Los 3 grandes caddies (III); Alfred “Rabbit” Dyer

Tras Ernest “Creamy” Carolan y Angelo Argea, nuestro último protagonista en esta serie de artículos sobre los grandes caddies es Alfred “Rabbit” Dyer, el hombre que llevó la bolsa de Gary Player desde 1972 hasta 1990.

Hace un tiempo, hablába en el blog sobre las vidas de dos jugadores afroamericanos como Charlie Owens y Lee Elder. Su biografía, como la de muchos otros de su grupo étnico, nos hablaba de una familia de extracción social muy humilde y de unos inicios en el golf ejerciendo de caddies con el objeto de contribuir de alguna manera a mejorar la economía común. Además, por los tiempos en que les tocó vivir, también se encontraron con innumerables problemas relacionados con la segregación racial existente en los EEUU. El caso de Alfred Dyer no es muy diferente, con la salvedad de que él no intentó nunca dedicarse profesionalmente al golf sino que prefirió dedicar su vida a ayudar a los mejores jugadores.

Continuador de la tradición familiar (su padre también era caddie), Dyer empezó a ejercer esta actividad a los 9 años en el mismo campo que su progenitor, el Metairie Country Club de Nueva Orleans (Louisiana). Mientras compaginaba trabajo y estudios, Dyer fue aprendiendo los entresijos de su empleo hasta que un día le comunicaron que se iba a celebrar un partido de exhibición en Nueva Orleans y que había llegado el momento de acompañar a su primer jugador profesional. La sorpresa fue mayúscula para Dyer cuando vio que dos de los integrantes de la partida eran, nada más y nada menos, que a Sam Snead y Ben Hogan. Su estupefacción fue todavía mayor cuando supo que este último jugador era al que había sido asignado. Casi se podría decir que su bautismo de fuego fue un anticipo de la notoriedad que posteriormente le esperaría en su carrera como caddie.

A finales de la década de los ’50, una vez completados sus estudios en el instituto, Dyer se dedicó de pleno a su profesión. Empezó por trabajar en el “Southern Swing”, un pequeño circuito profesional del sur de los EEUU, y posteriormente dirigió sus pasos hacia el PGA Tour. Acompañó a Tony Lema en su triunfo en el Hesperia Open Invitational de 1961 y, en 1962 tuvo su primer encuentro con Gary Player. El padre de Dyer había acompañado a Player en el New Orleans Open de 1960 pero dos años más tarde fue nuestro protagonista el que llevó la bolsa del gran jugador sudafricano. Tras finalizar en quinto lugar, sus caminos se separaron y Dyer continuó su carrera como caddie en el circuito norteamericano llevando la bolsa de jugadores tan importantes como Arnold Palmer, Lee Treviño, Dave Stockton u Homero Blancas.

La vida del caddie, y más cuando este era de raza negra, no era nada fácil en aquellos tiempos. Nuestro protagonista se veía obligado a viajar por todo el país en los famosos autobuses “Greyhound”, ocupando los asientos segregados para los afroamericanos. Como tampoco podía acceder a los vestuarios por el color de su piel, tenía que cambiarse de ropa en el bosque o en los parkings de los clubs de golf. Dyer incluso recuerda al jugador profesional Charlie Sifford (http://www.cronicagolf.com/bill-spiller-y-charlie-sifford-rebeldes-con-causa/) cambiándose junto él en el parking del Colonial C. C. y maldiciendo la política racial del PGA Tour.
En el plano económico, los ingresos tampoco eran regulares. A comienzos de la década de los años ’60, todavía no se había implantado el actual sistema de caddies fijos, algo que no sucedería hasta que Angelo Argea empezara a trabajar para Jack Nicklaus. El sistema que usualmente se utilizaba para asignar los caddies a los jugadores era el “grab bag”, una especie de lotería que determinaba los emparejamientos. Por ello, era la suerte la que muchas veces decidía si el caddie iba a obtener un salario decente aquella semana o no.

En 1972 se produjo el reencuentro entre Alfred Dyer y Gary Player. Mientras nuestro protagonista se encontraba trabajando en el PGA Championship de ese año en Oakland Hills, coincidió con Player y acordaron que, si el jugador sudafricano ganaba el torneo, Dyer le acompañaría en el World Series of Golf que se iba a disputar la semana siguiente. Tras conseguir Player su sexto “major”, tal y como habían pactado, Dyer acompañó al “caballero negro” a su próximo campeonato donde lograron también la victoria. Desde ese día, sus caminos no se volvieron a separar hasta 18 años después, consiguiendo decenas de victorias alrededor del mundo.

Más allá de lo estrictamente deportivo, hubo dos incidentes que marcaron a Dyer en lo personal. En primer lugar, el viaje que realizó a Sudáfrica ese mismo año 1972 junto a Player para ser el primer caddie negro norteamericano en trabajar en ese país. Recuerda Dyer que, mientras conducía por la autopista, varios coches intentaron sacarlo de la carretera mientras le recordaban su condición de afroamericano. Durante el pro-am del torneo, un jugador local de físico imponente llamado Ben Baker se dirigió a él, le agarró y empezó a insultarle ante todos los presentes pensando que el caddie se acobardaría. Dyer, que medía 1’98 y había sido un destacado jugador de baloncesto de su instituto (su apodo, Rabbit, que significa “conejo”, se lo ganó por la altura de sus saltos), le noqueó de un puñetazo, dejándolo tendido en la hierba. Player y el resto de jugadores del torneo apoyaron a Dyer, lo que permitió a este finalizar su trabajo sin más contratiempos.

