Los 3 grandes caddies (III); Alfred “Rabbit” Dyer

Tras Ernest “Creamy” Carolan y Angelo Argea, nuestro último protagonista en esta serie de artículos sobre los grandes caddies es Alfred “Rabbit” Dyer, el hombre que llevó la bolsa de Gary Player desde 1972 hasta 1990.

Hace un tiempo, hablába en el blog sobre las vidas de dos jugadores afroamericanos como Charlie Owens y Lee Elder. Su biografía, como la de muchos otros de su grupo étnico, nos hablaba de una familia de extracción social muy humilde y de unos inicios en el golf ejerciendo de caddies con el objeto de contribuir de alguna manera a mejorar la economía común. Además, por los tiempos en que les tocó vivir, también se encontraron con innumerables problemas relacionados con la segregación racial existente en los EEUU. El caso de Alfred Dyer no es muy diferente, con la salvedad de que él no intentó nunca dedicarse profesionalmente al golf sino que prefirió dedicar su vida a ayudar a los mejores jugadores.

Continuador de la tradición familiar (su padre también era caddie), Dyer empezó a ejercer esta actividad a los 9 años en el mismo campo que su progenitor, el Metairie Country Club de Nueva Orleans (Louisiana). Mientras compaginaba trabajo y estudios, Dyer fue aprendiendo los entresijos de su empleo hasta que un día le comunicaron que se iba a celebrar un partido de exhibición en Nueva Orleans y que había llegado el momento de acompañar a su primer jugador profesional. La sorpresa fue mayúscula para Dyer cuando vio que dos de los integrantes de la partida eran, nada más y nada menos, que a Sam Snead y Ben Hogan. Su estupefacción fue todavía mayor cuando supo que este último jugador era al que había sido asignado. Casi se podría decir que su bautismo de fuego fue un anticipo de la notoriedad que posteriormente le esperaría en su carrera como caddie.

A finales de la década de los ’50, una vez completados sus estudios en el instituto, Dyer se dedicó de pleno a su profesión. Empezó por trabajar en el “Southern Swing”, un pequeño circuito profesional del sur de los EEUU, y posteriormente dirigió sus pasos hacia el PGA Tour. Acompañó a Tony Lema en su triunfo en el Hesperia Open Invitational de 1961 y, en 1962 tuvo su primer encuentro con Gary Player. El padre de Dyer había acompañado a Player en el New Orleans Open de 1960 pero dos años más tarde fue nuestro protagonista el que llevó la bolsa del gran jugador sudafricano. Tras finalizar en quinto lugar, sus caminos se separaron y Dyer continuó su carrera como caddie en el circuito norteamericano llevando la bolsa de jugadores tan importantes como Arnold Palmer, Lee Treviño, Dave Stockton u Homero Blancas.

La vida del caddie, y más cuando este era de raza negra, no era nada fácil en aquellos tiempos. Nuestro protagonista se veía obligado a viajar por todo el país en los famosos autobuses “Greyhound”, ocupando los asientos segregados para los afroamericanos. Como tampoco podía acceder a los vestuarios por el color de su piel, tenía que cambiarse de ropa en el bosque o en los parkings de los clubs de golf. Dyer incluso recuerda al jugador profesional Charlie Sifford (http://www.cronicagolf.com/bill-spiller-y-charlie-sifford-rebeldes-con-causa/) cambiándose junto él en el parking del Colonial C. C. y maldiciendo la política racial del PGA Tour.
En el plano económico, los ingresos tampoco eran regulares. A comienzos de la década de los años ’60, todavía no se había implantado el actual sistema de caddies fijos, algo que no sucedería hasta que Angelo Argea empezara a trabajar para Jack Nicklaus. El sistema que usualmente se utilizaba para asignar los caddies a los jugadores era el “grab bag”, una especie de lotería que determinaba los emparejamientos. Por ello, era la suerte la que muchas veces decidía si el caddie iba a obtener un salario decente aquella semana o no.

En 1972 se produjo el reencuentro entre Alfred Dyer y Gary Player. Mientras nuestro protagonista se encontraba trabajando en el PGA Championship de ese año en Oakland Hills, coincidió con Player y acordaron que, si el jugador sudafricano ganaba el torneo, Dyer le acompañaría en el World Series of Golf que se iba a disputar la semana siguiente. Tras conseguir Player su sexto “major”, tal y como habían pactado, Dyer acompañó al “caballero negro” a su próximo campeonato donde lograron también la victoria. Desde ese día, sus caminos no se volvieron a separar hasta 18 años después, consiguiendo decenas de victorias alrededor del mundo.

Más allá de lo estrictamente deportivo, hubo dos incidentes que marcaron a Dyer en lo personal. En primer lugar, el viaje que realizó a Sudáfrica ese mismo año 1972 junto a Player para ser el primer caddie negro norteamericano en trabajar en ese país. Recuerda Dyer que, mientras conducía por la autopista, varios coches intentaron sacarlo de la carretera mientras le recordaban su condición de afroamericano. Durante el pro-am del torneo, un jugador local de físico imponente llamado Ben Baker se dirigió a él, le agarró y empezó a insultarle ante todos los presentes pensando que el caddie se acobardaría. Dyer, que medía 1’98 y había sido un destacado jugador de baloncesto de su instituto (su apodo, Rabbit, que significa “conejo”, se lo ganó por la altura de sus saltos), le noqueó de un puñetazo, dejándolo tendido en la hierba. Player y el resto de jugadores del torneo apoyaron a Dyer, lo que permitió a este finalizar su trabajo sin más contratiempos.

La pareja, en pleno “trabajo”

Embed from Getty Images

El segundo incidente tiene que ver con el “polémico” triunfo de Gary Player en el Open Championship de 1974. En la última jornada, Player se encontraba en el hoyo 15 cuando un hook envió su bola al rough de la izquierda. Justo en el límite de los cinco minutos reglamentarios para encontrar la bola, Dyer la localizó entre la hierba alta, dando lugar a la leyenda de que el caddie la había dejado allí disimuladamente para evitar una penalización que hubiera hecho peligrar la victoria. Dejando de lado que Gary Player disponía en ese momento de una ventaja de varios golpes sobre el segundo clasificado y que hubiera ganado igual aunque le hubieran penalizado, la realidad es que el bulo pudo perfectamente haber sido originado por los caddies británicos del Open. Poca gente sabe que, en la semana previa al torneo, Dyer fue increpado por varios de ellos mientras realizaba la inspección del campo, haciendo referencia a su raza y conminándole a volver a su país. Uno de ellos, incluso golpeó al caddie en la espalda con un palo de golf solo para encontrar el mismo destino que Ben Baker en Sudáfrica; el KO. Desde ese día, muchos le cambiaron el apodo y empezaron a llamarle Alfred “Sugar Ray Rabbit” Dyer en honor al laureado boxeador estadounidense Sugar Ray Robinson.

Esta es la historia de Alfred “Rabbit” Dyer, uno de los tres grandes caddies. Como hemos podido comprobar, su éxito no dependió de la casualidad sino que se fraguó superando innumerables obstáculos. Las estadísticas suele difuminar este tipo de detalles pero, en mi opinión, la biografía de un deportista también es importante a la hora de valorar su grandeza. No hay duda de que los triunfos deportivos son un elemento indispensable a la hora de establecerla pero el tesón a la hora de superar todas las dificultades que nuestro protagonista se encontró en su camino también es digno de elogio. En este sentido, por mi parte, no existe mejor homenaje que sacarlas a la luz en este artículo.

Share