El maldito “parné”

A pesar de su brillante carrera como jugador amateur, Mike McCaffrey nunca llegó a destacar en el golf profesional. Jugador de mini-tours durante su larga trayectoria en el golf “de pago”, a lo más alto que llegó fue a disputar siete torneos del Nationwide Tour, sin conseguir pasar el corte en ninguno de ellos.

Una vez superados los cuarenta años, McCaffrey empezó a notar lo que él creyó eran los primeros achaques de la edad. En determinados días, los dedos de sus manos y pies perdían sensibilidad. Buscando una explicación a las molestias que le impedían rendir en el campo, McCaffrey inició un largo periplo por diferentes especialistas médicos hasta que finalmente le fue diagnosticada una rara enfermedad degenerativa neuromuscular relacionada con la Esclerosis Lateral Amiotrófica. Una vez detectado el problema, el jugador estadounidense valoró sus opciones y decidió solicitar a la USGA, en base a ese diagnóstico, que le devolviera la condición de jugador amateur que ostentó en sus inicios en el golf y que le llevó a ser nombrado dos veces All-American en 1991 y 1992.

El ansiado nuevo estatus llegó en febrero de 2011. Una vez considerado otra vez como jugador aficionado, McCaffrey ganó en marzo el Campeonato Mid-Amateur del sur de Texas con un total de -11 en dos jornadas; ocupó la octava plaza en la Champions Cup Invitational por parejas en el mes de abril y quedó tercero en el Campeonato de Texas Four-Ball en el mes de mayo. Finalmente, se clasificó tercero en el Texas Amateur del mes de junio, tras Kelly Kraft y Garret Driver. No estaba mal para empezar.

McCaffrey siguió rindiendo a un alto nivel. El 29 de agosto ganó el premio al resultado más bajo de los EEUU (64 golpes) en los torneos seccionales clasificatorios para el U.S. Mid-Amateur. No obstante, la piedra de toque definitiva era precisamente ese torneo, el campeonato más importante del país para jugadores aficionados con edades superiores a los 25 años, que se iba a celebrar del 17 al 22 de septiembre.

McCaffrey inició su periplo en dicho evento ganando el premio al resultado más bajo en las dos primeras jornadas, las dedicadas al formato Stroke Play; dos resultados de 68 golpes en el Shadow Hawk Golf Club y en el The Houstonian Golf & Country Club supusieron para este jugador arrancar la fase Match play como cabeza de serie nº 1. Eliminó a Chad Bolton en el hoyo 20 en su primer partido, ganó a Chris Congdon por 3&2 en la siguiente ronda, y a Anthony Barrera por 7&6 en dieciseisavos de final. En cuartos de final le esperaba Randal Lewis, pero lo que no se imaginaba Mike McCaffrey era lo que le iba a suceder la víspera de dicho enfrentamiento.

Una delegación de la U.S.G.A., entre la que se encontraba Bill McCarthy, director del U.S. Mid-Amateur, le visitó en su habitación y le comunicó que se estaba investigando su participación en un Skins Game celebrado el 21 de agosto en el Beeville Country Club…..y en el que nuestro protagonista se embolsó la bonita suma de 8.500 dólares, infringiendo la regla 3-2 concerniente al estatus de jugador aficionado. Así pues, cabía la posibilidad de que dicha condición le fuera revocada para declarar otra vez su paso al profesionalismo. Además se le informó de que también se estaba investigando la veracidad de los informes referentes a la enfermedad alegada por McCaffrey para retomar su condición de amateur.

El susodicho

Tras una víspera tan agitada, no fue una sorpresa que el Match del día siguiente supusiera la derrota de McCaffrey ante Randal Lewis, a la postre vencedor del torneo, por 3&1. Una de las primeras cosas que hizo McCaffrey al llegar a casa fue devolver el premio de 8.500 dólares ganados en el mes de agosto para evitar la sanción de la U.S.G.A. e intentar sobreponerse a sus problemas. A pesar de las difíciles circunstancias en las que se encontraba, McCaffrey siguió jugando un golf excelente y ganó el Texas Mid-Amateur a finales de septiembre. También se adjudicó el Harvey Penick Invitational a principios de octubre.