La pareja, en pleno “trabajo”

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El segundo incidente tiene que ver con el “polémico” triunfo de Gary Player en el Open Championship de 1974. En la última jornada, Player se encontraba en el hoyo 15 cuando un hook envió su bola al rough de la izquierda. Justo en el límite de los cinco minutos reglamentarios para encontrar la bola, Dyer la localizó entre la hierba alta, dando lugar a la leyenda de que el caddie la había dejado allí disimuladamente para evitar una penalización que hubiera hecho peligrar la victoria. Dejando de lado que Gary Player disponía en ese momento de una ventaja de varios golpes sobre el segundo clasificado y que hubiera ganado igual aunque le hubieran penalizado, la realidad es que el bulo pudo perfectamente haber sido originado por los caddies británicos del Open. Poca gente sabe que, en la semana previa al torneo, Dyer fue increpado por varios de ellos mientras realizaba la inspección del campo, haciendo referencia a su raza y conminándole a volver a su país. Uno de ellos, incluso golpeó al caddie en la espalda con un palo de golf solo para encontrar el mismo destino que Ben Baker en Sudáfrica; el KO. Desde ese día, muchos le cambiaron el apodo y empezaron a llamarle Alfred “Sugar Ray Rabbit” Dyer en honor al laureado boxeador estadounidense Sugar Ray Robinson.

Esta es la historia de Alfred “Rabbit” Dyer, uno de los tres grandes caddies. Como hemos podido comprobar, su éxito no dependió de la casualidad sino que se fraguó superando innumerables obstáculos. Las estadísticas suele difuminar este tipo de detalles pero, en mi opinión, la biografía de un deportista también es importante a la hora de valorar su grandeza. No hay duda de que los triunfos deportivos son un elemento indispensable a la hora de establecerla pero el tesón a la hora de superar todas las dificultades que nuestro protagonista se encontró en su camino también es digno de elogio. En este sentido, por mi parte, no existe mejor homenaje que sacarlas a la luz en este artículo.

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Los tres grandes….caddies (II); Angelo Argea

En el último artículo del blog hablaba de Ernest “Creamy” Carolan, precursor de los modernos “strokesavers” o libros de distancias y el mejor caddie que tuvo nunca Arnold Palmer. Nuestro siguiente protagonista es Angelo Argea, el caddie que acompañó a Jack Nicklaus en la inmensa mayoría de sus triunfos.

A. G. Argeropoulos nació en Grecia el 7 de noviembre de 1929, antes de que su familia emigrara a los EEUU. Radicado en Las Vegas (Nevada), se cambió sus nombres griegos por Angelo Argea para facilitar la pronunciación en su país de acogida. Aunque oficialmente era taxista, se tiene constancia de que entre sus “trabajos” estaba incluido el de apostador profesional en la “ciudad del pecado” y que el resto eran bastante esporádicos. No en vano, cuando Nicklaus hablaba de los anteriores empleos de su caddie, comentaba en tono jocoso que “básicamente, había estado jubilado desde los 21 años”.

En 1963, uno de los propietarios del Dessert Inn de Las Vegas, probablemente Wilburg Clark (fundador del hotel y también promotor en 1953 del Tournament of Champions que actualmente se celebra en Kapalua Plantation), invitó a Argea a hacerle de caddie en el pro-am del Palm Springs Classic que se iba a celebrar en El Dorado Country Club. Tras el evento, el club pidió que todos los caddies que habían participado en el pro-am también lo hicieran en el torneo oficial ya que no había suficientes para cubrir las demandas de los jugadores del PGA Tour. A Argea no le apetecía demasiado “trabajar” un día más, por lo que se apuntó como posible caddie de Jack Nicklaus, del que había oído que no iba a concurrir por una lesión en la cadera. Finalmente, Nicklaus acabó por encontrarse mejor de sus problemas físicos e hizo acto de presencia en el torneo. Tras las correspondientes cuatro jornadas con Argea a la bolsa, Nicklaus ganó el torneo.

Jack Nicklaus era tremendamente supersticioso. Si el día que desayunaba tortilla hacía 66 golpes, desayunaba tortilla el resto del torneo. La victoria con Argea como caddie en su primer campeonato juntos debió gustar al jugador porque, cuando tuvo que disputar al poco tiempo en Las Vegas el “Tournament of Champions”, le volvió a llamar. Tras ganar los 13.000 dólares en monedas de plata de ese evento, el “oso dorado” se llevó a Argea en su gira por la costa oeste, consiguiendo varias victorias más. Aunque no le contrató como caddie titular hasta 1968, este fue el principio de una relación profesional que duraría casi veinte años y que estaría plagada de momentos estelares. Para valorar la importancia que Nicklaus le daba a la compañía de Argea hay que señalar que, en una época en que nadie disfrutaba de esas condiciones de trabajo, se convirtió en el primer caddie que cobraba un sueldo fijo y también percibía un extra cuando su jugador ganaba un torneo.

