El maldito “parné”

A pesar de su brillante carrera como jugador amateur, Mike McCaffrey nunca llegó a destacar en el golf profesional. Jugador de mini-tours durante su larga trayectoria en el golf “de pago”, a lo más alto que llegó fue a disputar siete torneos del Nationwide Tour, sin conseguir pasar el corte en ninguno de ellos.

Una vez superados los cuarenta años, McCaffrey empezó a notar lo que él creyó eran los primeros achaques de la edad. En determinados días, los dedos de sus manos y pies perdían sensibilidad. Buscando una explicación a las molestias que le impedían rendir en el campo, McCaffrey inició un largo periplo por diferentes especialistas médicos hasta que finalmente le fue diagnosticada una rara enfermedad degenerativa neuromuscular relacionada con la Esclerosis Lateral Amiotrófica. Una vez detectado el problema, el jugador estadounidense valoró sus opciones y decidió solicitar a la USGA, en base a ese diagnóstico, que le devolviera la condición de jugador amateur que ostentó en sus inicios en el golf y que le llevó a ser nombrado dos veces All-American en 1991 y 1992.

El ansiado nuevo estatus llegó en febrero de 2011. Una vez considerado otra vez como jugador aficionado, McCaffrey ganó en marzo el Campeonato Mid-Amateur del sur de Texas con un total de -11 en dos jornadas; ocupó la octava plaza en la Champions Cup Invitational por parejas en el mes de abril y quedó tercero en el Campeonato de Texas Four-Ball en el mes de mayo. Finalmente, se clasificó tercero en el Texas Amateur del mes de junio, tras Kelly Kraft y Garret Driver. No estaba mal para empezar.

McCaffrey siguió rindiendo a un alto nivel. El 29 de agosto ganó el premio al resultado más bajo de los EEUU (64 golpes) en los torneos seccionales clasificatorios para el U.S. Mid-Amateur. No obstante, la piedra de toque definitiva era precisamente ese torneo, el campeonato más importante del país para jugadores aficionados con edades superiores a los 25 años, que se iba a celebrar del 17 al 22 de septiembre.

McCaffrey inició su periplo en dicho evento ganando el premio al resultado más bajo en las dos primeras jornadas, las dedicadas al formato Stroke Play; dos resultados de 68 golpes en el Shadow Hawk Golf Club y en el The Houstonian Golf & Country Club supusieron para este jugador arrancar la fase Match play como cabeza de serie nº 1. Eliminó a Chad Bolton en el hoyo 20 en su primer partido, ganó a Chris Congdon por 3&2 en la siguiente ronda, y a Anthony Barrera por 7&6 en dieciseisavos de final. En cuartos de final le esperaba Randal Lewis, pero lo que no se imaginaba Mike McCaffrey era lo que le iba a suceder la víspera de dicho enfrentamiento.

Una delegación de la U.S.G.A., entre la que se encontraba Bill McCarthy, director del U.S. Mid-Amateur, le visitó en su habitación y le comunicó que se estaba investigando su participación en un Skins Game celebrado el 21 de agosto en el Beeville Country Club…..y en el que nuestro protagonista se embolsó la bonita suma de 8.500 dólares, infringiendo la regla 3-2 concerniente al estatus de jugador aficionado. Así pues, cabía la posibilidad de que dicha condición le fuera revocada para declarar otra vez su paso al profesionalismo. Además se le informó de que también se estaba investigando la veracidad de los informes referentes a la enfermedad alegada por McCaffrey para retomar su condición de amateur.

El susodicho

Tras una víspera tan agitada, no fue una sorpresa que el Match del día siguiente supusiera la derrota de McCaffrey ante Randal Lewis, a la postre vencedor del torneo, por 3&1. Una de las primeras cosas que hizo McCaffrey al llegar a casa fue devolver el premio de 8.500 dólares ganados en el mes de agosto para evitar la sanción de la U.S.G.A. e intentar sobreponerse a sus problemas. A pesar de las difíciles circunstancias en las que se encontraba, McCaffrey siguió jugando un golf excelente y ganó el Texas Mid-Amateur a finales de septiembre. También se adjudicó el Harvey Penick Invitational a principios de octubre.

Los peores temores de nuestro protagonista se hicieron realidad el 20 de ese mismo mes, cuando el órgano que rige los destinos del golf en los EEUU le notificó que su status amateur había sido revocado y que se declaraba su paso al profesionalismo desde la fecha en que había participado en el Skins Game, el 21 de agosto. Por ello, todos los trofeos ganados desde esa fecha debían ser devueltos y los resultados de los torneos en los que había participado debían ser actualizados para reflejar la inelegibilidad de este jugador para participar en los mismos.

