo de la bola más bajo y una dispersión mayor. La suma de los dos primeros factores provocó que el ángulo en que la bola aterrizaba fuera menor y compensara, con una mayor rodada, la menor distancia que ese palo conseguía “de pique” (15 metros de “ventaja” para el moderno Titleist).

Lo que se puede extraer de este estudio es que el palo no tiene tanto que ver con las distancias que se obtienen hoy en los campos de golf. De hecho, algunos profesionales que han jugado con palos de “Hickory” se han sorprendido de lo bien que funcionaban cuando los jugaban con las bolas modernas. Efectivamente, y como también comentamos en este blog hace un tiempo, el problema es la bola. Esto tiene su importancia porque algunos periodistas de los EEUU, ante la previsible prohibición del anclaje de los putters largos, están insinuando que el incremento hasta los 460 cc de la cabeza de los drivers también tiene que ver con los problemas actuales de este deporte. No es tanto así en lo referente a la distancia. Sí lo es en cuanto a la precisión, que sería un tema diferente a debatir. Como ejemplo de ello, está el gráfico de las trayectorias de los golpes dados por Andrew Rice en el TrackMan. Evidentemente, una normativa que obligara a reducir el volúmen de la cabeza de los driver llevaría a más calles falladas y a resultados más altos. No obstante, yo soy más partidario de limitar el vuelo de la bola que de limitar el tamaño de los drivers. Decidan ustedes mismos.

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¿La revolución en material de golf?

Hace unos días leía una noticia (en inglés) en la que se informaba de que el fabricante de material Nike había registrado una patente que consistía en la introducción de sensores en la cabeza de los palos de golf. Estos sensores, compuestos por giroscopios y acelerómetros, permitiría al jugador obtener un feed-back instantáneo (más de 100 datos diferentes, algunos tan útiles como el ángulo de ataque y similares) sobre su swing, no solo en el caso de estar realizando un “fitting” sino también mientras se encuentra en el campo de golf.

El razonamiento, que no parece desacertado, es que en el campo de golf el terreno y el juego que desarrollamos es el “natural”, mientras que cuando realizamos un “fitting” estamos condicionados por el lugar donde nos encontramos (normalmente en interiores y sobre moqueta) y por la actividad. De esta manera, se podría ser más preciso sobre las necesidades específicas del jugador y el material elegido sería más adecuado para él.

Aunque es posible que este tipo de innovaciones aún tarden un poco en llegar al mercado y ser efectivas, la realidad es que abren la puerta a multitud de posibilidades. Nike ya ha sacado al mercado unas zapatillas deportivas que permiten calcular la altura a la que un deportista salta, cuanto tiempo se mantiene en el aire, etc. Aquí os dejo un vídeo:

Esto supone que, dentro de poco tiempo, también se podría empezar a introducir pequeñísimos sensores en, entre otros lugares, las bolas de golf para estudiar su rendimiento y ver si benefician al juego del comprador ( a mí me serviría más que me permitiera encontrarlas en los bosques, obstáculos, etc.).

De esta manera, se daría una vuelta de tuerca más a las infinitas posibilidades que nos brinda la tecnología a la hora de conocer y mejorar nuestro juego. Ya hace unos años había visto un putter de entrenamiento que permitía obtener muchos datos, pero las aplicaciones de estos miniaturizados sensores puede suponer un gigantesco salto cualitativo. Aquí os dejo el vídeo de ese “antiguo” putter:

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Seve y su hierro 3

Bueno, ya estoy de vuelta a casa, con la posibilidad de elaborar un poco más los contenidos de las entradas del blog y actualizarlas más a menudo. Empezaremos por esta.

