Los 3 grandes caddies (III); Alfred “Rabbit” Dyer

Tras Ernest “Creamy” Carolan y Angelo Argea, nuestro último protagonista en esta serie de artículos sobre los grandes caddies es Alfred “Rabbit” Dyer, el hombre que llevó la bolsa de Gary Player desde 1972 hasta 1990.

Hace un tiempo, hablába en el blog sobre las vidas de dos jugadores afroamericanos como Charlie Owens y Lee Elder. Su biografía, como la de muchos otros de su grupo étnico, nos hablaba de una familia de extracción social muy humilde y de unos inicios en el golf ejerciendo de caddies con el objeto de contribuir de alguna manera a mejorar la economía común. Además, por los tiempos en que les tocó vivir, también se encontraron con innumerables problemas relacionados con la segregación racial existente en los EEUU. El caso de Alfred Dyer no es muy diferente, con la salvedad de que él no intentó nunca dedicarse profesionalmente al golf sino que prefirió dedicar su vida a ayudar a los mejores jugadores.

Continuador de la tradición familiar (su padre también era caddie), Dyer empezó a ejercer esta actividad a los 9 años en el mismo campo que su progenitor, el Metairie Country Club de Nueva Orleans (Louisiana). Mientras compaginaba trabajo y estudios, Dyer fue aprendiendo los entresijos de su empleo hasta que un día le comunicaron que se iba a celebrar un partido de exhibición en Nueva Orleans y que había llegado el momento de acompañar a su primer jugador profesional. La sorpresa fue mayúscula para Dyer cuando vio que dos de los integrantes de la partida eran, nada más y nada menos, que a Sam Snead y Ben Hogan. Su estupefacción fue todavía mayor cuando supo que este último jugador era al que había sido asignado. Casi se podría decir que su bautismo de fuego fue un anticipo de la notoriedad que posteriormente le esperaría en su carrera como caddie.

A finales de la década de los ’50, una vez completados sus estudios en el instituto, Dyer se dedicó de pleno a su profesión. Empezó por trabajar en el “Southern Swing”, un pequeño circuito profesional del sur de los EEUU, y posteriormente dirigió sus pasos hacia el PGA Tour. Acompañó a Tony Lema en su triunfo en el Hesperia Open Invitational de 1961 y, en 1962 tuvo su primer encuentro con Gary Player. El padre de Dyer había acompañado a Player en el New Orleans Open de 1960 pero dos años más tarde fue nuestro protagonista el que llevó la bolsa del gran jugador sudafricano. Tras finalizar en quinto lugar, sus caminos se separaron y Dyer continuó su carrera como caddie en el circuito norteamericano llevando la bolsa de jugadores tan importantes como Arnold Palmer, Lee Treviño, Dave Stockton u Homero Blancas.

La vida del caddie, y más cuando este era de raza negra, no era nada fácil en aquellos tiempos. Nuestro protagonista se veía obligado a viajar por todo el país en los famosos autobuses “Greyhound”, ocupando los asientos segregados para los afroamericanos. Como tampoco podía acceder a los vestuarios por el color de su piel, tenía que cambiarse de ropa en el bosque o en los parkings de los clubs de golf. Dyer incluso recuerda al jugador profesional Charlie Sifford (http://www.cronicagolf.com/bill-spiller-y-charlie-sifford-rebeldes-con-causa/) cambiándose junto él en el parking del Colonial C. C. y maldiciendo la política racial del PGA Tour.
En el plano económico, los ingresos tampoco eran regulares. A comienzos de la década de los años ’60, todavía no se había implantado el actual sistema de caddies fijos, algo que no sucedería hasta que Angelo Argea empezara a trabajar para Jack Nicklaus. El sistema que usualmente se utilizaba para asignar los caddies a los jugadores era el “grab bag”, una especie de lotería que determinaba los emparejamientos. Por ello, era la suerte la que muchas veces decidía si el caddie iba a obtener un salario decente aquella semana o no.

En 1972 se produjo el reencuentro entre Alfred Dyer y Gary Player. Mientras nuestro protagonista se encontraba trabajando en el PGA Championship de ese año en Oakland Hills, coincidió con Player y acordaron que, si el jugador sudafricano ganaba el torneo, Dyer le acompañaría en el World Series of Golf que se iba a disputar la semana siguiente. Tras conseguir Player su sexto “major”, tal y como habían pactado, Dyer acompañó al “caballero negro” a su próximo campeonato donde lograron también la victoria. Desde ese día, sus caminos no se volvieron a separar hasta 18 años después, consiguiendo decenas de victorias alrededor del mundo.

Más allá de lo estrictamente deportivo, hubo dos incidentes que marcaron a Dyer en lo personal. En primer lugar, el viaje que realizó a Sudáfrica ese mismo año 1972 junto a Player para ser el primer caddie negro norteamericano en trabajar en ese país. Recuerda Dyer que, mientras conducía por la autopista, varios coches intentaron sacarlo de la carretera mientras le recordaban su condición de afroamericano. Durante el pro-am del torneo, un jugador local de físico imponente llamado Ben Baker se dirigió a él, le agarró y empezó a insultarle ante todos los presentes pensando que el caddie se acobardaría. Dyer, que medía 1’98 y había sido un destacado jugador de baloncesto de su instituto (su apodo, Rabbit, que significa “conejo”, se lo ganó por la altura de sus saltos), le noqueó de un puñetazo, dejándolo tendido en la hierba. Player y el resto de jugadores del torneo apoyaron a Dyer, lo que permitió a este finalizar su trabajo sin más contratiempos.

La pareja, en pleno “trabajo”

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El segundo incidente tiene que ver con el “polémico” triunfo de Gary Player en el Open Championship de 1974. En la última jornada, Player se encontraba en el hoyo 15 cuando un hook envió su bola al rough de la izquierda. Justo en el límite de los cinco minutos reglamentarios para encontrar la bola, Dyer la localizó entre la hierba alta, dando lugar a la leyenda de que el caddie la había dejado allí disimuladamente para evitar una penalización que hubiera hecho peligrar la victoria. Dejando de lado que Gary Player disponía en ese momento de una ventaja de varios golpes sobre el segundo clasificado y que hubiera ganado igual aunque le hubieran penalizado, la realidad es que el bulo pudo perfectamente haber sido originado por los caddies británicos del Open. Poca gente sabe que, en la semana previa al torneo, Dyer fue increpado por varios de ellos mientras realizaba la inspección del campo, haciendo referencia a su raza y conminándole a volver a su país. Uno de ellos, incluso golpeó al caddie en la espalda con un palo de golf solo para encontrar el mismo destino que Ben Baker en Sudáfrica; el KO. Desde ese día, muchos le cambiaron el apodo y empezaron a llamarle Alfred “Sugar Ray Rabbit” Dyer en honor al laureado boxeador estadounidense Sugar Ray Robinson.

