Stalag Luft III y la gran evasión

Traigo hoy otra curiosa historia que escribí hace ya años para otra web ya finiquitada. Trata sobre como los prisioneros británicos de la II Guerra Mundial se las arreglaron para jugar al golf en los campos de concentración, y reza así:

Stalag Luft III y la gran evasión

Curiosamente, para entender el sentido de este artículo, hace falta empezar hablando de cine en vez de hacerlo de golf. Los que ya hemos superado los cuarenta años tenemos todavía presentes en nuestra memoria escenas de muchas de las superproducciones bélicas que se filmaron en los EEUU en las décadas de los años 60. Una de esas imágenes, por lo menos en lo que a mí respecta, corresponde a la película “La Gran Evasión”, obra del excelente director John Sturges (Los siete magníficos, El último tren de Gun Hill o Duelo de titanes, entre otras). En ella, se puede ver a Steve McQueen sentado en la celda de castigo del campo de concentración nazi en el que se encontraba, botando una pelota de béisbol contra la pared, a la espera de que finalice su periodo de aislamiento por haber intentado fugarse una vez más.

No es que Steve McQueen no tenga ninguna relación con el golf, que la tiene, sino que el nexo causal entre el cine y el golf es el lugar donde se desarrollaba la película, que al estar basada en un hecho real tenía un emplazamiento conocido; Stalag Luft III. Este campo de concentración, pensado para albergar mayoritariamente a oficiales de la RAF, estaba ubicado en un bosque adyacente a la ciudad de Sagan (actualmente en Polonia) y estaba compuesto por varios recintos. La noche del 24 al 25 de marzo de 1944, 76 prisioneros escaparon del campo norte a través de un túnel de más de 100 metros de longitud en la fuga más famosa de la II Guerra Mundial. Solo tres de ellos consiguieron el objetivo de alcanzar su país de origen y el resto fueron capturados. 50 de los aprehendidos fueron posteriormente fusilados por decisión personal de Adolf Hitler como represalia por sus actos.

Steve McQueen, en un bunker durante una escena de la película “El caso de Thomas Crown”. El campo es el Belmont Country Club

Stalag Luft III (Stammlager der Luftwaffe III) estaba gestionado por la fuerza aérea alemana y era un campo de concentración en el que no existían los “trabajos forzados”. Por ello, en su interior, los oficiales de la RAF tenían la posibilidad de practicar diversos deportes; fútbol, boxeo o gimnasia eran algunas de las actividades que allí se desarrollaban. Uno podría pensar que en aquel pequeño lugar no había espacio para más pero, al ser británicos sus forzados habitantes, no podía faltar el golf en sus vidas. Por inverosímil que pueda parecer en la actualidad, en su interior incluso existió un recorrido de 18 hoyos.

Todo empezó cuando al piloto de la RAF Sidney Smith se le hizo entrega por parte de la Cruz Roja de un palo de golf (un “mashie”, para ser más concretos). Una vez en posesión de ese pequeño “tesoro”, aquellos que con anterioridad se habían dedicado a practicar nuestro deporte empezaron a pensar seriamente en como poder retomar esta actividad. A pesar de las circunstancias en las que se encontraban, la imaginación de los cautivos trabajó a pleno rendimiento para conseguir lo que debía ser su primer objetivo; fabricar algo parecido a una bola de golf para poder jugar.

Este primer escollo se superó tallando una esfera en madera de pino de una pulgada y media de diámetro, a la que confeccionaron una cubierta de tela. Dicho envoltorio se rellenaba de lana y algodón para intentar darle un tacto algo más blando. Debido a sus características, esta bola solo cubría 55 metros de distancia con un swing completo, por lo que el par del campo de 18 hoyos y 1.116 metros de longitud quedó establecido en 55 golpes.

La siguiente “evolución” de material se dio cuando la cubierta de una de estas bolas se rompió y los oficiales de la RAF se vieron obligados a repararla con esparadrapo que la Cruz Roja les facilitó. Tras comprobar el buen comportamiento que la nueva cobertura tenía, el resto también se cubrieron con este tipo de tela adhesiva.

La última revolución en cuanto a bolas se refiere llegó de la mano de un grupo de prisioneros entre los que se encontraba el navegante de la RAF Ronnie Morgan. Con cuero proviniente de las petacas de tabaco, y también utilizando la goma de las suelas de las botas, estos aprendices de “clubmaker” empezaron a confeccionar bolas de gran calidad que se dice que incluso podían cumplir con las especificaciones de medidas y peso establecidas por el R&A. En el museo de la USGA se guardan dos especímenes, en los que se puede apreciar el excelente trabajo realizado a la hora de coser el cuero que envolvía la bola.

Los “clubmakers” del campo también empezaron a fabricar palos y la afición por el juego entre los prisioneros creció. Además de los que ya lo habían practicado con anterioridad, muchos otros se animaron a probar el golf. Por ello, cada día se empezaba a jugar a las 08:30 de la mañana y se acababa cuando se ponía el sol. Para hacer más interesantes las partidas, incluso se organizaban torneos por equipos entre los diferentes barracones o se disputaba una especie de pentatlón en el que el golf era una de las disciplinas bajo las que se competía (cricket, béisbol, fútbol y rugby eran los otros cuatro).

Gran expectación en uno de los improvisados “greens” de Stalag Luft III

El comandante Friederich Wilhelm Von Lindeiner-Wildau, responsable del campo, era un oficial de la Luftwaffe que había tenido un papel protagonista en la I Guerra Mundial. Culto y con un excelente dominio del idioma inglés, toleraba que los prisioneros jugaran a golf a pesar de que frecuentemente se rompían los cristales de las ventanas de los edificios del campo de concentración (en época de guerra, el vidrio era un material de gran valor y de dificil reposición).

En enero de 1945, los ocupantes de Stalag Luft III fueron evacuados de sus instalaciones al acercarse al lugar el ejército ruso. Obligados a andar varios cientos de kilómetros hasta las cercanías de Nuremberg, finalmente fueron trasladados a Moosburg (cerca de Munich), de donde fueron liberados definitivamente en abril de 1945 por el ejército del General Patton. Aunque tuvieron que dejar tras de sí todo su material de golf, tras alcanzar la libertad seguro que no echaron de menos las largas jornadas de golf del campo de concentración. Una historia con final feliz que perfectamente podría haber servido de argumento para una película. Aunque, como se suele decir, la realidad siempre acaba superando a la ficción.

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