Las declaraciones de McCaffrey, en las que sostenía que el cobro de dinero en metálico en este tipo de torneos (ya sea en formato Skins o Calcutta) eran habituales entre los mejores jugadores aficionados, no han hecho más que poner de manifiesto los problemas existentes en el golf amateur norteamericano. Otras voces se han afanado en señalar a los cortos periodos de carencia existentes a la hora de devolver el status amateur a los golfistas profesionales que así lo solicitan. Incluso se ha llegado a poner de relieve que, en el U.S. Mid-Amateur, más de la mitad de los 64 participantes eran profesionales a los que se les había devuelto su condición de aficionados, devaluando una competición que debería estar destinada a jugadores amateurs “puros”.

En cualquier caso, Mike McCaffrey va tener tiempo para pensar en las consecuencias que sus actos han tenido en su vida. Para empezar, parece que el jugador va a apelar a los tribunales la decisión de la U.S.G.A., con lo que esta historia todavía puede cambiar su final. Lo que sí es seguro es que McCaffrey va a tardar mucho tiempo en volver a jugar un evento amateur. Y todo por el maldito “parné”.

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Los años mozos de los pros (XXIII)

Ya hemos visto en las anteriores entradas sobre la infancia y la juventud de los mejores pros que los grandes golfistas normalmente desarrollan su pasión por nuestro deporte desde edades muy tempranas. Hoy, como no podía ser de otra manera, vamos a comprobar nuevamente como se cumple este axioma, personificado en un buen ramillete de estrellas del golf mundial.

El primero en hacer aparición en este artículo es Rory McIlroy, al que en esta instantánea del año 2000 -nació en 1989- se le puede ver atendiendo con mucho interés a una clase de bunker del entrenador Howard Bennett. Por como saca en la actualidad la bola de la trampa de arena, parece que la lección le sirvió de mucho 🙂 La foto es de la Federación Irlandesa de Golf.

El siguiente en la lista es el siempre polémico Steve Elkington, del que he hablado en este blog alguna vez (utilizar el buscador 😉 ). El australiano cursó sus estudios en la Universidad de Houston, centro que publicó esta fotografía en su cuenta de Twitter. Vistas sus numerosas trifulcas en las redes sociales, seguro que la carrera no era la de Relaciones Públicas ni la diplomática :mrgreen:

En tercer lugar tenemos a Tommy Fleetwood. El golfista inglés tuvo la oportunidad el verano pasado de retornar al Royal Birkdale para disputar el Open Championship, y cuando digo “retornar” es porque existen fotografías del jugador en dicho campo siendo prácticamente un bebé. Tampoco nos debería extrañar, ya que nació y vivió en Southport, el mismo lugar donde se ubica este gran recorrido. La fuente es el periodista James Corrigan.

El cuarto invitado es Chris Riley, ex-jugador del PGA Tour y actualmente responsable del equipo de golf de la Universidad de San Diego. Como se puede comprobar en esta instantánea del año 1984 de una entrega de trofeos, a su izquierda se situaba un niño afroamericano que posteriormente dominaría el golf mundial durante muchos años: Tiger Woods.  Es lo que tiene ser contemporáneo de algunas estrellas 🙂

Para acabar, un clásico; Justin Thomas. El joven jugador se retrataba de esta guisa en el campo de Valhalla en el PGA CHampionship del 2000 -nació en 1993- sin llegar a sospechar que acabaría ganando ese mismo título 17 años más tarde. Ahora solo le falta cerrar el círculo y clasificarse para la Ryder Cup de 2024 en ese mismo recorrido 🙂

También es recomendable visionar este corto vídeo publicdo por el PGA Tou, en el que se le ve en diferentes etapas de su vida. Que lo disfruten.

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Ramalazos

Dice el refrán que la cabra siempre tira al monte, y en el tema que nos ocupa vamos a ver que la sabiduría popular no está muy lejos de la verdad. Hacía bastante tiempo que no escribía sobre los desmanes de la RFEG, en gran parte porque últimamente por cuestiones laborales no tengo demasiado tiempo para estar delante del ordenador 🙁 No obstante, lo visto hoy en Twitter me ha ayudado a hacer un esfuerzo. El día comenzaba con un tweet de un impresentable llamado Marcelo Prieto Rey, seleccionador nacional femenino, que posteaba una foto de sus chicas y él (y creo que también con Kiko Luna) jugando el campo elegido para una concentración invernal federativa…….el Blue Monster de Trump National Doral. Efectivamente, esta panda de caraduras habían decidido que el mejor lugar para entrenar era uno de los clubs más lujosos de Florida, estado de los EEUU en el que hay…..más de 1500 campos de golf 😯