Esta es la historia de Alfred “Rabbit” Dyer, uno de los tres grandes caddies. Como hemos podido comprobar, su éxito no dependió de la casualidad sino que se fraguó superando innumerables obstáculos. Las estadísticas suele difuminar este tipo de detalles pero, en mi opinión, la biografía de un deportista también es importante a la hora de valorar su grandeza. No hay duda de que los triunfos deportivos son un elemento indispensable a la hora de establecerla pero el tesón a la hora de superar todas las dificultades que nuestro protagonista se encontró en su camino también es digno de elogio. En este sentido, por mi parte, no existe mejor homenaje que sacarlas a la luz en este artículo.

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Los tres grandes….caddies (II); Angelo Argea

En el último artículo del blog hablaba de Ernest “Creamy” Carolan, precursor de los modernos “strokesavers” o libros de distancias y el mejor caddie que tuvo nunca Arnold Palmer. Nuestro siguiente protagonista es Angelo Argea, el caddie que acompañó a Jack Nicklaus en la inmensa mayoría de sus triunfos.

A. G. Argeropoulos nació en Grecia el 7 de noviembre de 1929, antes de que su familia emigrara a los EEUU. Radicado en Las Vegas (Nevada), se cambió sus nombres griegos por Angelo Argea para facilitar la pronunciación en su país de acogida. Aunque oficialmente era taxista, se tiene constancia de que entre sus “trabajos” estaba incluido el de apostador profesional en la “ciudad del pecado” y que el resto eran bastante esporádicos. No en vano, cuando Nicklaus hablaba de los anteriores empleos de su caddie, comentaba en tono jocoso que “básicamente, había estado jubilado desde los 21 años”.

En 1963, uno de los propietarios del Dessert Inn de Las Vegas, probablemente Wilburg Clark (fundador del hotel y también promotor en 1953 del Tournament of Champions que actualmente se celebra en Kapalua Plantation), invitó a Argea a hacerle de caddie en el pro-am del Palm Springs Classic que se iba a celebrar en El Dorado Country Club. Tras el evento, el club pidió que todos los caddies que habían participado en el pro-am también lo hicieran en el torneo oficial ya que no había suficientes para cubrir las demandas de los jugadores del PGA Tour. A Argea no le apetecía demasiado “trabajar” un día más, por lo que se apuntó como posible caddie de Jack Nicklaus, del que había oído que no iba a concurrir por una lesión en la cadera. Finalmente, Nicklaus acabó por encontrarse mejor de sus problemas físicos e hizo acto de presencia en el torneo. Tras las correspondientes cuatro jornadas con Argea a la bolsa, Nicklaus ganó el torneo.

Jack Nicklaus era tremendamente supersticioso. Si el día que desayunaba tortilla hacía 66 golpes, desayunaba tortilla el resto del torneo. La victoria con Argea como caddie en su primer campeonato juntos debió gustar al jugador porque, cuando tuvo que disputar al poco tiempo en Las Vegas el “Tournament of Champions”, le volvió a llamar. Tras ganar los 13.000 dólares en monedas de plata de ese evento, el “oso dorado” se llevó a Argea en su gira por la costa oeste, consiguiendo varias victorias más. Aunque no le contrató como caddie titular hasta 1968, este fue el principio de una relación profesional que duraría casi veinte años y que estaría plagada de momentos estelares. Para valorar la importancia que Nicklaus le daba a la compañía de Argea hay que señalar que, en una época en que nadie disfrutaba de esas condiciones de trabajo, se convirtió en el primer caddie que cobraba un sueldo fijo y también percibía un extra cuando su jugador ganaba un torneo.

Decididamente, Angelo Argea era un tipo peculiar. Como contraposición a Nicklaus, era una persona muy sociable y habladora. Su inconfundible estampa, con su canoso pelo “a lo afro”, llegó a ser un auténtico imán para periodistas, jugadores, caddies, aficionados y cualquiera que quisiera pasar un rato de agradable charla. Había días en que Argea firmaba casi tantos autógrafos como su jefe. Incluso llegó a aparecer en el famoso programa matutino “good morning america” y hasta escribió un libro que tenía el descriptivo título de “el oso y yo; la historia del caddie más famoso del mundo”.

Nicklaus y su caddie

Dicho esto, parecería que Argea era algo parecido al mejor de los caddies en el aspecto técnico pero la realidad es que existen dudas sobre de ello. No se puede decir que Argea fuera nunca un portento calculando distancias o leyendo la caída de los “greens”, ni tampoco que haya proporcionado ningún avance significativo al mundo del golf como hizo Ernest Carolan. De hecho, la figura de Argea como caddie es algo contradictoria porque su trabajo a cargo de la bolsa del “oso dorado” consistía en hacer………prácticamente nada. Probablemente, el caddie realizaba parte del trabajo habitual de una “bag rat”, como ellos mismos se autodenominan. No obstante, las declaraciones de Argea, seguramente con un punto de ironía, no solían ir en ese sentido. Es muy célebre la respuesta que dio cuando le preguntaron cual era exactamente su cometido cuando acompañaba al “oso dorado” por el campo; “Él me ha pedido que haga dos cosas. La primera, que cuando no esté jugando bien le recuerde que es el mejor golfista del mundo. La segunda, que además le recuerde que quedan muchos hoyos por jugar”.