Los peores temores de nuestro protagonista se hicieron realidad el 20 de ese mismo mes, cuando el órgano que rige los destinos del golf en los EEUU le notificó que su status amateur había sido revocado y que se declaraba su paso al profesionalismo desde la fecha en que había participado en el Skins Game, el 21 de agosto. Por ello, todos los trofeos ganados desde esa fecha debían ser devueltos y los resultados de los torneos en los que había participado debían ser actualizados para reflejar la inelegibilidad de este jugador para participar en los mismos.

Las declaraciones de McCaffrey, en las que sostenía que el cobro de dinero en metálico en este tipo de torneos (ya sea en formato Skins o Calcutta) eran habituales entre los mejores jugadores aficionados, no han hecho más que poner de manifiesto los problemas existentes en el golf amateur norteamericano. Otras voces se han afanado en señalar a los cortos periodos de carencia existentes a la hora de devolver el status amateur a los golfistas profesionales que así lo solicitan. Incluso se ha llegado a poner de relieve que, en el U.S. Mid-Amateur, más de la mitad de los 64 participantes eran profesionales a los que se les había devuelto su condición de aficionados, devaluando una competición que debería estar destinada a jugadores amateurs “puros”.

En cualquier caso, Mike McCaffrey va tener tiempo para pensar en las consecuencias que sus actos han tenido en su vida. Para empezar, parece que el jugador va a apelar a los tribunales la decisión de la U.S.G.A., con lo que esta historia todavía puede cambiar su final. Lo que sí es seguro es que McCaffrey va a tardar mucho tiempo en volver a jugar un evento amateur. Y todo por el maldito “parné”.

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Los años mozos de los pros (XXIII)

Ya hemos visto en las anteriores entradas sobre la infancia y la juventud de los mejores pros que los grandes golfistas normalmente desarrollan su pasión por nuestro deporte desde edades muy tempranas. Hoy, como no podía ser de otra manera, vamos a comprobar nuevamente como se cumple este axioma, personificado en un buen ramillete de estrellas del golf mundial.

El primero en hacer aparición en este artículo es Rory McIlroy, al que en esta instantánea del año 2000 -nació en 1989- se le puede ver atendiendo con mucho interés a una clase de bunker del entrenador Howard Bennett. Por como saca en la actualidad la bola de la trampa de arena, parece que la lección le sirvió de mucho 🙂 La foto es de la Federación Irlandesa de Golf.

El siguiente en la lista es el siempre polémico Steve Elkington, del que he hablado en este blog alguna vez (utilizar el buscador 😉 ). El australiano cursó sus estudios en la Universidad de Houston, centro que publicó esta fotografía en su cuenta de Twitter. Vistas sus numerosas trifulcas en las redes sociales, seguro que la carrera no era la de Relaciones Públicas ni la diplomática :mrgreen:

En tercer lugar tenemos a Tommy Fleetwood. El golfista inglés tuvo la oportunidad el verano pasado de retornar al Royal Birkdale para disputar el Open Championship, y cuando digo “retornar” es porque existen fotografías del jugador en dicho campo siendo prácticamente un bebé. Tampoco nos debería extrañar, ya que nació y vivió en Southport, el mismo lugar donde se ubica este gran recorrido. La fuente es el periodista James Corrigan.

El cuarto invitado es Chris Riley, ex-jugador del PGA Tour y actualmente responsable del equipo de golf de la Universidad de San Diego. Como se puede comprobar en esta instantánea del año 1984 de una entrega de trofeos, a su izquierda se situaba un niño afroamericano que posteriormente dominaría el golf mundial durante muchos años: Tiger Woods.  Es lo que tiene ser contemporáneo de algunas estrellas 🙂

Para acabar, un clásico; Justin Thomas. El joven jugador se retrataba de esta guisa en el campo de Valhalla en el PGA CHampionship del 2000 -nació en 1993- sin llegar a sospechar que acabaría ganando ese mismo título 17 años más tarde. Ahora solo le falta cerrar el círculo y clasificarse para la Ryder Cup de 2024 en ese mismo recorrido 🙂

También es recomendable visionar este corto vídeo publicdo por el PGA Tou, en el que se le ve en diferentes etapas de su vida. Que lo disfruten.

