La bola Top Golf

Hace tres años y medio escribí una artículo sobre la cadena de canchas de prácticas Top Golf. Ya en aquél momento me pareció una gran idea, sobre todo teniendo en cuenta que tanto la economía como el tiempo libre de que disponemos para jugar al golf en “campo grande” no han mejorado mucho desde entonces. En un lugar como el Top Golf puedes practicar, y al mismo tiempo establecer un tipo de relaciones sociales que seguramente para el estilo de vida de los más jóvenes es mucho más apetecible. El reflejo está en el crecimiento de esta cadena, que hace algo más de un año estableció un acuerdo estratégico con el PGA Tour y la LPGA como herramienta principal de promoción de nuestro deporte.

Dejando de lado el aspecto publicitario, hoy he hablado de Top Golf porque he encontrado un vídeo de un par de culos inquietos que me ha gustado mucho. Se trata del canal “What’s inside?” (¿qué hay dentro?), y que se han dedicado a probar en el radar doppler las bolas que se usan en estas instalaciones…..y también a abrirlas para ver qué hay en su interior. Veamos el vídeo:

Como se puede comprobar, y aunque es cierto que son pocos golpes de prueba, lo cierto es que las bolas de Top Golf vuelan menos que las “normales”. Prácticamente un palo. La explicación supongo que debe tener que ver, como se ve al final de la grabación,  con su proceso de fabricación; introducir un chip en su interior debe comportar limitaciones en los materiales a usar, cuando no incidir directamente en la precisión de los golpes cual escopeta de feria con el cañón doblado. Con un núcleo que cuyo reparto de pesos no se acerca a la perfección de una esfera (el chip es plano y rectangular), el giro de la bola nunca será igual que el de una Titleist.

En definitiva, que si algún día abren uno de estos en Madrid y/o Barcelona (fuera de ahí me parece utópico conseguir cuadrar las cuentas), no se olviden de coger un palo más 😉

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Abe Mitchell

Hoy “toca” recuperar la figura de Abe Mitchell, sobre el que escribí hace unos años con motivo de la Ryder Cup. Esta es su interesante historia 🙂

Empieza una nueva edición de la Ryder Cup y, en los próximos días, veremos en todos los medios de comunicación infinidad de imágenes de la dorada copa que da nombre a la competición. No en vano, este torneo es el tercer evento deportivo de mayor audiencia televisiva tras los Juegos Olímpicos y los mundiales de fútbol. A pesar de ello, solo los más observadores se darán cuenta de la existencia de la pequeña figura en forma de golfista que corona el trofeo. Y, entre los más observadores, solo unos pocos sabrán que ese jugador tenía nombre y apellidos; Abe Mitchell.

Henry Abraham Mitchell nació el 18 de enero de 1887 en Forest Row (Sussex, Inglaterra). Su madre, Mary, lo era en condición de soltera, algo no muy bien visto por la puritana sociedad de la época. Por ello, hicieron pasar a Mitchell por su hermano pequeño y fue criado por los abuelos del niño, George y Sophia.
Afortunadamente para el futuro de nuestro protagonista, en 1893 se estableció en los lindes de la propiedad familiar el Tunbridge Wells & Ashdown Forest Golf Club. Abe Mitchell empezó desde muy pequeño a ejercer de caddie en el lugar, lo que también le permitió recibir clases sobre el mantenimiento del campo y empezar a jugar a golf.

Cuando Mitchell descubrió la mentira sobre su verdadera madre, que se había casado y vivía a escasos metros de la vivienda familiar, el golf se constituyó en su refugio personal. Aunque no era muy alto, el trabajo en el bosque y la casi obsesiva práctica hicieron de él uno de los jugadores más “largos” y rectos de la época. Por ello, ya desde muy joven, empezó a clasificarse en los puestos cabeceros de las competiciones “Open” que se organizaban en su club.

La carrera como amateur de Abe Mitchell fue fructífera. Con 16 años ya se enfrentó a un gran golfista de la época como Horatio Gordon Hutchinson, doble campeón del Amateur Championship en 1886 y 1887, para perder por un solo hoyo. En 1910, tras otra dura contienda ante el mismo rival, que acabó con idéntico resultado, fue el propio Hutchinson el que recomendó a Mitchell como integrante del equipo inglés en su tradicional “match” contra Escocia; la destacada actuación de nuestro protagonista, venciendo por 7&5 a Guy Campbell, ayudó a los ingleses a conseguir su primera victoria de los últimos seis años. Una semana después, Mitchell perdió por 5&4 en Hoylake la semifinal del Amateur Championship ante el mejor jugador del momento y posterior campeón, John Ball. A pesar de la derrota, ese mismo año ganó el famoso Golf Illustrated Gold Vase Stroke Play en Sunningdale, con cinco golpes de ventaja sobre Angus Hambro.