Con total seguridad se puede afirmar que el éxito de este curioso binomio tuvo mucho más que ver con su compatibilidad de caracteres (algo que no siempre se valora en su debida importancia) que con las habilidades para su trabajo del caddie de origen griego; entre ellos existía una relación personal especial, que permitía a Nicklaus relajarse en el campo y dar lo mejor de sí. Prueba de que esa relación traspasaba lo puramente profesional es que, cuando llegó el día de la retirada de su caddie, Nicklaus no dejó a Argea abandonado sino que se preocupó de él hasta el fin de sus días. En un gesto que honra al “oso dorado”, y que también repetiría con su caddie británico Jimmy Dickinson (le dio trabajo como caddie-master en Muirfield Village cuando acabó su carrera), Nicklaus empezó a pagar a Argea una pensión de su propio bolsillo y le regaló un restaurante en un centro comercial de North Palm Beach para que pudiera dar rienda suelta a su incontenible verbo con las clientas del lugar. En octubre de 2005, a causa de un cáncer de hígado, la icónica figura de Ángelo Argea dejó de pertenecer a este mundo. En su funeral, Jack Nicklaus declaró que se sentía como si hubiera perdido a alguien de su familia y rememoró lo bien que se lo pasaba con Argea a su lado. La realidad es que, si recapitulamos desde el principio del artículo, quizás nos daremos cuenta de que esta no es la típica historia de un jugador de golf y un caddie sino que es la historia de una profunda amistad que dio como resultado la victoria en más de cuarenta torneos del PGA Tour. Una amistad que, como tantas otras cosas, pertenece a una época que ya nunca volverá.

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Los 3 grandes…caddies (I); Ernest Carolan

A principios de la década de los años 60, un joven abogado llamado Mark McCormack fundó la que posteriormente se convertiría en la agencia de representación de deportistas más importante del mundo; IMG. Tres de sus primeros clientes fueron, nada más y nada menos, Arnold Palmer, Jack Nicklaus y Gary Player. Aprovechando su rivalidad deportiva, la estrategia de marketing puesta en marcha por IMG consiguió popularizar el golf como nunca antes se había hecho. Por ello, más allá de sus “alias” individuales (el rey, el oso dorado y el caballero negro), a este trío de jugadores se les acabó llamando “The big three” (los tres grandes).

Pero el mundo del golf no tiene solo una cara sino que en él se pueden encontrar diversas dimensiones. Una de ellas es la perteneciente a los caddies y, en ese lugar, el apelativo “The big three” se aplica también a aquellos que llevaron la bolsa de estos tres grandes jugadores durante su época dorada. Así, cuando uno menciona los nombres de Ernest “Creamy” Carolan, Angelo Argea y Alfred “Rabbit” Dyer, lo que está haciendo es mentar a tres de las grandes leyendas de este deporte para los sufridos porteadores de bolsas de golf. Evidentemente, para el resto de los aficionados, léase los que no somos duchos en todas las magnitudes del poliédrico mundo del golf, estos nombres no tendrán un significado claro hasta que hayamos acabado de leer los tres artículos dedicados a ellos.

Por orden de lista, empezaremos hablando de Ernest “Creamy” Carolan, quizás el más desconocido de ellos. Presumiblemente nacido el 23 de abril de 1915 en Mamaroneck (Westchester, NY), no se tienen muchos datos sobre sus inicios en el golf. Sí se tienen referencias sobre los grandes jugadores a los que ayudó con su bolsa durante los 50 años que estuvo trabajando en el PGA Tour, nombres que incluyen, entre otros, a Ben Hogan, Sam Snead o Raymond Floyd. También se sabe que tenía la poco sana costumbre de atrapar en el aire con un guante de béisbol las bolas de golf que su jugador golpeaba en el campo de prácticas (recordemos que en esa época no existían los coches recogebolas ni las bolas de prácticas, por lo que las bolas de entrenamiento debían ser recuperadas a mano). Y digo poco sana porque quizás le hubiera convenido más agacharse a recogerlas del suelo que haberse quedado, como fue el caso, con el dedo índice de la mano derecha paralizado por los repetidos impactos de las bolas de golf en él.

En su larga carrera, Arnold Palmer tuvo muchos caddies. Algunos de ellos estuvieron siempre presentes en los triunfos más mediáticos del jugador (conocido es su vínculo “solo-para-el-Open” con James “Tip” Anderson o su probada fidelidad a “Ironman” Avery en el Masters de Augusta) pero su relación con Carolan fue la que proporcionó a “The King” los resultados más fructíferos a lo largo del tiempo. Además de las numerosas victorias que compartieron, su asociación dejó para la historia un hito que todavía hoy perdura, como es su decisiva participación en la invención de una de las herramientas más usadas por cualquier jugador profesional que se precie; el “strokesaver” moderno o libro de distancias.

A comienzos de los años 60 empezaron a circular en algunos torneos del circuito americano un tipo de “strokesavers” bastante rudimentarios. A Arnold Palmer, que se encontraba en uno de los mejores momentos de su carrera, no le sentó demasiado bien que los jugadores pudieran acceder a la información facilitada en aquellos libros de distancias durante los torneos porque le parecía que el golf no se debía jugar así. Palmer era de la opinión que el juego se debía conducir de la misma manera que lo habían hecho los pastores escoceses que lo inventaron. Una de sus frases favoritas recordaba que Walter Hagen o Bobby Jones nunca habían utilizado este tipo de ayudas y habían sido grandiosos jugadores.

Viendo que su deseo de que el R&A y la USGA prohibieran los “strokesavers” no se tornó en realidad, Palmer tuvo que adaptarse y empezar a utilizarlos para no quedarse atrás con respecto a sus competidores. De todas maneras, el uso que de ellos hacía “The King” tampoco era el más aconsejable pues acostumbraba a aprovechar superficialmente las pocas anotaciones que contenían y procedía a tirarlos nada más acabar su ronda. En cambio, su caddie, Ernest Carolan, viendo lo poco elaborados que eran los primigenios libros de distancias, empezó a confeccionar los suyos propios. Dibujando a mano alzada y en color el perfil de cada uno de los hoyos del recorrido, Carolan incluía en sus bocetos un completo y detallado estudio de cada hoyo, con expresión de las diferentes medidas que le podían ayudar en su trabajo. Viendo la extrema calidad de los “strokesavers” confeccionados por Ernest “Creamy” Carolan, Palmer cambió sus costumbres y empezó a aprovechar los datos que estos libros le proporcionaban. Además, dejó de tirarlos tras su uso y estuvo de acuerdo con su caddie en que los guardara para poder usar las anotaciones realizadas cuando volvieran a jugar ese mismo campo. Sin pretenderlo, Carolan se había convertido en el precursor de los libros de distancias modernos, creando el modelo bajo el que posteriormente se confeccionarían todos ellos.