Decididamente, Angelo Argea era un tipo peculiar. Como contraposición a Nicklaus, era una persona muy sociable y habladora. Su inconfundible estampa, con su canoso pelo “a lo afro”, llegó a ser un auténtico imán para periodistas, jugadores, caddies, aficionados y cualquiera que quisiera pasar un rato de agradable charla. Había días en que Argea firmaba casi tantos autógrafos como su jefe. Incluso llegó a aparecer en el famoso programa matutino “good morning america” y hasta escribió un libro que tenía el descriptivo título de “el oso y yo; la historia del caddie más famoso del mundo”.

Nicklaus y su caddie

Dicho esto, parecería que Argea era algo parecido al mejor de los caddies en el aspecto técnico pero la realidad es que existen dudas sobre de ello. No se puede decir que Argea fuera nunca un portento calculando distancias o leyendo la caída de los “greens”, ni tampoco que haya proporcionado ningún avance significativo al mundo del golf como hizo Ernest Carolan. De hecho, la figura de Argea como caddie es algo contradictoria porque su trabajo a cargo de la bolsa del “oso dorado” consistía en hacer………prácticamente nada. Probablemente, el caddie realizaba parte del trabajo habitual de una “bag rat”, como ellos mismos se autodenominan. No obstante, las declaraciones de Argea, seguramente con un punto de ironía, no solían ir en ese sentido. Es muy célebre la respuesta que dio cuando le preguntaron cual era exactamente su cometido cuando acompañaba al “oso dorado” por el campo; “Él me ha pedido que haga dos cosas. La primera, que cuando no esté jugando bien le recuerde que es el mejor golfista del mundo. La segunda, que además le recuerde que quedan muchos hoyos por jugar”.

Con total seguridad se puede afirmar que el éxito de este curioso binomio tuvo mucho más que ver con su compatibilidad de caracteres (algo que no siempre se valora en su debida importancia) que con las habilidades para su trabajo del caddie de origen griego; entre ellos existía una relación personal especial, que permitía a Nicklaus relajarse en el campo y dar lo mejor de sí. Prueba de que esa relación traspasaba lo puramente profesional es que, cuando llegó el día de la retirada de su caddie, Nicklaus no dejó a Argea abandonado sino que se preocupó de él hasta el fin de sus días. En un gesto que honra al “oso dorado”, y que también repetiría con su caddie británico Jimmy Dickinson (le dio trabajo como caddie-master en Muirfield Village cuando acabó su carrera), Nicklaus empezó a pagar a Argea una pensión de su propio bolsillo y le regaló un restaurante en un centro comercial de North Palm Beach para que pudiera dar rienda suelta a su incontenible verbo con las clientas del lugar. En octubre de 2005, a causa de un cáncer de hígado, la icónica figura de Ángelo Argea dejó de pertenecer a este mundo. En su funeral, Jack Nicklaus declaró que se sentía como si hubiera perdido a alguien de su familia y rememoró lo bien que se lo pasaba con Argea a su lado. La realidad es que, si recapitulamos desde el principio del artículo, quizás nos daremos cuenta de que esta no es la típica historia de un jugador de golf y un caddie sino que es la historia de una profunda amistad que dio como resultado la victoria en más de cuarenta torneos del PGA Tour. Una amistad que, como tantas otras cosas, pertenece a una época que ya nunca volverá.

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Los 3 grandes…caddies (I); Ernest Carolan

A principios de la década de los años 60, un joven abogado llamado Mark McCormack fundó la que posteriormente se convertiría en la agencia de representación de deportistas más importante del mundo; IMG. Tres de sus primeros clientes fueron, nada más y nada menos, Arnold Palmer, Jack Nicklaus y Gary Player. Aprovechando su rivalidad deportiva, la estrategia de marketing puesta en marcha por IMG consiguió popularizar el golf como nunca antes se había hecho. Por ello, más allá de sus “alias” individuales (el rey, el oso dorado y el caballero negro), a este trío de jugadores se les acabó llamando “The big three” (los tres grandes).

Pero el mundo del golf no tiene solo una cara sino que en él se pueden encontrar diversas dimensiones. Una de ellas es la perteneciente a los caddies y, en ese lugar, el apelativo “The big three” se aplica también a aquellos que llevaron la bolsa de estos tres grandes jugadores durante su época dorada. Así, cuando uno menciona los nombres de Ernest “Creamy” Carolan, Angelo Argea y Alfred “Rabbit” Dyer, lo que está haciendo es mentar a tres de las grandes leyendas de este deporte para los sufridos porteadores de bolsas de golf. Evidentemente, para el resto de los aficionados, léase los que no somos duchos en todas las magnitudes del poliédrico mundo del golf, estos nombres no tendrán un significado claro hasta que hayamos acabado de leer los tres artículos dedicados a ellos.

Por orden de lista, empezaremos hablando de Ernest “Creamy” Carolan, quizás el más desconocido de ellos. Presumiblemente nacido el 23 de abril de 1915 en Mamaroneck (Westchester, NY), no se tienen muchos datos sobre sus inicios en el golf. Sí se tienen referencias sobre los grandes jugadores a los que ayudó con su bolsa durante los 50 años que estuvo trabajando en el PGA Tour, nombres que incluyen, entre otros, a Ben Hogan, Sam Snead o Raymond Floyd. También se sabe que tenía la poco sana costumbre de atrapar en el aire con un guante de béisbol las bolas de golf que su jugador golpeaba en el campo de prácticas (recordemos que en esa época no existían los coches recogebolas ni las bolas de prácticas, por lo que las bolas de entrenamiento debían ser recuperadas a mano). Y digo poco sana porque quizás le hubiera convenido más agacharse a recogerlas del suelo que haberse quedado, como fue el caso, con el dedo índice de la mano derecha paralizado por los repetidos impactos de las bolas de golf en él.