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Ramalazos

Dice el refrán que la cabra siempre tira al monte, y en el tema que nos ocupa vamos a ver que la sabiduría popular no está muy lejos de la verdad. Hacía bastante tiempo que no escribía sobre los desmanes de la RFEG, en gran parte porque últimamente por cuestiones laborales no tengo demasiado tiempo para estar delante del ordenador 🙁 No obstante, lo visto hoy en Twitter me ha ayudado a hacer un esfuerzo. El día comenzaba con un tweet de un impresentable llamado Marcelo Prieto Rey, seleccionador nacional femenino, que posteaba una foto de sus chicas y él (y creo que también con Kiko Luna) jugando el campo elegido para una concentración invernal federativa…….el Blue Monster de Trump National Doral. Efectivamente, esta panda de caraduras habían decidido que el mejor lugar para entrenar era uno de los clubs más lujosos de Florida, estado de los EEUU en el que hay…..más de 1500 campos de golf 😯

Humildad ante todo

La foto insertada aquí arriba no es accidental ya que el cobarde de Prieto Rey ha borrado su tweet al cuestionarle yo sobre la ubicación de la “concentración” federativa. Como se puede ver, en ella se puede ver uno de los relojes que presiden las instalaciones……justo el lugar en el que unos días antes se habían hecho una foto, publicada posteriormente en la cuenta de Twitter de la RFEG 😯 No son más tontos porque no se entrenan 😯

Pues sí, el tweet de la RFEG es del 10 de noviembre, y hoy estamos a día 12, con lo que se deduce que se han pasado el fin de semana entero a todo tren en un campo en el que los greenfees oscilan entre los 140$ a los 390$ por jugador. Si a eso le sumamos, alojamiento, billetes de avión de los entrenadores -suponiendo que todas las jugadoras estén en sus universidades en estas fechas- y dietas, nos damos cuenta que todo sale por un ojo de la cara…………..dinero que proviene de nuestras cuotas federativas 🙁 Ojo, no digo que no se pueden concentrar, sino que hay muchas instalaciones en las que pueden hacerlo sin que se vea claramente que están más de turismo que mejorando su juego. Luego, le excusa barata de la RFEG es que no hay dinero para el Open de España, cuando ya he escrito muchas veces en este blog que nuestros amados federativos han dilapidado más de 3 millones de € de nuestro dinero en los últimos años en inversiones financieras opacas que nunca se han dignado a desvelar. Por lo que parece, miles de euros para pegarse la vida padre sigue habiendo, algo que no nos debería extrañar cuando comprobamos que el presupuesto de 90.000€/año del presidente de la RFEG para sus viajes nunca ha mermado por mucho que el número de federados haya caído en picado los últimos años.

En fin, volviendo al inicio de esta entrada del blog, hay ramalazos que no se pueden evitar. El de dilapidar el dinero de nuestras licencia disfrutando la vida a tope es uno de ellos……a imagen y semejanza de los que dirigen el cotarro claro. Luego yo no puedo jugar en un campo público porque mi federación lo vendió al hundirse comercialmente por haber quitado los abonos para no perjudicar a los campos privados de sus directivos. Menudo ejemplo 🙁

 

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Los 3 grandes caddies (III); Alfred “Rabbit” Dyer

Tras Ernest “Creamy” Carolan y Angelo Argea, nuestro último protagonista en esta serie de artículos sobre los grandes caddies es Alfred “Rabbit” Dyer, el hombre que llevó la bolsa de Gary Player desde 1972 hasta 1990.

Hace un tiempo, hablába en el blog sobre las vidas de dos jugadores afroamericanos como Charlie Owens y Lee Elder. Su biografía, como la de muchos otros de su grupo étnico, nos hablaba de una familia de extracción social muy humilde y de unos inicios en el golf ejerciendo de caddies con el objeto de contribuir de alguna manera a mejorar la economía común. Además, por los tiempos en que les tocó vivir, también se encontraron con innumerables problemas relacionados con la segregación racial existente en los EEUU. El caso de Alfred Dyer no es muy diferente, con la salvedad de que él no intentó nunca dedicarse profesionalmente al golf sino que prefirió dedicar su vida a ayudar a los mejores jugadores.