El museo de la USGA guarda celosamente uno de esos “strokesavers”, concretamente el referente al Congressional Country Club y del que seguidamente mostramos una foto. En primera instancia, en él se puede observar, en la parte superior derecha, la “firma” del caddie (The Cream). Si nos fijamos en su contenido podremos comprobar como Carolan anotaba gran cantidad de datos incluyendo las distancias hasta los diversos obstáculos, la distancia para sobrevolarlos, sus dimensiones, la anchura de los greens en sus diversas partes, la distancia hasta la entrada de green desde el lugar de salida de los pares 3 o desde la calle del hoyo, etc.

Sin atribuirse en ningún momento el lugar en la historia que le correspondía, y tan sigilosamente como llegó, Ernest “Creamy” Carolan se fue de este mundo ya hace más de una década. Ni siquiera con las potentes herramientas informáticas de hoy en día se puede averiguar mucho más de él; era un hombre discreto. De su relación con el golf solo ha quedado una frase suya para la posteridad, que citó en 1981 en el Riviera Country Club de Los Ángeles. Mientras miraba hacia las hectáreas de hierba y eucaliptos que se divisaban desde las alturas de la casa-club, musitó “Una vez que empiezas con este trabajo es difícil dejarlo. Mira allí abajo. Es precioso. Hay algo sobrecogedor en levantarse al alba y caminar por el campo, comprobando la posición de las banderas. Es fácil perder la noción de la realidad”. Una sensación que creo que muchos de los que practicamos este deporte compartimos con él.

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Abe Mitchell

Hoy “toca” recuperar la figura de Abe Mitchell, sobre el que escribí hace unos años con motivo de la Ryder Cup. Esta es su interesante historia 🙂

Empieza una nueva edición de la Ryder Cup y, en los próximos días, veremos en todos los medios de comunicación infinidad de imágenes de la dorada copa que da nombre a la competición. No en vano, este torneo es el tercer evento deportivo de mayor audiencia televisiva tras los Juegos Olímpicos y los mundiales de fútbol. A pesar de ello, solo los más observadores se darán cuenta de la existencia de la pequeña figura en forma de golfista que corona el trofeo. Y, entre los más observadores, solo unos pocos sabrán que ese jugador tenía nombre y apellidos; Abe Mitchell.

Henry Abraham Mitchell nació el 18 de enero de 1887 en Forest Row (Sussex, Inglaterra). Su madre, Mary, lo era en condición de soltera, algo no muy bien visto por la puritana sociedad de la época. Por ello, hicieron pasar a Mitchell por su hermano pequeño y fue criado por los abuelos del niño, George y Sophia.
Afortunadamente para el futuro de nuestro protagonista, en 1893 se estableció en los lindes de la propiedad familiar el Tunbridge Wells & Ashdown Forest Golf Club. Abe Mitchell empezó desde muy pequeño a ejercer de caddie en el lugar, lo que también le permitió recibir clases sobre el mantenimiento del campo y empezar a jugar a golf.

Cuando Mitchell descubrió la mentira sobre su verdadera madre, que se había casado y vivía a escasos metros de la vivienda familiar, el golf se constituyó en su refugio personal. Aunque no era muy alto, el trabajo en el bosque y la casi obsesiva práctica hicieron de él uno de los jugadores más “largos” y rectos de la época. Por ello, ya desde muy joven, empezó a clasificarse en los puestos cabeceros de las competiciones “Open” que se organizaban en su club.

La carrera como amateur de Abe Mitchell fue fructífera. Con 16 años ya se enfrentó a un gran golfista de la época como Horatio Gordon Hutchinson, doble campeón del Amateur Championship en 1886 y 1887, para perder por un solo hoyo. En 1910, tras otra dura contienda ante el mismo rival, que acabó con idéntico resultado, fue el propio Hutchinson el que recomendó a Mitchell como integrante del equipo inglés en su tradicional “match” contra Escocia; la destacada actuación de nuestro protagonista, venciendo por 7&5 a Guy Campbell, ayudó a los ingleses a conseguir su primera victoria de los últimos seis años. Una semana después, Mitchell perdió por 5&4 en Hoylake la semifinal del Amateur Championship ante el mejor jugador del momento y posterior campeón, John Ball. A pesar de la derrota, ese mismo año ganó el famoso Golf Illustrated Gold Vase Stroke Play en Sunningdale, con cinco golpes de ventaja sobre Angus Hambro.

Abe Mitchell (centro, en la fila trasera), con el equipo de Inglaterra en 1910

Su primera incursión en el Open Championship tuvo lugar en la edición de 1911, celebrada en el Royal St George’s. Como le ocurrió durante toda su carrera, cuanto más importante era el torneo y el público que le acompañaba, peor era su rendimiento en el campo de golf. Con dos tarjetas de 80 y 86 golpes, Mitchell ni tan siquiera consiguió pasar la previa de un campeonato que registró una participación récord de 226 jugadores. Al año siguiente, Mitchell volvió a caer ante John Ball, esta vez en la final del Amateur Championship celebrado en el campo más antiguo de Inglaterra; el Royal North Devon Golf Club (popularmente conocido por el topónimo del lugar en el que se encuentra; Westward Ho!) Fiel a su estilo, nuestro protagonista desperdició varias ventajas para conseguir un título que se le escapó en el segundo hoyo del desempate. En 1913, tras ganar por segunda vez el Golf Illustrated Gold Vase stroke play, se pasó al profesionalismo para ver como la 1ª Guerra Mundial interrumpía su progresión como jugador.