En su larga carrera, Arnold Palmer tuvo muchos caddies. Algunos de ellos estuvieron siempre presentes en los triunfos más mediáticos del jugador (conocido es su vínculo “solo-para-el-Open” con James “Tip” Anderson o su probada fidelidad a “Ironman” Avery en el Masters de Augusta) pero su relación con Carolan fue la que proporcionó a “The King” los resultados más fructíferos a lo largo del tiempo. Además de las numerosas victorias que compartieron, su asociación dejó para la historia un hito que todavía hoy perdura, como es su decisiva participación en la invención de una de las herramientas más usadas por cualquier jugador profesional que se precie; el “strokesaver” moderno o libro de distancias.

A comienzos de los años 60 empezaron a circular en algunos torneos del circuito americano un tipo de “strokesavers” bastante rudimentarios. A Arnold Palmer, que se encontraba en uno de los mejores momentos de su carrera, no le sentó demasiado bien que los jugadores pudieran acceder a la información facilitada en aquellos libros de distancias durante los torneos porque le parecía que el golf no se debía jugar así. Palmer era de la opinión que el juego se debía conducir de la misma manera que lo habían hecho los pastores escoceses que lo inventaron. Una de sus frases favoritas recordaba que Walter Hagen o Bobby Jones nunca habían utilizado este tipo de ayudas y habían sido grandiosos jugadores.

Viendo que su deseo de que el R&A y la USGA prohibieran los “strokesavers” no se tornó en realidad, Palmer tuvo que adaptarse y empezar a utilizarlos para no quedarse atrás con respecto a sus competidores. De todas maneras, el uso que de ellos hacía “The King” tampoco era el más aconsejable pues acostumbraba a aprovechar superficialmente las pocas anotaciones que contenían y procedía a tirarlos nada más acabar su ronda. En cambio, su caddie, Ernest Carolan, viendo lo poco elaborados que eran los primigenios libros de distancias, empezó a confeccionar los suyos propios. Dibujando a mano alzada y en color el perfil de cada uno de los hoyos del recorrido, Carolan incluía en sus bocetos un completo y detallado estudio de cada hoyo, con expresión de las diferentes medidas que le podían ayudar en su trabajo. Viendo la extrema calidad de los “strokesavers” confeccionados por Ernest “Creamy” Carolan, Palmer cambió sus costumbres y empezó a aprovechar los datos que estos libros le proporcionaban. Además, dejó de tirarlos tras su uso y estuvo de acuerdo con su caddie en que los guardara para poder usar las anotaciones realizadas cuando volvieran a jugar ese mismo campo. Sin pretenderlo, Carolan se había convertido en el precursor de los libros de distancias modernos, creando el modelo bajo el que posteriormente se confeccionarían todos ellos.

El museo de la USGA guarda celosamente uno de esos “strokesavers”, concretamente el referente al Congressional Country Club y del que seguidamente mostramos una foto. En primera instancia, en él se puede observar, en la parte superior derecha, la “firma” del caddie (The Cream). Si nos fijamos en su contenido podremos comprobar como Carolan anotaba gran cantidad de datos incluyendo las distancias hasta los diversos obstáculos, la distancia para sobrevolarlos, sus dimensiones, la anchura de los greens en sus diversas partes, la distancia hasta la entrada de green desde el lugar de salida de los pares 3 o desde la calle del hoyo, etc.

Sin atribuirse en ningún momento el lugar en la historia que le correspondía, y tan sigilosamente como llegó, Ernest “Creamy” Carolan se fue de este mundo ya hace más de una década. Ni siquiera con las potentes herramientas informáticas de hoy en día se puede averiguar mucho más de él; era un hombre discreto. De su relación con el golf solo ha quedado una frase suya para la posteridad, que citó en 1981 en el Riviera Country Club de Los Ángeles. Mientras miraba hacia las hectáreas de hierba y eucaliptos que se divisaban desde las alturas de la casa-club, musitó “Una vez que empiezas con este trabajo es difícil dejarlo. Mira allí abajo. Es precioso. Hay algo sobrecogedor en levantarse al alba y caminar por el campo, comprobando la posición de las banderas. Es fácil perder la noción de la realidad”. Una sensación que creo que muchos de los que practicamos este deporte compartimos con él.