Abe Mitchell (centro, en la fila trasera), con el equipo de Inglaterra en 1910

Su primera incursión en el Open Championship tuvo lugar en la edición de 1911, celebrada en el Royal St George’s. Como le ocurrió durante toda su carrera, cuanto más importante era el torneo y el público que le acompañaba, peor era su rendimiento en el campo de golf. Con dos tarjetas de 80 y 86 golpes, Mitchell ni tan siquiera consiguió pasar la previa de un campeonato que registró una participación récord de 226 jugadores. Al año siguiente, Mitchell volvió a caer ante John Ball, esta vez en la final del Amateur Championship celebrado en el campo más antiguo de Inglaterra; el Royal North Devon Golf Club (popularmente conocido por el topónimo del lugar en el que se encuentra; Westward Ho!) Fiel a su estilo, nuestro protagonista desperdició varias ventajas para conseguir un título que se le escapó en el segundo hoyo del desempate. En 1913, tras ganar por segunda vez el Golf Illustrated Gold Vase stroke play, se pasó al profesionalismo para ver como la 1ª Guerra Mundial interrumpía su progresión como jugador.

Tras volver de la guerra, Abe Mitchell irrumpió en el profesionalismo con fuerza. Tras vencer en el British PGA Match Play Championship de 1919, segundo torneo en prestigio de la época, triunfó en lo que iba a ser lo más parecido a un Open Championship en toda su carrera. A causa de la 1ª Guerra Mundial, el decano de los “majors” no se había celebrado, por lo que se organizó un torneo de similares características en St Andrews al que se llamó el “Victory Open”. Tras acabar empatados en el primer puesto con 312 golpes, Abe Mitchell y George Ducan decidieron desempatar por el título al día siguiente, mientras disputaban una partida de exhibición junto a Harry Vardon y James Braid. Mitchell fue el que firmó la mejor tarjeta del día y, por tanto, el que acabó incluyéndolo en su palmarés.

En 1920, Mitchell repitió triunfo en el British PGA Match Play Championship y llegó al Open que se iba a celebrar en el Royal Cinque Ports en plenitud de facultades. Tras la disputa de las dos primeras rondas, nuestro protagonista lideraba el torneo con suficiencia por seis golpes al haber entregado dos tarjetas de 73 y 74 impactos…….para ver como una horrible tercera vuelta de 84 golpes acababa con sus opciones al triunfo final. Aunque Mitchell se las arregló para firmar un buen 76 en la última ronda, solo pudo ser 4º. Abe Mitchell siguió ganando torneos en Gran Bretaña y también probó suerte en los EEUU, donde cosechó algunas victorias de prestigio como las obtenidas en el Southern Open de 1922 (derrotando a Leo Diegel en el playoff) o en el Miami Open de 1924.

No obstante, el año que marcó el futuro de Mitchell fue 1925. Aunque había conocido a Samuel Ryder dos años antes, cuando nuestro protagonista acudió a un torneo organizado por el famoso comerciante de simientes en el campo de Verulam Golf Club, su amistad cristalizó cuando Ryder contrató como profesor a Mitchell para mejorar su juego.
Las semillas de la Ryder Cup se plantaron por primera vez en 1913, en Versalles. Allí, el equipo galo capitaneado por el ex-campeón del Open Championship Arnaud Massy, derrotó contundentemente al equipo estadounidense en un formato estipulado de partidos fourballs e individuales. En 1921, tras el famoso torneo de las 1.000 guineas celebrado en Gleneagles, se produjo un segundo enfrentamiento por equipos, esta vez entre Gran Bretaña&Irlanda y los EEUU. Con la ayuda de Abe Mitchell, los jugadores británicos vencieron por 9-3 al equipo capitaneado por Walter Hagen, abonando el terreno para el ensayo general que tendría lugar en 1926. En ese año, ya con Abe Mitchell y Samuel Ryder unidos en el propósito de crear la Ryder Cup, se acordó con Hagen que ambos equipos se volvieran a enfrentar. Lastimosamente, una huelga general paralizó el país y algunos de los jugadores estadounidenses no pudieron llegar a tiempo para participar en el envite. Con la ayuda de jugadores escoceses, se recompuso en lo posible el equipo norteamericano, que cayó derrotado inapelablemente por 13 ½ a 1 ½ en el campo de Wentworth.

Walter Hagen, Gene Sarazen, Abe Mitchell y George Duncan

Ante las quejas del bando estadounidense por la baja de varios de sus componentes, se decidió organizar un match a 72 hoyos (36 cada día) entre los dos mejores jugadores de ambos equipos; Abe Mitchell y Walter Hagen. Tras la primera jornada, Mitchell lideraba por cuatro arriba. Conocedor de los problemas de concentración de Mitchell por haber estado presente en la celebración del Open Championship de 1920 que el inglés perdió inexplicablemente, Hagen puso en marcha una de sus marrulleras tácticas. A la mañana siguiente, el jugador estadounidense hizo acto de presencia en el tee de salida 30 minutos más tarde de la hora estipulada con la intención de desestabilizar a Mitchell. Este, fuera de sí, acabó perdiendo estrepitosamente el match ante la mirada de Samuel Ryder, que encargó que se pusiera la conocida figura de su amigo y profesor en la parte superior del trofeo de la Ryder Cup para simbolizar el espíritu de deportividad que debería presidir esta competición.