Tras volver de la guerra, Abe Mitchell irrumpió en el profesionalismo con fuerza. Tras vencer en el British PGA Match Play Championship de 1919, segundo torneo en prestigio de la época, triunfó en lo que iba a ser lo más parecido a un Open Championship en toda su carrera. A causa de la 1ª Guerra Mundial, el decano de los “majors” no se había celebrado, por lo que se organizó un torneo de similares características en St Andrews al que se llamó el “Victory Open”. Tras acabar empatados en el primer puesto con 312 golpes, Abe Mitchell y George Ducan decidieron desempatar por el título al día siguiente, mientras disputaban una partida de exhibición junto a Harry Vardon y James Braid. Mitchell fue el que firmó la mejor tarjeta del día y, por tanto, el que acabó incluyéndolo en su palmarés.

En 1920, Mitchell repitió triunfo en el British PGA Match Play Championship y llegó al Open que se iba a celebrar en el Royal Cinque Ports en plenitud de facultades. Tras la disputa de las dos primeras rondas, nuestro protagonista lideraba el torneo con suficiencia por seis golpes al haber entregado dos tarjetas de 73 y 74 impactos…….para ver como una horrible tercera vuelta de 84 golpes acababa con sus opciones al triunfo final. Aunque Mitchell se las arregló para firmar un buen 76 en la última ronda, solo pudo ser 4º. Abe Mitchell siguió ganando torneos en Gran Bretaña y también probó suerte en los EEUU, donde cosechó algunas victorias de prestigio como las obtenidas en el Southern Open de 1922 (derrotando a Leo Diegel en el playoff) o en el Miami Open de 1924.

No obstante, el año que marcó el futuro de Mitchell fue 1925. Aunque había conocido a Samuel Ryder dos años antes, cuando nuestro protagonista acudió a un torneo organizado por el famoso comerciante de simientes en el campo de Verulam Golf Club, su amistad cristalizó cuando Ryder contrató como profesor a Mitchell para mejorar su juego.
Las semillas de la Ryder Cup se plantaron por primera vez en 1913, en Versalles. Allí, el equipo galo capitaneado por el ex-campeón del Open Championship Arnaud Massy, derrotó contundentemente al equipo estadounidense en un formato estipulado de partidos fourballs e individuales. En 1921, tras el famoso torneo de las 1.000 guineas celebrado en Gleneagles, se produjo un segundo enfrentamiento por equipos, esta vez entre Gran Bretaña&Irlanda y los EEUU. Con la ayuda de Abe Mitchell, los jugadores británicos vencieron por 9-3 al equipo capitaneado por Walter Hagen, abonando el terreno para el ensayo general que tendría lugar en 1926. En ese año, ya con Abe Mitchell y Samuel Ryder unidos en el propósito de crear la Ryder Cup, se acordó con Hagen que ambos equipos se volvieran a enfrentar. Lastimosamente, una huelga general paralizó el país y algunos de los jugadores estadounidenses no pudieron llegar a tiempo para participar en el envite. Con la ayuda de jugadores escoceses, se recompuso en lo posible el equipo norteamericano, que cayó derrotado inapelablemente por 13 ½ a 1 ½ en el campo de Wentworth.

Walter Hagen, Gene Sarazen, Abe Mitchell y George Duncan

Ante las quejas del bando estadounidense por la baja de varios de sus componentes, se decidió organizar un match a 72 hoyos (36 cada día) entre los dos mejores jugadores de ambos equipos; Abe Mitchell y Walter Hagen. Tras la primera jornada, Mitchell lideraba por cuatro arriba. Conocedor de los problemas de concentración de Mitchell por haber estado presente en la celebración del Open Championship de 1920 que el inglés perdió inexplicablemente, Hagen puso en marcha una de sus marrulleras tácticas. A la mañana siguiente, el jugador estadounidense hizo acto de presencia en el tee de salida 30 minutos más tarde de la hora estipulada con la intención de desestabilizar a Mitchell. Este, fuera de sí, acabó perdiendo estrepitosamente el match ante la mirada de Samuel Ryder, que encargó que se pusiera la conocida figura de su amigo y profesor en la parte superior del trofeo de la Ryder Cup para simbolizar el espíritu de deportividad que debería presidir esta competición.

Como de todos es sabido, 1927 significó la primera edición oficial de la Ryder Cup. La sede elegida para su disputa fue el Worcester Country Club (Massachusetts, EEUU) y el jugador designado para capitaner al primer equipo de Gran Bretaña e Irlanda fue Abe Mitchell. Desafortunadamente para él, una inoportuna apendicitis le impidió viajar en el SS Aquitania rumbo a los Estados Unidos. Sin su presencia ni la del joven Henry Cotton, el equipo británico sucumbió por un claro 9½ a 2½. En 1929, ya con ambos jugadores en el equipo, Gran Bretaña e Irlanda vencieron por 7 a 5 a los estadounidenses ante la atenta mirada de Samuel Ryder. El campo de Moortown (Leeds, Inglaterra) fue testigo del hecho. Mitchell participó también en la edición de la Ryder Cup de 1931 en el Scioto Country Club (Ohio, EEUU) que concluyó con un marcador de 9 a 3 para los norteamericanos.

1933 fue un año de la despedidas para Abe Mitchell. Despedida brillante del equipo de la Ryder Cup con el triunfo de Gran Bretaña e Irlanda por 6½ a 5½ y una actuación estelar de nuestro protagonista (victoria en foursomes por 4&3, y en individuales por 9&8 ante Olin Dutra)……..y despedida amarga de su sueño de conseguir el Open Championship. Empatado en el liderato tras 54 hoyos con Henry Cotton, Syd Easterbrook y Leo Diegel, una última ronda de 79 golpes le apartó definitivamente de la gloria. Nunca más tuvo la oportunidad de conseguir la deseada jarra de clarete. Como triste consuelo, Mitchell ganó la Copa Tooting Bec a la ronda más baja de esa edición por su 68 de la segunda jornada.

Para la inmensa mayoría de nosotros, Abe Mitchell sería actualmente un perfecto desconocido si no fuera por la pequeña figura que corona la dorada copa que con tanto esmero fabricaron los joyeros Mappin&Webb. El homenaje que su amigo y alumno Samuel Ryder le dedicó ha conseguido su propósito; que nadie olvide el importante papel que Abe Mitchell tuvo como uno de los mejores jugadores de su momento y como pionero de la Ryder Cup. Por ello, el epitafio que algún periodista dedicó a Mitchell como “el mejor jugador sin un Open” no debería devaluar la importancia que para el golf tuvo su figura. De hecho, no son muchos los que tiene el honor de haber presidido a lo largo de la historia el trofeo que se entrega al ganador de la competición por equipos más importante del mundo.