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Chrysto Grayling

Como han podido comprobar los lectores del blog, últimamente tengo muy poco tiempo para escribir. Además, por cuestiones laborales parece que la situación no va a cambiar en un futuro cercano, por lo que voy a publicar poco próximamente. Para paliar la situación en lo posible, voy a hacer un corta-pega de un  artículo que escribí en 2011 en otro espacio virtual sobre Chrysto Grayling, un prometedor jugador al cual la vida trató muy mal, algo que sucede más a menudo de lo que pensamos pero de lo que no nos enteramos porque no suele ser noticia. Esta es su historia:

La historia del golf está llena de futuros dominadores de este deporte de los que nunca más se supo. Uno de ellos, para quién lo recuerde, es Ty Tyron. Futuro nº 1 del mundo, con 16 años se pasó al profesionalismo de la mano de su mentor David Leadbetter y acabó sumido en el más absoluto de los fracasos. Aunque muy poco a poco, de vez en cuando da muestras de la gran clase que en su momento atesoró y nos regala, como ocurrió el año pasado y también en la edición de este año, con una participación en el US Open conseguida en los eventos clasificatorios previos al segundo Major del año…………..pero no es de él de quién quiero hablar.
Allá por el año 2000, Ty Tyron tenía un compañero de equipo al que los usuales agoreros también situaban en el olimpo de los dioses del golf en un breve espacio de tiempo; Chrysto Greyling. Nacido en Sudáfrica, sus padres se trasladaron a los EEUU para poder desarrollar la prometedora carrera en el golf del mayor de sus tres hijos; el mismo tutor que el de Ty Tyron, David Leadbetter, sería el encargado de conseguirlo.
Mejor jugador junior de los EEUU en el año 2000, su destino parecía ser el mismo que el de su compañero Tyron………y, por desgracia, lo fue. Tras jugar su primer evento del PGA Tour con 17 años (El Buick Challenge del año 2000), justo tras llegar a la universidad de Georgia con una beca bajo el brazo, los doctores recetaron a Chrysto un medicamente para el acné resistente llamado Accutane, conocido por tener graves e indeseados efectos secundarios como severas depresiones; al mes de tomar dicho medicamento, Greyling no podía bajar de los 80 golpes…….y a los dos meses de la prescripción, tampoco podía jugar por debajo de los 95. Lo que parecía ser una prometedora carrera en este deporte se tranformó en el juego mediocre de cualquiera de nosotros, los amateurs medios. Todas las alarmas saltaron. La degeneración de las habilidades del jugador sudafricano fueron tan dramáticas que su profesor, David Leadbetter, incluso le recomendó que dejara de jugar al golf para no agravar los efectos de su caída libre y preservar, en lo posible, la confianza y la autoestima de un jugador acostumbrado a jugar sin miedo. No fue suficiente.
Tras buscar una segunda opinión médica, Chrysto Greyling dejó de tomar el Accutane e intentó recuperar su nivel previo de juego………sin éxito. Parecía que el deterioro mental había sido tan grave que el jugador sudafricano no encontraba la confianza necesaria para volver a jugar al nivel al que estaba acostumbrado. Tras pasar unos años jugando circuitos menores, no fue hasta el año 2007 cuando se volvió a saber de él al encontrar su nombre entre los participantes de la escuela de clasificación del PGA Tour. Aunque no consiguió clasificarse para jugar el gran circuito, una plaza entre los 50 primeros clasificados le proporcionó una tarjeta condicionada en el Nationwide Tour. Su primera temporada en la “segunda división” del golf estadounidense no fue precisamente buena, pero parecía en disposición de ir recuperando el juego que una vez le había convertido en una de las sensaciones del momento………aunque Chrysto no sabía que el destino todavía le deparaba un golpe más.
En el año 2009, acuciado por los problemas económicos, su padre, Iaan, se suicidó tras pasar una tarde con su hijo, que intentaba animar a su progenitor para que superara su mal momento. Los remordimientos por no haber podido desarrollar su prometedora carrera y, de esa manera, haber evitado las dificultades financieras de su padre y su muerte, no tardaron en aflorar. Chrysto volvió a hundirse.

Tras superar este dramático episodio de su vida, el joven Greyling volvió a coger los palos de golf y se dedicó a preparar su vuelta a la élite de este deporte. Como él mismo dice, todas las desgracias que le ha tocado vivir le han obligado a madurar. Tras presentarse y superar el torneo clasificatorio local, Chrysto Greyling jugó junto a su amigo Ty Tyron el torneo clasificatorio seccional, en el que ambos consiguieron su sueño de jugar en el difícil campo del Congressional Country Club esta semana. Otra vez juntos. Y no sólo eso; tras dos buenas rondas de 72 y 74 golpes, Greyling superó a su excompañero de equipo y consiguó el hito de superar el corte de este gran torneo. Desde aquí, nos alegramos de tu vuelta, Chrysto; aunque acabes en un puesto en la clasificación general en el que nadie se fije en tu nombre, yo creo que tú ya eres un triunfador. Wellcome back.

¿Quién es el triunfador de la foto del US Open de 2011? En lo personal podría ser perfectamente el desconocido jugador de la izquierda; Chrysto Greyling

Vídeo del 2007 en el que se habla de él y aparece su padre:

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Solheim Cup 2017, día 3

Como muchos habrán podido ver, el milagro finalmente no se ha obrado. Se necesitaba un auténtico milagro en los individuales de hoy para que el equipo europeo ganara la Solheim Cup, y a fe mía que lo han intentado.

Sorenstam acudió ataviada de guerrera vikinga, dispuesta a luchar 🙂

Las nuestras salían en tromba, poniendo rápidamente el marcador a su favor. Tras el comienzo del último partido del día, los EEUU solo lideraban un enfrentamiento, lo que daba esperanzas a los seguidores del Viejo Continente.