Continuador de la tradición familiar (su padre también era caddie), Dyer empezó a ejercer esta actividad a los 9 años en el mismo campo que su progenitor, el Metairie Country Club de Nueva Orleans (Louisiana). Mientras compaginaba trabajo y estudios, Dyer fue aprendiendo los entresijos de su empleo hasta que un día le comunicaron que se iba a celebrar un partido de exhibición en Nueva Orleans y que había llegado el momento de acompañar a su primer jugador profesional. La sorpresa fue mayúscula para Dyer cuando vio que dos de los integrantes de la partida eran, nada más y nada menos, que a Sam Snead y Ben Hogan. Su estupefacción fue todavía mayor cuando supo que este último jugador era al que había sido asignado. Casi se podría decir que su bautismo de fuego fue un anticipo de la notoriedad que posteriormente le esperaría en su carrera como caddie.

A finales de la década de los ’50, una vez completados sus estudios en el instituto, Dyer se dedicó de pleno a su profesión. Empezó por trabajar en el “Southern Swing”, un pequeño circuito profesional del sur de los EEUU, y posteriormente dirigió sus pasos hacia el PGA Tour. Acompañó a Tony Lema en su triunfo en el Hesperia Open Invitational de 1961 y, en 1962 tuvo su primer encuentro con Gary Player. El padre de Dyer había acompañado a Player en el New Orleans Open de 1960 pero dos años más tarde fue nuestro protagonista el que llevó la bolsa del gran jugador sudafricano. Tras finalizar en quinto lugar, sus caminos se separaron y Dyer continuó su carrera como caddie en el circuito norteamericano llevando la bolsa de jugadores tan importantes como Arnold Palmer, Lee Treviño, Dave Stockton u Homero Blancas.

La vida del caddie, y más cuando este era de raza negra, no era nada fácil en aquellos tiempos. Nuestro protagonista se veía obligado a viajar por todo el país en los famosos autobuses “Greyhound”, ocupando los asientos segregados para los afroamericanos. Como tampoco podía acceder a los vestuarios por el color de su piel, tenía que cambiarse de ropa en el bosque o en los parkings de los clubs de golf. Dyer incluso recuerda al jugador profesional Charlie Sifford (http://www.cronicagolf.com/bill-spiller-y-charlie-sifford-rebeldes-con-causa/) cambiándose junto él en el parking del Colonial C. C. y maldiciendo la política racial del PGA Tour.
En el plano económico, los ingresos tampoco eran regulares. A comienzos de la década de los años ’60, todavía no se había implantado el actual sistema de caddies fijos, algo que no sucedería hasta que Angelo Argea empezara a trabajar para Jack Nicklaus. El sistema que usualmente se utilizaba para asignar los caddies a los jugadores era el “grab bag”, una especie de lotería que determinaba los emparejamientos. Por ello, era la suerte la que muchas veces decidía si el caddie iba a obtener un salario decente aquella semana o no.

En 1972 se produjo el reencuentro entre Alfred Dyer y Gary Player. Mientras nuestro protagonista se encontraba trabajando en el PGA Championship de ese año en Oakland Hills, coincidió con Player y acordaron que, si el jugador sudafricano ganaba el torneo, Dyer le acompañaría en el World Series of Golf que se iba a disputar la semana siguiente. Tras conseguir Player su sexto “major”, tal y como habían pactado, Dyer acompañó al “caballero negro” a su próximo campeonato donde lograron también la victoria. Desde ese día, sus caminos no se volvieron a separar hasta 18 años después, consiguiendo decenas de victorias alrededor del mundo.