Como de todos es sabido, 1927 significó la primera edición oficial de la Ryder Cup. La sede elegida para su disputa fue el Worcester Country Club (Massachusetts, EEUU) y el jugador designado para capitaner al primer equipo de Gran Bretaña e Irlanda fue Abe Mitchell. Desafortunadamente para él, una inoportuna apendicitis le impidió viajar en el SS Aquitania rumbo a los Estados Unidos. Sin su presencia ni la del joven Henry Cotton, el equipo británico sucumbió por un claro 9½ a 2½. En 1929, ya con ambos jugadores en el equipo, Gran Bretaña e Irlanda vencieron por 7 a 5 a los estadounidenses ante la atenta mirada de Samuel Ryder. El campo de Moortown (Leeds, Inglaterra) fue testigo del hecho. Mitchell participó también en la edición de la Ryder Cup de 1931 en el Scioto Country Club (Ohio, EEUU) que concluyó con un marcador de 9 a 3 para los norteamericanos.

1933 fue un año de la despedidas para Abe Mitchell. Despedida brillante del equipo de la Ryder Cup con el triunfo de Gran Bretaña e Irlanda por 6½ a 5½ y una actuación estelar de nuestro protagonista (victoria en foursomes por 4&3, y en individuales por 9&8 ante Olin Dutra)……..y despedida amarga de su sueño de conseguir el Open Championship. Empatado en el liderato tras 54 hoyos con Henry Cotton, Syd Easterbrook y Leo Diegel, una última ronda de 79 golpes le apartó definitivamente de la gloria. Nunca más tuvo la oportunidad de conseguir la deseada jarra de clarete. Como triste consuelo, Mitchell ganó la Copa Tooting Bec a la ronda más baja de esa edición por su 68 de la segunda jornada.

Para la inmensa mayoría de nosotros, Abe Mitchell sería actualmente un perfecto desconocido si no fuera por la pequeña figura que corona la dorada copa que con tanto esmero fabricaron los joyeros Mappin&Webb. El homenaje que su amigo y alumno Samuel Ryder le dedicó ha conseguido su propósito; que nadie olvide el importante papel que Abe Mitchell tuvo como uno de los mejores jugadores de su momento y como pionero de la Ryder Cup. Por ello, el epitafio que algún periodista dedicó a Mitchell como “el mejor jugador sin un Open” no debería devaluar la importancia que para el golf tuvo su figura. De hecho, no son muchos los que tiene el honor de haber presidido a lo largo de la historia el trofeo que se entrega al ganador de la competición por equipos más importante del mundo.

El swing de Abe Mitchell

Nota: Este texto ha bebido de las fuentes del excelente artículo de Roger Porter “Abe Mitchel, the man on the Ryder Cup -on the life and career of the great Cantelupe artisan-” Through the green, septiembre de 2008

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Estética vs. Eficiencia (XI)

Hoy, en la entrada del blog, vuelvo a hablar sobre aquellos swings que estéticamente parece que no sirvan ni para impactar la bola pero que en la realidad permiten a sus dueños tener un nivel de juego que ya quisiéramos muchos de nosotros 🙁 La primera invitada del día es una señora a la que se ha visto profusamente en todas las redes sociales las últimas semanas por su particular “estilo” gracias a que jugó un Pro-Am con el profesional del PGA Tour Steve Wheatcroft. Como se puede ver en el vídeo, la susodicha mueve los pies de una manera muy especial, consiguiendo un increíble contacto con la bola que le permite alcanzar distancias muy decentes de casi 200 metros 😯 Esta es la secuencia, más propia de Cuarto Milenio en vez de un blog de golf:

Tras contemplar este misterio, que ríete tú del de Fátima, nos llega este otro jugador. Al principio, todo parece normal…..hasta poco antes de llegar el punto de impacto, cuando todo cambia:

Se podrán decir muchas cosas de ese “finish”, pero la realidad es que el señor clava los golpes e incluso uno de ellos toca la bandera 😯 Que vayan hablando de mí, que el que hace pocas soy yo 🙂

El siguiente en la lista también se encontraba disputando un Pro-Am cuando le grabaron, poniendo de manifiesto que sin girar un ápice los hombros también se puede mover el palo…..con los brazos y las manos. Vean y maravíllense 😯

Para acabar, una toma de un aficionado a nuestro deporte en un campo de prácticas. Dicen muchos entendidos que existe algo llamado “la teoría del ojo dominante”, y de ello hablé en estas dos entradas del blog………..algo que no practica el siguiente jugador. Como se puede ver, su plano de swing y la posición de su cabeza en el backswing son algo “peculiares” 🙂 :

 

 

 

 

 

 

 

 

This is golf 😉

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Chrysto Grayling

Como han podido comprobar los lectores del blog, últimamente tengo muy poco tiempo para escribir. Además, por cuestiones laborales parece que la situación no va a cambiar en un futuro cercano, por lo que voy a publicar poco próximamente. Para paliar la situación en lo posible, voy a hacer un corta-pega de un  artículo que escribí en 2011 en otro espacio virtual sobre Chrysto Grayling, un prometedor jugador al cual la vida trató muy mal, algo que sucede más a menudo de lo que pensamos pero de lo que no nos enteramos porque no suele ser noticia. Esta es su historia:

La historia del golf está llena de futuros dominadores de este deporte de los que nunca más se supo. Uno de ellos, para quién lo recuerde, es Ty Tyron. Futuro nº 1 del mundo, con 16 años se pasó al profesionalismo de la mano de su mentor David Leadbetter y acabó sumido en el más absoluto de los fracasos. Aunque muy poco a poco, de vez en cuando da muestras de la gran clase que en su momento atesoró y nos regala, como ocurrió el año pasado y también en la edición de este año, con una participación en el US Open conseguida en los eventos clasificatorios previos al segundo Major del año…………..pero no es de él de quién quiero hablar.
Allá por el año 2000, Ty Tyron tenía un compañero de equipo al que los usuales agoreros también situaban en el olimpo de los dioses del golf en un breve espacio de tiempo; Chrysto Greyling. Nacido en Sudáfrica, sus padres se trasladaron a los EEUU para poder desarrollar la prometedora carrera en el golf del mayor de sus tres hijos; el mismo tutor que el de Ty Tyron, David Leadbetter, sería el encargado de conseguirlo.
Mejor jugador junior de los EEUU en el año 2000, su destino parecía ser el mismo que el de su compañero Tyron………y, por desgracia, lo fue. Tras jugar su primer evento del PGA Tour con 17 años (El Buick Challenge del año 2000), justo tras llegar a la universidad de Georgia con una beca bajo el brazo, los doctores recetaron a Chrysto un medicamente para el acné resistente llamado Accutane, conocido por tener graves e indeseados efectos secundarios como severas depresiones; al mes de tomar dicho medicamento, Greyling no podía bajar de los 80 golpes…….y a los dos meses de la prescripción, tampoco podía jugar por debajo de los 95. Lo que parecía ser una prometedora carrera en este deporte se tranformó en el juego mediocre de cualquiera de nosotros, los amateurs medios. Todas las alarmas saltaron. La degeneración de las habilidades del jugador sudafricano fueron tan dramáticas que su profesor, David Leadbetter, incluso le recomendó que dejara de jugar al golf para no agravar los efectos de su caída libre y preservar, en lo posible, la confianza y la autoestima de un jugador acostumbrado a jugar sin miedo. No fue suficiente.
Tras buscar una segunda opinión médica, Chrysto Greyling dejó de tomar el Accutane e intentó recuperar su nivel previo de juego………sin éxito. Parecía que el deterioro mental había sido tan grave que el jugador sudafricano no encontraba la confianza necesaria para volver a jugar al nivel al que estaba acostumbrado. Tras pasar unos años jugando circuitos menores, no fue hasta el año 2007 cuando se volvió a saber de él al encontrar su nombre entre los participantes de la escuela de clasificación del PGA Tour. Aunque no consiguió clasificarse para jugar el gran circuito, una plaza entre los 50 primeros clasificados le proporcionó una tarjeta condicionada en el Nationwide Tour. Su primera temporada en la “segunda división” del golf estadounidense no fue precisamente buena, pero parecía en disposición de ir recuperando el juego que una vez le había convertido en una de las sensaciones del momento………aunque Chrysto no sabía que el destino todavía le deparaba un golpe más.
En el año 2009, acuciado por los problemas económicos, su padre, Iaan, se suicidó tras pasar una tarde con su hijo, que intentaba animar a su progenitor para que superara su mal momento. Los remordimientos por no haber podido desarrollar su prometedora carrera y, de esa manera, haber evitado las dificultades financieras de su padre y su muerte, no tardaron en aflorar. Chrysto volvió a hundirse.

Tras superar este dramático episodio de su vida, el joven Greyling volvió a coger los palos de golf y se dedicó a preparar su vuelta a la élite de este deporte. Como él mismo dice, todas las desgracias que le ha tocado vivir le han obligado a madurar. Tras presentarse y superar el torneo clasificatorio local, Chrysto Greyling jugó junto a su amigo Ty Tyron el torneo clasificatorio seccional, en el que ambos consiguieron su sueño de jugar en el difícil campo del Congressional Country Club esta semana. Otra vez juntos. Y no sólo eso; tras dos buenas rondas de 72 y 74 golpes, Greyling superó a su excompañero de equipo y consiguó el hito de superar el corte de este gran torneo. Desde aquí, nos alegramos de tu vuelta, Chrysto; aunque acabes en un puesto en la clasificación general en el que nadie se fije en tu nombre, yo creo que tú ya eres un triunfador. Wellcome back.