Para mí que las norteamericanas encendieron el riego mientras se jugaba el hoyo para “enfriar” el ánimo de las nuestras 😉

No obstante, poco a poco la lógica se fue imponiendo; las estadounidenses empezaron a carburar y iniciaron una remontada que a la postre les concedió el triunfo final. De épico se puede calificar el enfrentamiento entre Anna Nordqvist y Lexi Thompson, que vivió remontadas por las dos partes hasta que un birdie de la exhausta sueca (recordemos que arrastra una mononucleosis, algo que no ha impedido que fuera de largo la mejor del equipo) puso la igualdad definitiva en el marcador. Entre las dos firmaron 11 birdies y 2 eagles, lo que nos muestra lo increíble que fue su duelo.

En términos generales, nuestro problema ha estado exclusivamente en los fourballs (7 perdidos y 1 ganado), porque hemos dominado los foursomes (4 ganados, 3 perdidos y 1 empatado) y no nos han superado en los individuales (5 ganados, 5 perdidos y 1 empatado). Supongo que, dentro de 2 años en Gleneagles, la capitana tendrá en cuenta estos números. Sinceramente, me gustaría que fuera Sorenstam otra vez, porque la deportividad y buen rollo que ha conseguido en el equipo ha dejado en muy buen lugar a nuestro deporte. Vean su relación con Juli Inkster en el lugar de salida hoy, al ritmo del “Dancing Queen” de Abba:

Para acabar, una imagen que demuestra a las claras cual ha sido el ambiente entre las nuestras. Al finalizar el evento, todos y todas se han abrazado y han marchado así por el campo. Espero que sea el germen de algo grande para dentro de 24 meses 😉

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Solheim Cup 2017, día 2

Hablaba ayer de que el equipo europeo necesitaba una reacción y el resultado de los partidos de hoy ha sido prácticamente un calco a los de ayer. Durante la sesión matinal, Europa ha intentado la machada pero hay algunas parejas estadounidenses que parecen sencillamente imbatibles. Es el caso de Cristie Kerr y Lexi Thompson, que no solo no han perdido un solo match en toda la competición sino que han ganado dos de los tres disputados. Al final, la sesión ha acabado en empate a 2, con Nordqvist, Mattew e Icher nuevamente como salvadoras.

La sueca está siendo la mejor, a pesar de sus problemas de salud. Que la familia esté allí apoyándola también habrá ayudado 🙂

No obstante, el principal problema para las nuestras es que todo el equipo rival está rindiendo a un gran nivel, mientras entre las europeas se salvan solo la mitad. De hecho, antes de los fourballs de esta tarde todas las jugadoras de los EEUU habían puntuado, mientras entre nuestras jugadoras solo seis se habían estrenado. Si nos ceñimos a los fourballs, las estadounidenses han ganado siete de ocho envites, incluso cuando las europeas jugaban extremadamente bien. Ha sido el caso de Melissa Reid y Carlota Ciganda hoy, que habiendo firmado -10 entre ambas han acabado sucumbiendo ante Brittany Lincicome y Brittany Lang en el hoyo 18……..porque sus rivales han firmado -12 😯 Así es muy complicado ganar nada. Si además le añadimos la lesión de Charley Hull, apaga y vámonos.

No se puede negar que el ambiente ha espoleado a las jugadoras locales. Nada de “Silence, please”, solo “Get loud” (haz ruido) 😉

Mañana se celebran los individuales (ojo, con salidas adelantadas por la previsión de mal tiempo), pero remontar este 10,5 a 5,5 se antoja casi imposible. Es cierto que los chicos ya demostraron en Medinah que nadie es imbatible, pero la realidad es que las nuestras no parecen tener la suficiente calidad global como para sobreponerse a las circunstancias. Seguramente mucha culpa de ello la tiene la extrema debilidad del Ladies European Tour en los últimos tiempos, con un calendario realmente demasiado reducido por las cancelaciones de torneos, lo que ha obligado a despedir al polémico CEO Ivan Khodabakhsh, del que hace unos años escribí este “profético” artículo. En cualquier caso, estoy seguro que mañana las nuestras intentarán hacerlo lo mejor posible, aunque al final acaben perdiendo. Dentro de un par de años habrá que mejorar mucho para volver a tener la copa en nuestras manos otra vez.

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Solheim Cup 2017, día 1

Tras el disgusto de hace un par de años -sigo pensando que se perdió de manera absurda-, ya estamos otra vez disputando la Solheim Cup, aunque esta vez en territorio estadounidense. Las sensaciones no eran buenas antes de empezar, principalmente por la renuncia de Suzann Pettersen por lesión y los problemas de salud de Anna Nordqvist, convaleciente de una mononucleosis que con toda seguridad le impedirá participar en todas las sesiones de juego. Es curioso observar la evolución del ranking mundial de los dos equipos a lo largo de los últimos años, con victorias europeas solo en aquellas ediciones en las que más cerca estaba del combinado estadounidense. Cuando el intervalo entre la media de clasificación de las integrantes de cada escuadra se ensanchaba, la victoria acababa siendo para los EEUU. Este gráfico elagorado por la cuenta de Twitter @VC606 así lo demuestra:

Visto lo visto, las expectativas no eran muy halagüeñas. Sin embargo, esta mañana se han disputado los primeros “Foursomes”, tras los que el marcador ha quedado en un 2,5 a 1,5 a favor del equipo europeo, lo que hacía albergar esperanzas de que el desarrollo más lógico no se acabara cumpliendo. Los partidos han estado muy disputados, con constantes cambios en el resultado parcial, aunque finalmente las jugadoras con más calidad (Nordqvist) o veteranía (Icher/Matthew) han acabado por llevarse el gato al agua.