Humildad ante todo

La foto insertada aquí arriba no es accidental ya que el cobarde de Prieto Rey ha borrado su tweet al cuestionarle yo sobre la ubicación de la “concentración” federativa. Como se puede ver, en ella se puede ver uno de los relojes que presiden las instalaciones……justo el lugar en el que unos días antes se habían hecho una foto, publicada posteriormente en la cuenta de Twitter de la RFEG 😯 No son más tontos porque no se entrenan 😯

Pues sí, el tweet de la RFEG es del 10 de noviembre, y hoy estamos a día 12, con lo que se deduce que se han pasado el fin de semana entero a todo tren en un campo en el que los greenfees oscilan entre los 140$ a los 390$ por jugador. Si a eso le sumamos, alojamiento, billetes de avión de los entrenadores -suponiendo que todas las jugadoras estén en sus universidades en estas fechas- y dietas, nos damos cuenta que todo sale por un ojo de la cara…………..dinero que proviene de nuestras cuotas federativas 🙁 Ojo, no digo que no se pueden concentrar, sino que hay muchas instalaciones en las que pueden hacerlo sin que se vea claramente que están más de turismo que mejorando su juego. Luego, le excusa barata de la RFEG es que no hay dinero para el Open de España, cuando ya he escrito muchas veces en este blog que nuestros amados federativos han dilapidado más de 3 millones de € de nuestro dinero en los últimos años en inversiones financieras opacas que nunca se han dignado a desvelar. Por lo que parece, miles de euros para pegarse la vida padre sigue habiendo, algo que no nos debería extrañar cuando comprobamos que el presupuesto de 90.000€/año del presidente de la RFEG para sus viajes nunca ha mermado por mucho que el número de federados haya caído en picado los últimos años.

En fin, volviendo al inicio de esta entrada del blog, hay ramalazos que no se pueden evitar. El de dilapidar el dinero de nuestras licencia disfrutando la vida a tope es uno de ellos……a imagen y semejanza de los que dirigen el cotarro claro. Luego yo no puedo jugar en un campo público porque mi federación lo vendió al hundirse comercialmente por haber quitado los abonos para no perjudicar a los campos privados de sus directivos. Menudo ejemplo 🙁

 

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Los 3 grandes caddies (III); Alfred “Rabbit” Dyer

Tras Ernest “Creamy” Carolan y Angelo Argea, nuestro último protagonista en esta serie de artículos sobre los grandes caddies es Alfred “Rabbit” Dyer, el hombre que llevó la bolsa de Gary Player desde 1972 hasta 1990.

Hace un tiempo, hablába en el blog sobre las vidas de dos jugadores afroamericanos como Charlie Owens y Lee Elder. Su biografía, como la de muchos otros de su grupo étnico, nos hablaba de una familia de extracción social muy humilde y de unos inicios en el golf ejerciendo de caddies con el objeto de contribuir de alguna manera a mejorar la economía común. Además, por los tiempos en que les tocó vivir, también se encontraron con innumerables problemas relacionados con la segregación racial existente en los EEUU. El caso de Alfred Dyer no es muy diferente, con la salvedad de que él no intentó nunca dedicarse profesionalmente al golf sino que prefirió dedicar su vida a ayudar a los mejores jugadores.

Continuador de la tradición familiar (su padre también era caddie), Dyer empezó a ejercer esta actividad a los 9 años en el mismo campo que su progenitor, el Metairie Country Club de Nueva Orleans (Louisiana). Mientras compaginaba trabajo y estudios, Dyer fue aprendiendo los entresijos de su empleo hasta que un día le comunicaron que se iba a celebrar un partido de exhibición en Nueva Orleans y que había llegado el momento de acompañar a su primer jugador profesional. La sorpresa fue mayúscula para Dyer cuando vio que dos de los integrantes de la partida eran, nada más y nada menos, que a Sam Snead y Ben Hogan. Su estupefacción fue todavía mayor cuando supo que este último jugador era al que había sido asignado. Casi se podría decir que su bautismo de fuego fue un anticipo de la notoriedad que posteriormente le esperaría en su carrera como caddie.

A finales de la década de los ’50, una vez completados sus estudios en el instituto, Dyer se dedicó de pleno a su profesión. Empezó por trabajar en el “Southern Swing”, un pequeño circuito profesional del sur de los EEUU, y posteriormente dirigió sus pasos hacia el PGA Tour. Acompañó a Tony Lema en su triunfo en el Hesperia Open Invitational de 1961 y, en 1962 tuvo su primer encuentro con Gary Player. El padre de Dyer había acompañado a Player en el New Orleans Open de 1960 pero dos años más tarde fue nuestro protagonista el que llevó la bolsa del gran jugador sudafricano. Tras finalizar en quinto lugar, sus caminos se separaron y Dyer continuó su carrera como caddie en el circuito norteamericano llevando la bolsa de jugadores tan importantes como Arnold Palmer, Lee Treviño, Dave Stockton u Homero Blancas.