¿Quién es el triunfador de la foto del US Open de 2011? En lo personal podría ser perfectamente el desconocido jugador de la izquierda; Chrysto Greyling

Vídeo del 2007 en el que se habla de él y aparece su padre:

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Una de adhesivos

De surrealista se puede tachar lo que le ha sucedido a Ben Crane en el torneo del Web.com Tour de esta semana, el Albertsons Boise Open. El estadounidense, que perdió la tarjeta del PGA Tour por quedar 147º en la clasificación de la Fed-Ex Cup antes de los playoffs, inició la 1ª vuelta del campeonato por el hoyo 10 del Hillcrest CC sin darse cuenta que no había despegado unos pequeños adhesivos para recolectar datos con el TrackMan de la cabeza de su driver y su hierro 6. Esta es la decisión que prohíbe estos adhesivos, que infringen la regla 4-1, ya que convierten el palo en “no conforme”:

Llegado al lugar de salida del hoyo 11, Crane cayó en la cuenta y llamó al árbitro para comunicarle los hechos sobre su driver, por lo que le cayeron los correspondientes dos golpes de penalidad por cada hoyo. Afortunadamente, no lo había usado, lo que le hubiera acarreado la descalificación. Total, cuatro golpes, ya que al no haberlo comunicado antes de abandonar el green del hoyo 10 se consideró que en el 11 también existía infracción. El amigo Ben declaró fuera de juego su “perro gordo” y siguió su ronda….hasta que llegó al hoyo 14. La cuestión es que, a pesar de que sabía que su hierro 6 también llevaba adhesivos, de manera absurda en el hoyo 11 no le comentó nada al árbitro ni lo declaró fuera de juego. En un primer momento, el “referee” le penalizó con 4 golpes más, pero en conversaciones posteriores se estableció que la penalidad más adecuada era la descalificación ya que los momentos en que se comunicó la infracción de ambos palos fueron diferentes y, por tanto, debían tratarse como penalidades separadas. Como estipula el apartado de penalizaciones de la regla 4-1, si un jugador tiene conocimiento de una infracción de esta regla y no declara su palo fuera de juego, está descalificado.

Cualquier palo o palos llevados, que infringen las Reglas 4-1 o 4-2, deben ser declarados fuera de juego comunicándoselo el jugador a su contrario en el Juego por Hoyos (Match Play), o a su marcador, o a un compañero-competidor en el Juego por Golpes (Stroke Play), inmediatamente después de que se ha descubierto que se ha producido una infracción. Sí el jugador no lo hace así, está descalificado

La verdad es que, como he comentado al inicio del artículo, la situación fue bastante extraña….por decirlo suave. Afortunadamente, el jugador se lo tomo con mucha caballerosidad y no despotricó de las reglas sino que dijo que intentaría aprender de su mala experiencia. A buen seguro que nunca se le olvidará 😉

Así se le debió quedar la cara al bueno de Ben 🙁

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Eisenhower y el golf

Cuando uno habla de Dwight D. Eisenhower lo habitual es recordar los numerosos cargos que ostentó durante su vida, como Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas durante la II Guerra Mundial, Presidente de la Universidad de Columbia, 1er Comandante de la OTAN o Presidente de los EEUU. De lo que no se habla tanto es de la especial relación que tuvo con el golf, deporte que empezó a practicar cuando ya tenía cerca de los 40 años.

La realidad es que al amigo “Ike” le “picó el bicho” y le inoculó una dosis brutal del virus del golf. Desde el primero momento, Eisenhower se enamoró de nuestro deporte, con el que no perdió la relación ni siquiera en la etapa final de su vida, en la que sufrió graves problemas de salud. Como muestra, la gran cantidad de veces que visitaba este tipo de instalaciones, incluso durante su mandato de ocho años al frente de la Casa Blanca (1953-1961). En dicho periodo, se estima que el entonces presidente jugó aproximadamente 1000 rondas durante este periodo de tiempo, llegando incluso a instalar un “putting green” en el jardín del palacio presidencial para practicar cuando tuviera un momento de asueto.

Eisenhower, golpeando bolas hacia el putting green

Tan poco exigente él, tenía como campo favorito al Augusta National. No es que no visitara otros recorridos, pero siempre que podía se pasaba por Georgia a jugar unos hoyos con su amigo y co-fundador del campo Bobby Jones. A esa afición por el golf se le unió el amor por la pintura que Winston Churchill le inculcó durante la II Guerra Mundial. Aunando ambas aficiones, el ex-presidente de los EEUU pintó a varios jugadores de fama mundial. Arnold Palmer fue uno de ellos, retrato que “The King” tenía colgado en su despacho como una de sus posesiones más preciadas.

Su relación era muy estrecha

Otro de los que acabaron plasmados en un óleo fue el anteriormente mencionado Jones, del que “Ike” pintó un retrato que le regaló en 1953. En esta imagen recopilada por la cuenta de Twitter @pgahistorybug se puede contemplar el momento. Por supuesto, Eisenhower lleva puesta la chaqueta verde de socio.

Para los más curiosos, decir que su handicap no fue excesivamente bajo (osciló entre el 14-18) por culpa de una lesión de rodilla jugando al fútbol americano en su juventud que lastró su progreso. Nunca se supo a ciencia cierta su nivel de juego ya que tenía prohibido que se hablara de cuantos golpes había hecho en cada ronda, aunque bien visto, casi que da igual si puedes visitar los mejores campos de los EEUU gratis 🙂

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¿Consejo?

Hace unos días, las principales webs relacionadas con el golf publicaban en las redes sociales un curioso vídeo en el que se podía ver a Phil Mickelson conversando con un niño mientras esperaba para jugar su golpe en un Pro-Am. Es este:

 

Para los que no entiendan el inglés, esto es lo que hablan entre ellos:

  • (PM): ¿Tú irías a por el green desde el rough o harías un “lay up?”.
  • Niño: Si yo pudiera pegar 238 metros con la madera 3, seguramente iría a por el green.
  • (PM): Me gusta tu manera de pensar
  • (PM, tras pegar el golpe): Puedes hacerme de caddie cuando quieras.