Más allá de lo estrictamente deportivo, hubo dos incidentes que marcaron a Dyer en lo personal. En primer lugar, el viaje que realizó a Sudáfrica ese mismo año 1972 junto a Player para ser el primer caddie negro norteamericano en trabajar en ese país. Recuerda Dyer que, mientras conducía por la autopista, varios coches intentaron sacarlo de la carretera mientras le recordaban su condición de afroamericano. Durante el pro-am del torneo, un jugador local de físico imponente llamado Ben Baker se dirigió a él, le agarró y empezó a insultarle ante todos los presentes pensando que el caddie se acobardaría. Dyer, que medía 1’98 y había sido un destacado jugador de baloncesto de su instituto (su apodo, Rabbit, que significa “conejo”, se lo ganó por la altura de sus saltos), le noqueó de un puñetazo, dejándolo tendido en la hierba. Player y el resto de jugadores del torneo apoyaron a Dyer, lo que permitió a este finalizar su trabajo sin más contratiempos.

La pareja, en pleno “trabajo”

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El segundo incidente tiene que ver con el “polémico” triunfo de Gary Player en el Open Championship de 1974. En la última jornada, Player se encontraba en el hoyo 15 cuando un hook envió su bola al rough de la izquierda. Justo en el límite de los cinco minutos reglamentarios para encontrar la bola, Dyer la localizó entre la hierba alta, dando lugar a la leyenda de que el caddie la había dejado allí disimuladamente para evitar una penalización que hubiera hecho peligrar la victoria. Dejando de lado que Gary Player disponía en ese momento de una ventaja de varios golpes sobre el segundo clasificado y que hubiera ganado igual aunque le hubieran penalizado, la realidad es que el bulo pudo perfectamente haber sido originado por los caddies británicos del Open. Poca gente sabe que, en la semana previa al torneo, Dyer fue increpado por varios de ellos mientras realizaba la inspección del campo, haciendo referencia a su raza y conminándole a volver a su país. Uno de ellos, incluso golpeó al caddie en la espalda con un palo de golf solo para encontrar el mismo destino que Ben Baker en Sudáfrica; el KO. Desde ese día, muchos le cambiaron el apodo y empezaron a llamarle Alfred “Sugar Ray Rabbit” Dyer en honor al laureado boxeador estadounidense Sugar Ray Robinson.

Esta es la historia de Alfred “Rabbit” Dyer, uno de los tres grandes caddies. Como hemos podido comprobar, su éxito no dependió de la casualidad sino que se fraguó superando innumerables obstáculos. Las estadísticas suele difuminar este tipo de detalles pero, en mi opinión, la biografía de un deportista también es importante a la hora de valorar su grandeza. No hay duda de que los triunfos deportivos son un elemento indispensable a la hora de establecerla pero el tesón a la hora de superar todas las dificultades que nuestro protagonista se encontró en su camino también es digno de elogio. En este sentido, por mi parte, no existe mejor homenaje que sacarlas a la luz en este artículo.

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Los tres grandes….caddies (II); Angelo Argea

En el último artículo del blog hablaba de Ernest “Creamy” Carolan, precursor de los modernos “strokesavers” o libros de distancias y el mejor caddie que tuvo nunca Arnold Palmer. Nuestro siguiente protagonista es Angelo Argea, el caddie que acompañó a Jack Nicklaus en la inmensa mayoría de sus triunfos.

A. G. Argeropoulos nació en Grecia el 7 de noviembre de 1929, antes de que su familia emigrara a los EEUU. Radicado en Las Vegas (Nevada), se cambió sus nombres griegos por Angelo Argea para facilitar la pronunciación en su país de acogida. Aunque oficialmente era taxista, se tiene constancia de que entre sus “trabajos” estaba incluido el de apostador profesional en la “ciudad del pecado” y que el resto eran bastante esporádicos. No en vano, cuando Nicklaus hablaba de los anteriores empleos de su caddie, comentaba en tono jocoso que “básicamente, había estado jubilado desde los 21 años”.

En 1963, uno de los propietarios del Dessert Inn de Las Vegas, probablemente Wilburg Clark (fundador del hotel y también promotor en 1953 del Tournament of Champions que actualmente se celebra en Kapalua Plantation), invitó a Argea a hacerle de caddie en el pro-am del Palm Springs Classic que se iba a celebrar en El Dorado Country Club. Tras el evento, el club pidió que todos los caddies que habían participado en el pro-am también lo hicieran en el torneo oficial ya que no había suficientes para cubrir las demandas de los jugadores del PGA Tour. A Argea no le apetecía demasiado “trabajar” un día más, por lo que se apuntó como posible caddie de Jack Nicklaus, del que había oído que no iba a concurrir por una lesión en la cadera. Finalmente, Nicklaus acabó por encontrarse mejor de sus problemas físicos e hizo acto de presencia en el torneo. Tras las correspondientes cuatro jornadas con Argea a la bolsa, Nicklaus ganó el torneo.