La vida del caddie, y más cuando este era de raza negra, no era nada fácil en aquellos tiempos. Nuestro protagonista se veía obligado a viajar por todo el país en los famosos autobuses “Greyhound”, ocupando los asientos segregados para los afroamericanos. Como tampoco podía acceder a los vestuarios por el color de su piel, tenía que cambiarse de ropa en el bosque o en los parkings de los clubs de golf. Dyer incluso recuerda al jugador profesional Charlie Sifford (http://www.cronicagolf.com/bill-spiller-y-charlie-sifford-rebeldes-con-causa/) cambiándose junto él en el parking del Colonial C. C. y maldiciendo la política racial del PGA Tour.
En el plano económico, los ingresos tampoco eran regulares. A comienzos de la década de los años ’60, todavía no se había implantado el actual sistema de caddies fijos, algo que no sucedería hasta que Angelo Argea empezara a trabajar para Jack Nicklaus. El sistema que usualmente se utilizaba para asignar los caddies a los jugadores era el “grab bag”, una especie de lotería que determinaba los emparejamientos. Por ello, era la suerte la que muchas veces decidía si el caddie iba a obtener un salario decente aquella semana o no.

En 1972 se produjo el reencuentro entre Alfred Dyer y Gary Player. Mientras nuestro protagonista se encontraba trabajando en el PGA Championship de ese año en Oakland Hills, coincidió con Player y acordaron que, si el jugador sudafricano ganaba el torneo, Dyer le acompañaría en el World Series of Golf que se iba a disputar la semana siguiente. Tras conseguir Player su sexto “major”, tal y como habían pactado, Dyer acompañó al “caballero negro” a su próximo campeonato donde lograron también la victoria. Desde ese día, sus caminos no se volvieron a separar hasta 18 años después, consiguiendo decenas de victorias alrededor del mundo.

Más allá de lo estrictamente deportivo, hubo dos incidentes que marcaron a Dyer en lo personal. En primer lugar, el viaje que realizó a Sudáfrica ese mismo año 1972 junto a Player para ser el primer caddie negro norteamericano en trabajar en ese país. Recuerda Dyer que, mientras conducía por la autopista, varios coches intentaron sacarlo de la carretera mientras le recordaban su condición de afroamericano. Durante el pro-am del torneo, un jugador local de físico imponente llamado Ben Baker se dirigió a él, le agarró y empezó a insultarle ante todos los presentes pensando que el caddie se acobardaría. Dyer, que medía 1’98 y había sido un destacado jugador de baloncesto de su instituto (su apodo, Rabbit, que significa “conejo”, se lo ganó por la altura de sus saltos), le noqueó de un puñetazo, dejándolo tendido en la hierba. Player y el resto de jugadores del torneo apoyaron a Dyer, lo que permitió a este finalizar su trabajo sin más contratiempos.

La pareja, en pleno “trabajo”

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El segundo incidente tiene que ver con el “polémico” triunfo de Gary Player en el Open Championship de 1974. En la última jornada, Player se encontraba en el hoyo 15 cuando un hook envió su bola al rough de la izquierda. Justo en el límite de los cinco minutos reglamentarios para encontrar la bola, Dyer la localizó entre la hierba alta, dando lugar a la leyenda de que el caddie la había dejado allí disimuladamente para evitar una penalización que hubiera hecho peligrar la victoria. Dejando de lado que Gary Player disponía en ese momento de una ventaja de varios golpes sobre el segundo clasificado y que hubiera ganado igual aunque le hubieran penalizado, la realidad es que el bulo pudo perfectamente haber sido originado por los caddies británicos del Open. Poca gente sabe que, en la semana previa al torneo, Dyer fue increpado por varios de ellos mientras realizaba la inspección del campo, haciendo referencia a su raza y conminándole a volver a su país. Uno de ellos, incluso golpeó al caddie en la espalda con un palo de golf solo para encontrar el mismo destino que Ben Baker en Sudáfrica; el KO. Desde ese día, muchos le cambiaron el apodo y empezaron a llamarle Alfred “Sugar Ray Rabbit” Dyer en honor al laureado boxeador estadounidense Sugar Ray Robinson.

Esta es la historia de Alfred “Rabbit” Dyer, uno de los tres grandes caddies. Como hemos podido comprobar, su éxito no dependió de la casualidad sino que se fraguó superando innumerables obstáculos. Las estadísticas suele difuminar este tipo de detalles pero, en mi opinión, la biografía de un deportista también es importante a la hora de valorar su grandeza. No hay duda de que los triunfos deportivos son un elemento indispensable a la hora de establecerla pero el tesón a la hora de superar todas las dificultades que nuestro protagonista se encontró en su camino también es digno de elogio. En este sentido, por mi parte, no existe mejor homenaje que sacarlas a la luz en este artículo.

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