Este divertido momento se ha convertido en el ámbito de las reglas en una discusión teórica sobre los límites de la regla 8, que nos habla de pedir o recibir consejo. Efectivamente, la regla 8-1 dice:

8-1. CONSEJO
Durante una vuelta estipulada, un jugador no debe:
a. dar consejo en la competición a cualquiera que esté jugando en el campo que no sea su compañero,
o
b. pedir consejo a cualquiera que no sea su compañero o cualquiera de sus caddies.

Así pues, he visto como en alguna cuenta sobre reglas en las RRSS se ha interpretado la pregunta de Phil Mickelson como una posible solicitud de consejo, algo que a mi me parece algo exagerado. Si buscamos su definición, es esta:

CONSEJO
“Consejo” es cualquier parecer o sugerencia que pudiera influir en un jugador para determinar su
juego, la elección de un palo o el modo de ejecutar un golpe.

Personalmente, considero que Mickelson ya había decidido con anterioridad a la conversación la manera en que iba a jugar su siguiente golpe. De hecho, ya tiene en sus manos el palo que posteriormente usará cuando decide hablar con el niño, por lo que no creo que la respuesta del menor hubiera podido hacer cambiar la manera de jugar del estadounidense. Hay que interpretar su intercambio de palabras como un momento casual, entroncado claramente en el deseo del jugador por hacerle una pregunta simpática al niño. Por lo tanto, dudo mucho que exista ninguna infracción en la conducta del profesional. Otro caso curioso para guardar en la memoria 😉

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Adiós a Sant Joan

Este artículo podría perfectamente ser considerado como de ficción y empezar así: “Ando de vacaciones desde hace un par de días, en un hotel cerca de la playa. Iba todo bien hasta que han comenzado a suceder cosas raras.” Lamentablemente, la surrealista situación que voy a relatar la he sufrido en mis carnes, con lo que el único nexo con la historia de Manuel Bartual sería un inicio parecido al de sus tweets, tal que así:

Prólogo:

Volví de vacaciones el miércoles pasado y, al día siguiente, me fui a dar unas bolas al campo de prácticas del Golf Sant Joan. Aparqué el coche, saqué la bolsa de palos y me dirigí a la máquina expendedora de bolas. Iba todo bien hasta que han comenzado a suceder cosas extrañas.

Capítulo 1:

Al llegar a la máquina con la cesta en la mano, observo como tres personas ya maduras empiezan a poner monedas en la misma…sin que salga una sola bola de ella. Me fijo en los agujeros del lateral y compruebo que no hay ni una sola, cosa que les explico. Mi consejo es llamar a recepción para que alguien recoja bolas con el carro, las meta en la máquina y devuelva las monedas a sus propietarios. Delante mío, uno de ellos coge su teléfono y marca el número. Es inútil; salta un mensaje que dice que están fuera del horario de trabajo 😯 Son las 17:45 y el campo cierra a las 21:00 horas 😯

Capítulo 2:

Hay una máquina en el piso superior, pienso, pero solo acepta monedas de 2 euros. Subo, empiezo a calentar, y aparece otro señor con la cesta en la mano. Mete una moneda de 2 €….y no sale ni una bola. Me pregunta y le explico lo sucedido anteriormente con recepción. Llama igualmente y obtiene el mismo resultado 😯 Tengo una moneda de 2€ en el bolsillo pero no me atrevo a meterla en la máquina por miedo a que no me dé las bolas. A esas alturas, varias personas ya están dentro del campo de prácticas, recogiendo las bolas que están en el suelo 😯

Capítulo 3:

Al final, sabiendo que el almacén del personal de mantenimiento está próximo, me acerco a ver si localizo a alguien. Entro por la puerta, que está abierta de par en par…….y no hay nadie dentro. Llamo levantando la voz, pero allí solo hay vehículos y una oficina sin nadie dentro. Visto lo visto, no me queda más remedio que subir la pronunciada cuesta que lleva a recepción, donde encuentro a una chica a la que explico el problema. Me dice que envía a alguien, y yo, en mi inocencia, creo que el problema se ha solucionado.

Capítulo 4:

Bajo otra vez al campo de prácticas y, al cabo de un rato, veo que se acerca un buggy. Me dirijo a la persona que lo conduce para intentar explicarle cual es el problema y…..no habla español 😯 Me pide mediante gestos que le dé una moneda para sacar las bolas, y de la misma manera consigo que entienda que el problema es que la máquina no tiene. En ese momento aparece otro operario y esta persona le habla en un idioma que parece ruso. El segundo operario se dirige al carro y empieza a recoger bolas. A estas alturas son casi las 19:00 y ya no me da tiempo a pegar bolas. Pateo un poco y me voy a casa, no sin antes hablar con personas conocedoras del caso que me explican lo siguiente.