El swing de Abe Mitchell

Nota: Este texto ha bebido de las fuentes del excelente artículo de Roger Porter “Abe Mitchel, the man on the Ryder Cup -on the life and career of the great Cantelupe artisan-” Through the green, septiembre de 2008

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Eisenhower y el golf

Cuando uno habla de Dwight D. Eisenhower lo habitual es recordar los numerosos cargos que ostentó durante su vida, como Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas durante la II Guerra Mundial, Presidente de la Universidad de Columbia, 1er Comandante de la OTAN o Presidente de los EEUU. De lo que no se habla tanto es de la especial relación que tuvo con el golf, deporte que empezó a practicar cuando ya tenía cerca de los 40 años.

La realidad es que al amigo “Ike” le “picó el bicho” y le inoculó una dosis brutal del virus del golf. Desde el primero momento, Eisenhower se enamoró de nuestro deporte, con el que no perdió la relación ni siquiera en la etapa final de su vida, en la que sufrió graves problemas de salud. Como muestra, la gran cantidad de veces que visitaba este tipo de instalaciones, incluso durante su mandato de ocho años al frente de la Casa Blanca (1953-1961). En dicho periodo, se estima que el entonces presidente jugó aproximadamente 1000 rondas durante este periodo de tiempo, llegando incluso a instalar un “putting green” en el jardín del palacio presidencial para practicar cuando tuviera un momento de asueto.

Eisenhower, golpeando bolas hacia el putting green

Tan poco exigente él, tenía como campo favorito al Augusta National. No es que no visitara otros recorridos, pero siempre que podía se pasaba por Georgia a jugar unos hoyos con su amigo y co-fundador del campo Bobby Jones. A esa afición por el golf se le unió el amor por la pintura que Winston Churchill le inculcó durante la II Guerra Mundial. Aunando ambas aficiones, el ex-presidente de los EEUU pintó a varios jugadores de fama mundial. Arnold Palmer fue uno de ellos, retrato que “The King” tenía colgado en su despacho como una de sus posesiones más preciadas.

Su relación era muy estrecha

Otro de los que acabaron plasmados en un óleo fue el anteriormente mencionado Jones, del que “Ike” pintó un retrato que le regaló en 1953. En esta imagen recopilada por la cuenta de Twitter @pgahistorybug se puede contemplar el momento. Por supuesto, Eisenhower lleva puesta la chaqueta verde de socio.

Para los más curiosos, decir que su handicap no fue excesivamente bajo (osciló entre el 14-18) por culpa de una lesión de rodilla jugando al fútbol americano en su juventud que lastró su progreso. Nunca se supo a ciencia cierta su nivel de juego ya que tenía prohibido que se hablara de cuantos golpes había hecho en cada ronda, aunque bien visto, casi que da igual si puedes visitar los mejores campos de los EEUU gratis 🙂

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The Concession

Antes de que se apaguen los ecos del Royal Birkdale, quiero recuperar un artículo que escribí hace años para una extinta web de golf sobre uno de los momentos más gloriosos de la historia del golf. Efectivamente, durante la Ryder Cup celebrada en 1969 en ese campo, Jack Nicklaus y Tony Jacklin protagonizaron un momento inolvidable que quedó grabado en la memoria colectiva para siempre. Veamos qué sucedió:

“2012 es año de Ryder Cup y, aunque todavía quedan algunos meses para que se inicie esta apasionante competición, nunca está de más recordar algunos de los momentos que han hecho de este torneo uno de los tres eventos con más telespectadores del mundo.

El golf es visto mayoritariamente como uno de los deportes donde la caballerosidad todavía es un valor imperante. A pesar de que en términos generales es así, eso no significa que en determinados momentos no se produzcan situaciones que parecen incompatibles con la cortesía que emana de este deporte. No estamos hablando de que los greens estén más o menos rápidos, o el rough más o menos alto para perjudicar el juego del contrario, sino de comportamientos bastante más recriminables que las tretas a que da lugar la preparación de un campo de golf.

Todos recordamos las vergonzantes escenas que algunos jugadores y aficionados norteamericanos protagonizaron en la Ryder Cup de 2008 en Valhalla, sin que el capitán del equipo organizador, Paul Azinger, hiciera nada para evitarlo. Tampoco es algo que nos debiera sorprender ya que este mismo personaje, Azinger, tuvo un duro intercambio verbal con Severiano Ballesteros en las Ryder Cup de 1989 y 1991, durante las que se acusaron mutuamente de hacer trampas en el juego. Más atrás en el tiempo, también es conocida la orden que el capitán británico en la Ryder Cup de 1969, Eric Brown, dio a sus jugadores en el sentido de no ayudar a los norteamericanos a buscar su bola cuando esta cayera en el espeso rough.

Fue precisamente en la edición de 1969, celebrada en el famoso recorrido inglés del Royal Birkdale, donde se produjo una de esas situaciones que, al contrario de las que acabamos de enumerar, engrandecen el golf y el deporte en general. Los partidos estaban siendo muy igualados y, al final de la segunda jornada, el marcador reflejaba un empate a ocho puntos entre ambos equipos. A falta de las dos sesiones de ocho partidos individuales, las espadas estaban en todo lo alto y, aunque el equipo norteamericano era el vigente campeón y le bastaba un empate para mantener la copa, los británicos habían demostrado que eran capaces de hacerse con la victoria.

Sam Snead, el capitán estadounidense

El sábado por la mañana, los jugadores locales batieron en los individuales a los estadounidenses por un claro 5 a 3 y dejaron el marcador global en 13 a 11. Por la tarde, la reacción del equipo de las barras y las estrellas no se hizo esperar e igualaron a 15 puntos a falta del último partido. Éste, protagonizado por Jack Nicklaus y el reciente vencedor del Open Championship, Tony Jacklin, discurría por el hoyo 15 con un “all square” como resultado provisional. Muchos de los espectadores pensaban que la ventaja estaba del lado del inglés ya que esa misma mañana había vencido al norteamericano por un contundente 4&3.