Con la esperanza de seguir viendo el mismo espectáculo han llegado los fourballs de la tarde……y el primer bofetón de la Solheim de este año. Efectivamente, las estadounidenses han arrasado a las europeas, sin que estas dieran ninguna sensación de poder reaccionar mínimamente. La paliza del día se la han llevado Carlota Ciganda y Emily Pedersen, que han sido vapuleadas por Angel Yin y Lizette Salas por 6&5. Hay que recordar que Ciganda es la mejor europea en la clasificación del ránking mundial, solo por detrás de Nordqvist, con lo que su aportación debería ser algo más productiva (también ha perdido su partido de la mañana). El resultado ha acabado siendo de 4 a 0 en esta sesión, con lo que el marcador final de esta primera jornada refleje un preocupante 5,5 a 2,5. Mucho tendrán que trabajar las capitanas y sub-capitanas para que mañana las cosas funcionen un poco mejor, porque de otra manera esta competición podría estar casi decidida antes de los individuales del domingo.

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PGA Championship 2017, día 4

Ya ha finalizado el torneo y Justin Thomas es el nuevo campeón del PGA Championship. El estadounidense de 24 años ha dado toda una lección de buen juego y ha estado mucho más sólido que el resto de contendientes, dejando claro que su excelente año no ha sido fruto de la casualidad. Recordemos que a finales de 2016 defendió con éxito su título del CIMB Classic (pertenece a la actual temporada), posteriormente se impuso en el SBS Tournament of Champions de Kapalua, prosiguió venciendo a la semana siguiente en el Sony Open con una primera ronda de 59 golpes, y acabó su serie de proezas firmando 63 golpes (récord en los “grandes”) en el pasado US Open. Para mí, un triunfo totalmente merecido.

Justin Thomas, con su abuelo Paul Thomas y su padre Mike Thomas…..profesionales de club de la PGA de América 😉

Como en todos los torneos, hoy ha habido un par de situaciones de reglas que han dado que hablar. En la primera de ellas ha estado involucrado el posteriormente campeón Thomas, el cual ha vivido lo siguiente:

En Twitter ha habido alguna queja sobre el tiempo que ha tardado la bola en caer en el agujero, en mi opinión sin mucho fundamento. La regla dice:

Como se puede comprobar, tras quedarse la bola colgando del agujero, el jugador se debe dirigir al mismo sin demora indebida y esperara los correspondientes 10 segundos para que, al caer en ese plazo, se considere embocada con el golpe anterior. Es cierto que Thomas se aleja del agujero tras ver como la bola se queda colgando, pero la realidad es que, tras quedarse en ese estado, esta cae sobre el segundo 00:12, con lo que hubiera estado dentro del tiempo aunque se hubiera acercado más rápido. Por lo tanto, para mí no ha infracción.

En la segunda situación de reglas ha estado implicado Ian Poulter. En el hoyo 8 el inglés se iba totalmente a la derecha, acabando su bola en lo que posteriormente resultaría ser un obstáculo de agua. La cuestión es que todos se han puesto a buscarla por la zona……..hasta que a los 5 minutos el árbitro le ha comunicado que, al no encontrarla, estaba perdida y tenía que volver al lugar de salida 😯 Este es el vídeo:

La realidad es que el cabreo de Poulter con el “referee” estaba justificado porque todos tenían/teníamos la práctica seguridad de que la bola estaba en el obstáculo de agua, con lo que NO era necesario encontrarla para proceder bajo la regla 26-1. De hecho, aunque posteriormente se hubiera encontrado la bola fuera del “hazard”, la bola hubiera estado bien dropada ya que lo importante es si todos creían casi sin ninguna duda de que estaba allí. El concepto “se sabe o es prácticamente seguro” está explicado en la decisión 26-1/1. Y esta es la decisión, la 26-1/3, que valida el punto de vista del amigo Ian:

Afortunadamente, el árbitro entró en razón y al final la sangre no llegó al río.

Bueno, ya solo quedan 233 días para el Masters de Augusta 2018 😉

 

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PGA Championship 2017, día 3

En primer lugar, disculpas por publicar al día siguiente de la finalización de la 3ª jornada del PGA Championship. La razón es muy simple; el penoso ritmo de juego que se permite desde hace años en cualquier torneo de cierto nivel, que provoca que se acabe a horas demasiado intempestivas como para escribir nada. Yo entiendo que no es de recibo que tres jugadores tarden, como fue el caso ayer, 05:40 minutos en hacer 18 hoyos. Hubo incluso quien tardó 03:10 horas en jugar nueve hoyos 😯 No me valen las excusas de que el campo está complicado, que los greens están muy rápidos, etc. porque el número de segundos para jugar son los mismos para todos y son los jugadores los que se tienen que adaptar a ellos y no al revés. El juego no ha cambiado tanto como para que se tarde más en tomar una decisión; mas bien al contrario, el material de hoy en día proporciona golpes mucho más consistentes y la información de que disponen los profesionales les debería permitir decidirse más rápido. Pero claro, las diferentes organizaciones involucradas prefieren que el golf se convierta en un deporte visualmente insufrible cuando lo que necesitamos desesperadamente es conseguir unos nuevos jugadores…..que por causa de la trepidante “vida moderna” casi no tienen tiempo para practicar. El pez que se muerde la cola, y así nos va.