Capítulo 5:

En el golf Sant Joan ya casi no trabaja prácticamente nadie español porque hace un tiempo que se marcharon al no pagarles los sueldos durante meses. Hay un solo operario de mantenimiento para 18 hoyos, y otro para el campo de prácticas, y parece que son de la misma nacionalidad de los últimos gestores (ucranianos). Quedan dos secretarias españolas, que no tardarán mucho en irse por los mismos motivos. La causa de que no cojan el teléfono es que no funciona la línea, seguramente por falta de pago. Lo mismo sucede con otros servicios del campo, como el agua. Vean el estado de la calle del hoyo 18, un auténtico erial:

Epílogo:

Una vez dicho esto, no creo que la hipótesis sobre su futuro sea muy complicada de elaborar; este campo “morirá” en las próximas semanas. Supongo que habrá que “darle las gracias” a la Federación Catalana de Golf, por traspasar la gestión de unas instalaciones a las que dejaron hundirse por no querer aceptar abonados para no perjudicar a los campos privados de donde eran socios sus dirigentes. Eso sí, mientras ellos se gastaban decenas de miles de euros en coches caros y se compraban un piso en el centro de Barcelona cuando las instalaciones del campo eran perfectas para ser sede federativa. Buena gestión, lo llaman estos cretinos. Y el ocaso de este campo tampoco es algo que desconozcan, ya que me consta que algunos de sus directivos van a dar bolas allí. Por lo que tengo entendido, al ser un campo público solo se puede traspasar la gestión. Ahora está por ver si los lumbreras de la Federación Catalana son los que pusieron los avales para esta transacción, con lo que la patata caliente volverá a estar en sus manos. Eso sí, durante los años en que no hemos tenido campo público han seguido cargando al federado en la cuota los 18 € de sobrecoste con respecto a la mayoría de territoriales del resto de España. Y, encima, el actual presidente electo de la catalana era el vicepresidente del impresentable de Alberto Durán, que se cargó al 25% de los federados a su cargo con sus políticas. Patético es decirlo muy suave. Descansa en paz, Sant Joan.

 

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Gadgets XVII

Todo lo bueno se acaba, y por supuesto las vacaciones están incluidas en el paquete. Tampoco creo que me equivoque si digo que estas últimas son las que pasan más rápido de todas 🙁 Tras estos días de asueto, me he dado cuenta que tenía acumulado suficiente material como para retomar la serie de artículos sobre los “gadgets” que utilizan los mejores pros 🙂 El primer invitado es Andrew Johnston, al que se vio en el putting green del Open de Francia con su entrenador, practicando de esta guisa:

Supongo que la varilla tenía dos propósitos; por una parte colocar las manos en el lugar adecuado en el “setup”, y por otro asegurarse que en el “follow through” las manos también la tocaban para “rodar” la bola en vez de darle un golpe seco.

La segunda protagonista es la jugadora checa del Ladies European Tour Klara Spilkova. En este vídeo grabado en el Open Championship femenino, la podemos ver utilizando una cinta elástica para evitar el tan temido “sway” (desplazamiento lateral de la cadera). Así, resistiendo a la tensión, mantiene la cadera centrada y rotando.

El tercero en la lista es Ben Evans, que nos demuestra que los trucos clásicos son como los viejos rockeros, que nunca mueren. En esta filmación previa al Made in Denmark se le puede ver utilizando la consabida toalla en ambas axilas, un “tip” que jamás he conseguido llevar a cabo con éxito. Será por eso que soy un paquete de jugador 🙁

Para acabar, la demostración de que en golf está casi todo inventado. En este anuncio de 1921 se puede contemplar la aparición del primer zapato multitacos, algo que en aquella época debió sonar a chino. A veces, lo importante es el momento de la aparición de la novedad antes que su utilidad. Unos adelantados a su tiempo, los de Stedman Products Company (vía Anthony Pioppi):

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Stalag Luft III y la gran evasión

Traigo hoy otra curiosa historia que escribí hace ya años para otra web ya finiquitada. Trata sobre como los prisioneros británicos de la II Guerra Mundial se las arreglaron para jugar al golf en los campos de concentración, y reza así:

Stalag Luft III y la gran evasión

Curiosamente, para entender el sentido de este artículo, hace falta empezar hablando de cine en vez de hacerlo de golf. Los que ya hemos superado los cuarenta años tenemos todavía presentes en nuestra memoria escenas de muchas de las superproducciones bélicas que se filmaron en los EEUU en las décadas de los años 60. Una de esas imágenes, por lo menos en lo que a mí respecta, corresponde a la película “La Gran Evasión”, obra del excelente director John Sturges (Los siete magníficos, El último tren de Gun Hill o Duelo de titanes, entre otras). En ella, se puede ver a Steve McQueen sentado en la celda de castigo del campo de concentración nazi en el que se encontraba, botando una pelota de béisbol contra la pared, a la espera de que finalice su periodo de aislamiento por haber intentado fugarse una vez más.

