Homenaje a Sandy Tatum

Ayer se supo del fallecimiento de Sandy Tatum una de las figuras más importantes del golf en los EEUU. En homenaje, rescataré un artículo que escribí en 2011 para una web ya inactiva y que creo que nos puede dar una idea de cuanto amaba este deporte. Ya sin más dilación, días de luces y sombras 🙂

“Corría la primavera del año 1942 y en el equipo de golf de la Universidad de Stanford los nervios estaban a flor de piel. No había suficiente con que su país se hubiera incorporado pocos meses antes al bloque aliado para hacer frente a la amenaza nazi sino que, ahora, producto de las restricciones presupuestarias derivadas de la entrada de los EEUU en la segunda guerra mundial, circulaban rumores por el campus de que el previsto viaje a la lejana Indiana para disputar la final nacional de los campeonatos de la NCAA tenía visos de no llegar a producirse nunca. Frank Donovan Tatum Jr, “Sandy” Tatum para sus amigos, compartía los temores de sus compañeros de equipo; eran los actuales campeones del evento y querían tener la posibilidad de defender el título conseguido en las instalaciones de Ohio State, en concreto en el recorrido Scarlet, uno de los dos campos diseñados por Alister McKenzie para dicha universidad.

Al día siguiente, su entrenador, el siempre impecablemente vestido Eddie Twiggs, los convocó a una reunión nada más comenzar el entrenamiento. Con voz grave y gesto compungido, les informó que la universidad había considerado que los 2.500 dólares que costaba el desplazamiento de seis personas hasta las instalaciones de la universidad de Notre Dame era un gasto que, en tiempos de guerra, no podían permitirse. En estado de shock, los miembros del equipo no conseguían reaccionar tras la confirmación de sus más profundos temores…….excepto “Sandy” Tatum. En aquel momento, Tatum tomó la firme decisión de luchar contra los molinos de viento y conseguir el dinero. En lo primero que pensó fue en hablar con la persona que había decidido negarles la defensa de su corona de campeones, el Rector de la universidad, Ray Lyman Wilbur.

Tatum sabía que convencer a Wilbur era tarea imposible; a pesar de ser considerado una buena persona, el rector de la universidad también era conocido por ser muy estricto, un rasgo de su carácter muy apreciado por el presidente de los EEUU Herbert Hoover, y que le había permitido ser nombrado incluso Secretario de Estado de Interior de su país entre 1929 y 1933. Si había tomado aquella decisión, ahora no se iba a echar atrás. A pesar de ello, nuestro protagonista era conocedor de que necesitaba su permiso para poder llevar a cabo su plan B; recaudar ellos mismos el dinero para ir al campeonato de la NCAA.
Tras pasar un rato escuchando la inverosímil propuesta del joven que tenía enfrente, Ray Lyman Wilbur se quedo un momento meditando. Acto seguido, se inclinó hacia su escritorio, sacó su talonario de cheques del cajón del mismo y comenzó a escribir. Tras consignar la cantidad de 25 dólares en el espacio en blanco destinado a la cantidad, extendió su brazo hacia Sandy Tatum y le deseó suerte en su empresa.

Tatum se lanzó a la aventura de conseguir reunir la cantidad de dinero necesaria para el viaje. Dando muestras de una perseverancia y un poder de persuasión que posteriormente marcarían el resto de su vida, “Sandy” organizó diferentes eventos en la universidad y, finalmente, la pequeña caja donde guardaba todo lo recaudado en ellos acabó por contener la tan ansiada cantidad de 2.500 dólares. Su tremenda determinación habia dado sus frutos y al cabo de pocas semanas el equipo de golf de la Universidad de Stanford se subió a un tren en Oakland para iniciar el largo viaje de tres días que les iba a llevar hasta el otro extremo del país, al estado de Indiana, a defender su honor.