Inesperadamente, en el hoyo 16, Jacklin firmó un bogey que entreabrió la puerta del triunfo a Nicklaus. Con solo dos hoyos más por jugar, parecía que la Ryder Cup estaba casi decidida. En el hoyo 17, un par 5, ambos jugadores estaban en green de dos golpes, aunque con el jugador inglés considerablemente más alejado del agujero que el norteamericano. Decidido a luchar hasta el final, Tony Jacklin embocó un monstruoso putt para eagle de algo más de 15 metros mientras Jack Nicklaus no convirtió su oportunidad de empatar al inglés desde 5 metros. El partido volvía a empezar de cero e iba a ser el hoyo 18 el que decidiera el equipo vencedor.

Habiendo conseguido ambos jugadores green en regulación en ese hoyo, el putt para birdie de Jacklin se detuvo a escasos 60 centímetros del agujero mientras que el de Nicklaus se pasaba del mismo más de un metro. Tras templar sus nervios, el jugador norteamericano embocó su putt para par, asegurándose el empate y, por tanto, la consecución de la Ryder Cup para los EEUU. Solo quedaba por saber el resultado final de la contienda ya que el putt para par de Jacklin, aunque era corto, no estaba exento de dificultades. Para sorpresa de los presentes, antes de que el jugador inglés pudiera golpear su bola, Nicklaus le concedió el golpe. De esta manera, en uno de los mayores alardes de deportividad que se conocen, el “oso dorado” provocó el primer empate en la historia de la Ryder Cup y evitó la posibilidad de que el equipo contrario acabara derrotado en el marcador. Desde ese momento, al gesto de Jack Nicklaus se le llamó “The Concession” (la concesión).

No todo fueron alabanzas hacia el gesto de Nicklaus. Su propio capitán, Sam Snead, nunca perdonó al jugador por su deferencia con los contrarios. Algunos compañeros, como Lee Treviño, y también algunos medios de comunicación estadounidenses, criticaron abiertamente la concesión de ese último golpe. De lo que no cabe duda es que para Tony Jacklin fue un gesto digno de admiración porque aquella Ryder Cup supuso el inicio de una bonita amistad entre el jugador inglés y el “oso dorado” que dura ya más de 40 años. Para poner de relieve lo importante que es para ellos el espíritu de deportividad, ambos jugadores decidieron co-diseñar un club de golf en Sarasota (Florida) que vio la luz en el año 2006. ¿Su nombre? Como no podía ser de otra manera, el campo se llama “The Concession”. Se trata de un recorrido espectacular, que ha escalado rápidamente posiciones hasta situarse como uno de los mejores campos de los EEUU.

Más allá de las estadísticas que acaban constando en las bases de datos, son muy pocas las ocasiones en que la personalidad de un jugador es capaz de marcar hitos que perdurará en la historia del deporte. Es el caso de Jack Nicklaus. Es difícil, pero no imposible, que en el futuro algún jugador rompa sus récords. A pesar de ello, muchas personas seguirán recordando el elegante gesto que el “oso dorado” tuvo con su contrario en aquel lejano día de 1969 y todavía le considerarán como el más grande caballero de la historia del golf. Y eso es algo que dificilmente nadie más podrá superar, por mucho que en su vitrina tenga más de 18 trofeos de “Majors”.”

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Los años mozos de los pros (XXII)

Tras una semana algo complicada en términos de cansancio físico, retomo las entradas del blog recuperando la temática sobre las fotos de la niñez y juventud de los mejores pros. Los primeros protagonistas son una familia donde no me tienen mucho aprecio por decir en el blog que el hermano más exitoso, Rafael Cabrera-Bello, establece casualmente su residencia en conocidos paraísos fiscales (Suiza, Dubai) para evitar pagar impuestos en la tierra que le vio nacer y por la que hipócritamente luce “orgulloso” sus colores. No es cuestión de ser rencoroso, por lo que publicaré esta foto en la que se puede ver a los tres hermanos (Rafael, Emma y Miguel) al lado del ex-capitán de la Ryder Cup Sam Torrance. Como pasan los años 😉

cabrera-bello

La segunda imagen curiosa del día no llega de la ex-nº 1 del mundo Lydia Ko. La neozelandesa de origen surcoreano publicó en su cuenta de Twitter a principios de año una foto en la que se la veía acudiendo por primera vez a un torneo de golf como espectadora y siguiendo a su ídolo de esa época Se-ri Pak. Sinceramente, pensaba que a estas alturas Ko ya habría superado a Pak, pero a veces la vida da estas sorpresas 🙁

El siguiente en la lista es Patrick Reed. En esta captura de pantalla de Golf Channel se le puede ver cuando ganó el concurso de Drive, Chip y Putt del canal en el año 2000 (división 9-10 años). Si es que hay jugadores a los que se les ve venir de lejos 😉 Y sí, la que hace la entrega es Kelly Tilghman 😉

En penúltimo lugar está Jon Rahm. El de Barrika no era tan popular en 2010, cuando se tomó esta foto publicada en el perfil de Twitter de Iñigo Zugazabeitia en Twitter. Siete años dan para mucho, incluso para cambiar el peinado :mrgreen:

Para acabar, Javier Ballesteros. El hijo de Seve publicaba esta foto en el mes de abril, en la que se le puede ver junto a su padre cuando no era más que un bebé. Lastimosamente no pudo disfrutar de su progenitor todo el tiempo que hubiera deseado….pero recuerdos como este permanecen en el corazón de un hijo toda la vida.