No es que Steve McQueen no tenga ninguna relación con el golf, que la tiene, sino que el nexo causal entre el cine y el golf es el lugar donde se desarrollaba la película, que al estar basada en un hecho real tenía un emplazamiento conocido; Stalag Luft III. Este campo de concentración, pensado para albergar mayoritariamente a oficiales de la RAF, estaba ubicado en un bosque adyacente a la ciudad de Sagan (actualmente en Polonia) y estaba compuesto por varios recintos. La noche del 24 al 25 de marzo de 1944, 76 prisioneros escaparon del campo norte a través de un túnel de más de 100 metros de longitud en la fuga más famosa de la II Guerra Mundial. Solo tres de ellos consiguieron el objetivo de alcanzar su país de origen y el resto fueron capturados. 50 de los aprehendidos fueron posteriormente fusilados por decisión personal de Adolf Hitler como represalia por sus actos.

Steve McQueen, en un bunker durante una escena de la película “El caso de Thomas Crown”. El campo es el Belmont Country Club

Stalag Luft III (Stammlager der Luftwaffe III) estaba gestionado por la fuerza aérea alemana y era un campo de concentración en el que no existían los “trabajos forzados”. Por ello, en su interior, los oficiales de la RAF tenían la posibilidad de practicar diversos deportes; fútbol, boxeo o gimnasia eran algunas de las actividades que allí se desarrollaban. Uno podría pensar que en aquel pequeño lugar no había espacio para más pero, al ser británicos sus forzados habitantes, no podía faltar el golf en sus vidas. Por inverosímil que pueda parecer en la actualidad, en su interior incluso existió un recorrido de 18 hoyos.

Todo empezó cuando al piloto de la RAF Sidney Smith se le hizo entrega por parte de la Cruz Roja de un palo de golf (un “mashie”, para ser más concretos). Una vez en posesión de ese pequeño “tesoro”, aquellos que con anterioridad se habían dedicado a practicar nuestro deporte empezaron a pensar seriamente en como poder retomar esta actividad. A pesar de las circunstancias en las que se encontraban, la imaginación de los cautivos trabajó a pleno rendimiento para conseguir lo que debía ser su primer objetivo; fabricar algo parecido a una bola de golf para poder jugar.

Este primer escollo se superó tallando una esfera en madera de pino de una pulgada y media de diámetro, a la que confeccionaron una cubierta de tela. Dicho envoltorio se rellenaba de lana y algodón para intentar darle un tacto algo más blando. Debido a sus características, esta bola solo cubría 55 metros de distancia con un swing completo, por lo que el par del campo de 18 hoyos y 1.116 metros de longitud quedó establecido en 55 golpes.

La siguiente “evolución” de material se dio cuando la cubierta de una de estas bolas se rompió y los oficiales de la RAF se vieron obligados a repararla con esparadrapo que la Cruz Roja les facilitó. Tras comprobar el buen comportamiento que la nueva cobertura tenía, el resto también se cubrieron con este tipo de tela adhesiva.

La última revolución en cuanto a bolas se refiere llegó de la mano de un grupo de prisioneros entre los que se encontraba el navegante de la RAF Ronnie Morgan. Con cuero proviniente de las petacas de tabaco, y también utilizando la goma de las suelas de las botas, estos aprendices de “clubmaker” empezaron a confeccionar bolas de gran calidad que se dice que incluso podían cumplir con las especificaciones de medidas y peso establecidas por el R&A. En el museo de la USGA se guardan dos especímenes, en los que se puede apreciar el excelente trabajo realizado a la hora de coser el cuero que envolvía la bola.

Los “clubmakers” del campo también empezaron a fabricar palos y la afición por el juego entre los prisioneros creció. Además de los que ya lo habían practicado con anterioridad, muchos otros se animaron a probar el golf. Por ello, cada día se empezaba a jugar a las 08:30 de la mañana y se acababa cuando se ponía el sol. Para hacer más interesantes las partidas, incluso se organizaban torneos por equipos entre los diferentes barracones o se disputaba una especie de pentatlón en el que el golf era una de las disciplinas bajo las que se competía (cricket, béisbol, fútbol y rugby eran los otros cuatro).

Gran expectación en uno de los improvisados “greens” de Stalag Luft III

El comandante Friederich Wilhelm Von Lindeiner-Wildau, responsable del campo, era un oficial de la Luftwaffe que había tenido un papel protagonista en la I Guerra Mundial. Culto y con un excelente dominio del idioma inglés, toleraba que los prisioneros jugaran a golf a pesar de que frecuentemente se rompían los cristales de las ventanas de los edificios del campo de concentración (en época de guerra, el vidrio era un material de gran valor y de dificil reposición).

En enero de 1945, los ocupantes de Stalag Luft III fueron evacuados de sus instalaciones al acercarse al lugar el ejército ruso. Obligados a andar varios cientos de kilómetros hasta las cercanías de Nuremberg, finalmente fueron trasladados a Moosburg (cerca de Munich), de donde fueron liberados definitivamente en abril de 1945 por el ejército del General Patton. Aunque tuvieron que dejar tras de sí todo su material de golf, tras alcanzar la libertad seguro que no echaron de menos las largas jornadas de golf del campo de concentración. Una historia con final feliz que perfectamente podría haber servido de argumento para una película. Aunque, como se suele decir, la realidad siempre acaba superando a la ficción.

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