“Sandy” Tatum no era un jugador con unas excepcionales dotes para el golf. Era un buen amateur que había elegido su universidad movido por el amor que su padre le había inculcado por el golf. En su último año como estudiante, había conseguido ascender al tercer puesto del equipo y, por ello, ni él ni sus compañeros hubiera imaginado nunca el tipo de experiencias que les iba a tocar vivir en los siguientes días. Extraordinariamente motivado por todas las dificultades que había tenido que superar para estar allí, “Sandy” Tatum comenzó la competición por equipos rindiendo a un nivel nunca visto en él con anterioridad. Sus compañeros se quedaron asombrados cuando Tatum fue capaz de completar las dos vueltas de que constaba el torneo en solo 146 golpes, llevando a su equipo a la victoria, empatados con la Universidad de Lousiana, con un total de 590 golpes acumulados.

De izquierda a derecha, el entrenador Eddie Twiggs, Sandy tatum, George Traphagen, Frank McCann y Bud Brownell.

En la competición individual, celebrada en formato Match play, había 64 jugadores clasificados. “Sandy” Tatum, que se consideraba él mismo como un jugador inferior con respecto a muchos de sus oponentes, dió cuenta de todos sus rivales en las cinco primeras rondas, incluyendo al futuro miembro del equipo de la Walker Cup y Campeón Senior Amateur de la USGA Dale Morey, en cuartos de final.
En la final le esperaba un hueso duro de roer: Manuel de la Torre. Hijo del primer profesional español de la historia y alumno del reputado profesor Ernest Jones, de la Torre se convertiría posteriormente, entre otros títulos, en quíntuple campeón del Open del Estado de Wisconsin. También llegaría a ser jugador del PGA Tour y uno de los profesores más reconocidos de los EEUU.

En una final prevista a 36 hoyos, en el turno de la mañana “Sandy” Tatum jugó por debajo del par del campo y dejó la final prácticamente decidida. Por la tarde, remató la faena y se acabó imponiendo por un claro 5&4 a De la Torre. Preguntado sobre su oponente, De la Torre manifestó que lo había intentado con todas sus fuerzas pero que pudo sentir que el deseo de ganar de su contrario era superior al suyo.
Tras vencer, a la primera persona a la que llamó fue a su padre. La emoción solo le permitió decir una frase; “Papá, he ganado”. Tuvo que pasar un rato hasta que ninguno de los dos pudo decir una palabra más.

A la izquierda, Sandy Tatum. A la derecha, Manuel de la Torre

Hoy en día, “Sandy” Tatum tiene 91 años. Tras su épica victoria, nunca más consiguió un rendimiento semejante en un campo de golf. Tras la universidad, obtuvo una beca Rhodes, desarrolló una exitosa carrera como abogado y perteneció al Comité Ejecutivo de la USGA entre 1972 y 1980, siendo su presidente los dos últimos años. Incluso diseñó cuatro campos de golf y es miembro del salón de la fama de los deportes de San Francisco. No obstante ello, cuando habla de lo sucedido en 1942, dice:
“Cada jugador, sin importar su habilidad, debería tener al menos un momento -un torneo, o una ronda, o un solo golpe- que q ueden en su memoria para poder recordarlo un momento antes de dormirse o para reconfortarle en medio de una crisis”
Para Tiger Woods, podría ser el Open Championship que ganó justo después de la muerte de su padre y que le tuvo varios minutos llorando en el green tras embocar el putt final. Para Bill Murray podría ser el AT&T Pebble Beach National Pro Am de este año. Para “Sandy” Tatum fue el Campeonato de la NCAA de 1942. Ese fue su “Gran Slam”. De ello puede dar fe la admirablemente bien conservada carpeta de cuero en la que, cariñosamente, su madre ordenó todos los recortes de periódico y telegramas conmemorativos de la ocasión y que Tatum todavía guarda en el cajón de su mesita de noche para releerlo de vez en cuando, antes de dormir.”

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