Hasta la próxima 😉

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Potpurrí veraniego 2017 (I)

Ya estamos en el mes de julio, por lo que creo que ya se puede inaugurar formalmente la época de potpurrís estivales en el blog. Así, es posible que durante las próximas semanas los artículos del blog sean algo más superficiales…..siempre y cuando la RFEG no haga alguna de las suyas y me “obligue” a hablar de ellos, claro :mrgreen:

Hoy tenemos varios protagonistas, empezando por la curiosa situación en la que se encontró un jugador llamado Ian Ward tras gopear su bola cerca de un obstáculo de agua. Al parecer, un bonito cisne blanco que se encontraba en el lugar la “adoptó”, dejando al amigo Ian en la tesitura de dejar a su Titleist sin “progenitor”. Esta fue la estampa 🙂

El siguiente en la lista es un jugador llamado Connor Vandenbos, que en su última visita al campo de golf se encontró con un golpe algo “complicado”. Como se puede comprobar en la foto, se había abierto un “sinkhole” en medio del bunker en el que casi cabía una persona. Ya se sabe, hay que seguir la máxima de “juegue la bola como repose” 🙂

Tengo que reconocer que la situación me recordó a lo vivido por Mark Mihal en 2013, que fue engullido por uno de estos sumideros en Illinois, siendo necesaria la intervención de sus amigos y una cuerda para rescatarlo. En esta entrada del blog hablé del caso y este es el vídeo del suceso:

Para acabar, un desastre natural que podría haber acabado en tragedia. Todos sabemos que hay veces en que el emplazamiento de un campo de golf aprovecha los acantilados para crear vistas de las que quitan el hipo. El problema es que la erosión es un proceso que no se detiene nunca, por lo que tarde o temprano esa pared va a acabar cediendo, sobre todo si su composición es la piedra arenisca dominante en el sur de Inglaterra. Esta vez el deslizamiento de tierras ha tenido lugar en Dorset, donde ha cedido gran parte de la pared costera a causa de las fuertes lluvias. Ello ha afectado a una parte del Widport&West Dorset Golf Club, que ha quedado como se ve en las fotos, vía Polesworth Geography en Twitter:

Quizás habrá quien se habrá fijado en unas pequeñas figuras al lado del desprendimiento. Sí, son los gilipollicas de la semana, asomándose a una zona de terreno muy inestable aún y a riesgo de acabar haciendo el hoyo 19 con San Pedro (ampliación del Daly Mail).

En fin, que en el golf también hay mucho tonto suelto :mrgreen: Por cierto, vale la pena ver los precios de los abonos de este club, con tarifas de 416 euros/año para los jóvenes de 25 a 30 años, o de 715 euros/año por jugar entre semana. Qué envidia 🙁 Hasta la próxima.

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Gadgets (XVI)

Hoy voy a hablar una vez más de aquellas herramientas que nos permiten mejorar nuestro juego, sean las que sean. Podrá parecer muy obvio, pero lo primero que deberíamos encontrar es un campo de prácticas que nos facilite el trabajo cuando vamos a dar bolas. Por ello, lo ideal sería que fuera de hierba y tuviera greens “dibujados” para poder apuntar a ellos, reproduciendo las condiciones que nos encontraremos en el campo de golf en una vuelta válida.

Un par de ejemplos de lo que digo son el campo de prácticas que se utiliza en el PGA Show de Orlando, la mayor feria de material de golf del mundo. En este evento se utiliza un campo de prácticas redondo, pero que mide lo suficiente de lado a lado para que nadie se estorbe cuando pegan un drive.

Otra foto curiosa es la del campo de prácticas del TPC Sawgrass, sede del The Players. Como se puede comprobar, no solo está perfectamente mantenido sino que este año han incorporado una réplica del green del hoyo 17 en el centro del mismo para que los jugadores se puedan ir haciendo a la idea de lo que les espera.

Si tenemos la mala suerte de no poder acceder a este tipo de instalaciones y entrenar en condiciones, lo mejor es prepararte para tirar bolas al agua. Con el objeto de no arruinarte comprando bolas, algunos jugadores llevan encima un “pescabolas”. Si no te llega para comprar bolas, ni tan siquiera pescabolas, existe una solución casera muy fácil de realizar que nos salvará la vida más de una vez. Solo hace falta una varilla larga, cinta aislante……y una cuchara para helados 😯 Vean que mañoso es este golfista 😛 (vía Rebeca Artis)

Para acabar, un gadget pensado para propiciar la más rápida recuperación al golfista; el NormaTec. Se trata de una especie de “fundas” para las piernas que realizan un masaje compresor a nuestras extremidades inferiores con el objeto de movilizar nuestros fluidos corporales y así estar nuevos al día siguiente. Quizás es un poco aparatoso, pero ya he visto a varios atletas de élite (LeBron James, Kevin Durant) usándolo, con lo algo debes mejorar 🙂

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The Dan Plan (II)

Hace un año y medio, escribí una entrada del blog sobre un jugador de golf llamado Dan McLaughlin. Como algunos recordarán, McLaughlin estaba convencido de que invirtiendo 10.000 horas de entrenamiento, sería capaz de convertirse desde cero en todo un profesional del PGA Tour. Como suena. Curiosamente, esta misma semana los chicos de GolfWRX me sorprendieron con un artículo sobre esta misma persona, lo que me va a ayudadar a actualizar la historia. Vamos allá:

En 2015 dejé al amigo Dan con 6000 horas de trabajo, recuperándose lentamente de la lesión de espalda que impidió que siguiera su programa….y la cosa no ha cambiado desde entonces. Efectivamente, Dan McLaughlin abandonó definitivamente su ambición, no solamente frustrado por sus limitaciones físicas sino también por las mentales. En una conversación mantenida con la web estadounidense, McLaughlin reconocía que, a pesar de que llegó a ser casi un jugador scratch, nunca sintió que todos los aspectos de su juego funcionaban correctamente. Tener un juego “redondo” es lo que te permite realizar resultados bajos, pero si tu drive (uno de los aspectos que él menciona como problemático) no responde, difícilmente vas a llegar a ser profesional, una ambición que personalmente creo tiene mucho que ver con una habilidad natural. Y para ser un buen profesional, añádele mucho trabajo duro 🙂

Bye, bye, sueño

¿Qué ha sido de Dan desde entonces? Pues se dedica a asuntos que nada tienen que ver con nuestro deporte. Hace unos años fundó junto a su vecino una empresa dedicada a producir cerveza y otros brebajes, que en principio no tuvo demasiado éxito. Afortunadamente para él, cuando abandonó el “Dan Plan”, el negoció empezó a remontar y hoy en día está teniendo bastante éxito en la zona de Portland, donde reside. Esta es su página web, en la que se puede leer su historia.

Así se ven en la foto promocional

Quizás dentro de unos años, cuando el “gusano” del golf le vuelva a “picar”, volverá a coger un palo de golf y jugará unos hoyos…..pero con la única ambición de pasar un rato agradable en vez de querer verse en la TV junto a Rory McIlroy 😉

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