A raíz de la muerte de Ramón Sota, el periodista de la CNN Shane O’Donoghue ha recuperado un vídeo que esta cadena de televisión realizó para el programa  “Living Golf” sobre la infancia de Severiano Ballesteros. En él, aparece su recientemente fallecido tío y también lo hacen otras personas relacionadas con Seve. Uno de ellos es Teodosio Bedia (aunque en el vídeo aparece como Teodoro), que habla sobre como Severiano Ballesteros aprendió a jugar todos los golpes cortos con un hierro 3 que su hermano Manuel le regaló (minuto 3:33)

La cuestión es que, aunque esta habilidad de Severiano Ballesteros puede parecer increíble, es totalmente cierta. He estado indagando y he encontrado este vídeo en el que Seve ejecuta todo tipo de golpes de bunker, chips, pitchs, etc. con un hierro 3.

El razonamiento del gran campeón cántabro en ese vídeo es algo que él mismo llevaba muchos años reclamando; la reducción del número de palos de la bolsa para premiar a los jugadores creativos por encima de los jugadores con potencia. Ya en 2006 el mismo Severiano protestó contra el incremento de longitud del Augusta National en esta entrevista del periódico Marca y mencionó esta opción. También habló de reducir la distancia de la bola (algo de lo que también hablamos en esta entrada del blog hace poco) o diseñar los hoyos de manera que no siempre fueran rectos para obligar a jugar palos más cortos de salida. En cualquier caso, estoy de acuerdo con él. He visto jugar, por ejemplo, a John Daly y, aunque su driver es espectacularmente largo, me ha impresionado mucho más ver su excepcional juego corto. Lo mismo ocurre con jugadores como Phil Mickelson o Luke Donald.

Hay que dar más oportunidades a los jugadores habilidosos que no tienen la distancia como uno de sus fuertes. A principios de año pudimos ver como un buen jugador como Andrew Coltart, ex-componente del equipo europeo de la Ryder Cup, dejaba el golf de competición por esta causa (en inglés), y es una verdadera pena. No todos tienen 14 palos en cada palo de la bolsa como tenía Severiano pero hoy en día parece que todo se reduce a enviar la bola lo más lejos posible. En mi opinión, eso es un error.

Os dejo con un vídeo de los mejores golpes de bunker del PGA Tour. Hay algunos muy meritorios (me gusta especialmente el de Phil Mickelson) aunque les encuentro un gran fallo………..ninguno de ellos es ejecutado con un hierro 3.

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La distancia de las bolas está matando este deporte

Esta es una de las frases que más se está escuchando en los medios de comunicación especializados en golf en los últimos tiempos…..y no sin razón. La última demostración de lo absurdo de no abordar ya la limitación del vuelo de las bolas de golf la estamos teniendo estos días en el WGC Bridgestone Invitational que se está celebrando en el Firestone CC. El hoyo 16, par 5 de 610 metros, fue destrozado ayer por drives de más de 400 metros que dejaron a los jugadores un hierro 6 en las manos para jugar a green de segundo golpe. Alguno, como Bubba Watson, hasta jugó un hierro 8.

Nos quejamos de lo caro que es jugar a golf pero los campos tienen que ser cada vez más largos para asumir los avances tecnológicos, con lo que se incrementa el coste de mantenimiento y, por ende, el precio del green fee. Nos quejamos de lo mucho que se tarda en jugar a golf pero (dejando de lado el ritmo de juego, que es un tema aparte) el incremento de la longitud de los campos también provoca que tardemos más en jugarlo.

Parece que el R&A está haciendo pruebas (en inglés) con una bola que vuela menos….de la misma manera que la USGA también está haciendo pruebas con ellas (en inglés)…..pero parece que la industria del golf, que vende casi todo su material en base al consabido “más distancia que el modelo anterior” tiene demasiado poder.

Espero que algún día en el golf se vuelva a valorar más la habilidad que la potencia. Como acertadamente señala Geoff Shackelford en su blog (en inglés), otros deportes ya tomaron ese camino (la natación con la prohibición de los bañadores sintéticos y el tenis con la limitación de la deformación de las bolas) y su salud sigue siendo excelente. Quizás lo que le falta a los órganos rectores del golf es algo más de valentía.

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