Vista del campo durante la 3ª ronda

En el plano puramente deportivo, el liderato sigue en manos de Kevin Kisner (-7), un jugador con el que nadie contaba el pasado miércoles. Extraña porque sus estadísticas del PGA Tour no son nada malas y este año hasta se ha adjudicado un torneo, el Dean&Deluca. Su “falta” de distancia (media de 288 yardas) la suple con los siguientes apartados:

  • 15º en precisión con el drive. T-4 en Quail Hollow
  • 17º en Strokes Gained del Approach a Green. 6º en Quail Hollow.
  • 34º en Proximidad al Hoyo. 4º en Quail Hollow.
  • 34º en Strokes Gained Putting. 4º en Quail Hollow.

Lo que se ve es que tiene un juego sólido en general, y que ha mejorado un poco en el PGA Championship. Otra cosa será el aspecto mental ya que es la 1ª vez en su vida que está dentro del top-10 en un “grande”. Más extraño es lo de Chris Stroud (-6), del que alguno destacará que ganó la semana pasada el Barracuda Championship. Apoyaría la moción si no fuera porque es un evento que se juega a stableford modificado y opuesto a un WGC. Si hasta Gonzalo Fernández-Castaño pasó el corte, imagínense :mrgreen: . Los siguientes son Hideki Matsuyama, Louis Oosthuizen y Justin Thomas, jugadores con la suficiente calidad como para firmar una ronda espectacular (recordemos que el japonés viene de ganar el WGC-Bridgestone, Oosthuizen es un ganador de “major”, y Thomas tuvo un inicio de temporada arrasador con doble triunfo en Hawai y un 63 en el US Open) y llevarse la copa a casa. Ahí se me acaban los candidatos.

En el apartado de golpes increíbles, tenemos dos de ellos. El primero está protagonizado por Graham DeLaet, que estuvo así de cerca de conseguir un albatros en el hoyo 14, un par 4 corto de riesgo y recompensa.

Para acabar, una maravilla de Chris Stroud, que saca la bola del bunker con un spin absolutamente increíble. A eso se le llama “tener manos” en el golf 😉

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PGA Championship 2017, día 2

Escribo la entrada del blog de hoy sin que todavía haya finalizado la jornada ya que el mal tiempo ha obligado a una larga suspensión que ha hecho imposible que todos los jugadores acabaran su ronda. El liderato sigue estando en poder de Kevin Kisner (-8), aunque sin la compañía de Olesen, que iba +6 a su paso por el hoyo 15. En cambio, Kisner tiene acompañantes mucho más peligrosos de cara al triunfo final, como Hideki Matsuyama (-8), que ha dado una nueva lección de golf con un excelente 64 que lo sitúa ya como principal favorito a la victoria. Solo dos golpes detrás de este dúo encontramos a Jason Day, que ya en 2015 se proclamó campeón de este torneo en Whistling Straits. Si durante el “moving day” Louis Oosthuizen (-5), Rickie Fowler (-3) y  Justin Thomas (-3) se pueden acercar un poco más a los punteros, tendremos un domingo emocionante a más no poder.

El último triunfo del japonés fue…..¿la semana pasada? :mrgreen:

En la parte baja de la clasificación hay varios jugadores que no van a estar el fin de semana. Uno de ellos es Sergio García, al que este evento no parece irle demasiado bien. No en vano acumula 5 cortes fallados en sus últimas nueve participaciones, su peor rendimiento en los “grandes” de largo. Otro es un Phil Mickelson que parece que se ha quedado sin gasolina en los “majors”. Tras perder el año pasado contra Stenson en el Open Championship, en Royal Birkdale falló el corte incluso firmando su primera ronda sin birdies en cinco años. En Quail Hollow volvió a repetir la “gesta” el jueves, abandonando antes de tiempo un torneo en el que no fallaba el fin de semana….desde 1995 😯 No sé si será la edad o el cambio de caddie. Espero que lo segundo porque es jugador que siempre da espectáculo 🙁

En el apartado de curiosidades, dos incidentes a resaltar. En primer lugar, una demostración más de que Jordan Spieth es un jugador que se conoce las reglas al dedillo. Hoy, en el hoyo, 10, su drive se ha ido al bosque, lugar donde ha empezado su consabida conversación con el árbitro para conseguir el mejor lie para su bola en la pinaza. Vean como va preguntando al referee sobre lo que puede o no hacer, hasta dropar la bola en un buen lugar. Al final, de tanto escarbar, lo acabarán considerando “animal de madriguera” 🙂

Para acabar, algo que no se ve con mucha frecuencia. Las imágenes muestran a Rod Pampling pegando su drive en el hoyo 9, el último del día para él (empezó por el 10). Las prisas se explican porque se estaba yendo el sol y no quería tener que volver al campo al día siguiente sabiendo que iba a fallar el corte sí o sí -iba +13-. Por lo tanto, la solución fue jugar tan rápido que iba golpeando la bola al estilo “Happy Gilmore”….con no muy buenos resultados. Al final consiguió finalizar su vuelta antes de que sonase la bocina 🙂

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