Jack Nicklaus era tremendamente supersticioso. Si el día que desayunaba tortilla hacía 66 golpes, desayunaba tortilla el resto del torneo. La victoria con Argea como caddie en su primer campeonato juntos debió gustar al jugador porque, cuando tuvo que disputar al poco tiempo en Las Vegas el “Tournament of Champions”, le volvió a llamar. Tras ganar los 13.000 dólares en monedas de plata de ese evento, el “oso dorado” se llevó a Argea en su gira por la costa oeste, consiguiendo varias victorias más. Aunque no le contrató como caddie titular hasta 1968, este fue el principio de una relación profesional que duraría casi veinte años y que estaría plagada de momentos estelares. Para valorar la importancia que Nicklaus le daba a la compañía de Argea hay que señalar que, en una época en que nadie disfrutaba de esas condiciones de trabajo, se convirtió en el primer caddie que cobraba un sueldo fijo y también percibía un extra cuando su jugador ganaba un torneo.

Decididamente, Angelo Argea era un tipo peculiar. Como contraposición a Nicklaus, era una persona muy sociable y habladora. Su inconfundible estampa, con su canoso pelo “a lo afro”, llegó a ser un auténtico imán para periodistas, jugadores, caddies, aficionados y cualquiera que quisiera pasar un rato de agradable charla. Había días en que Argea firmaba casi tantos autógrafos como su jefe. Incluso llegó a aparecer en el famoso programa matutino “good morning america” y hasta escribió un libro que tenía el descriptivo título de “el oso y yo; la historia del caddie más famoso del mundo”.

Nicklaus y su caddie

Dicho esto, parecería que Argea era algo parecido al mejor de los caddies en el aspecto técnico pero la realidad es que existen dudas sobre de ello. No se puede decir que Argea fuera nunca un portento calculando distancias o leyendo la caída de los “greens”, ni tampoco que haya proporcionado ningún avance significativo al mundo del golf como hizo Ernest Carolan. De hecho, la figura de Argea como caddie es algo contradictoria porque su trabajo a cargo de la bolsa del “oso dorado” consistía en hacer………prácticamente nada. Probablemente, el caddie realizaba parte del trabajo habitual de una “bag rat”, como ellos mismos se autodenominan. No obstante, las declaraciones de Argea, seguramente con un punto de ironía, no solían ir en ese sentido. Es muy célebre la respuesta que dio cuando le preguntaron cual era exactamente su cometido cuando acompañaba al “oso dorado” por el campo; “Él me ha pedido que haga dos cosas. La primera, que cuando no esté jugando bien le recuerde que es el mejor golfista del mundo. La segunda, que además le recuerde que quedan muchos hoyos por jugar”.

Con total seguridad se puede afirmar que el éxito de este curioso binomio tuvo mucho más que ver con su compatibilidad de caracteres (algo que no siempre se valora en su debida importancia) que con las habilidades para su trabajo del caddie de origen griego; entre ellos existía una relación personal especial, que permitía a Nicklaus relajarse en el campo y dar lo mejor de sí. Prueba de que esa relación traspasaba lo puramente profesional es que, cuando llegó el día de la retirada de su caddie, Nicklaus no dejó a Argea abandonado sino que se preocupó de él hasta el fin de sus días. En un gesto que honra al “oso dorado”, y que también repetiría con su caddie británico Jimmy Dickinson (le dio trabajo como caddie-master en Muirfield Village cuando acabó su carrera), Nicklaus empezó a pagar a Argea una pensión de su propio bolsillo y le regaló un restaurante en un centro comercial de North Palm Beach para que pudiera dar rienda suelta a su incontenible verbo con las clientas del lugar. En octubre de 2005, a causa de un cáncer de hígado, la icónica figura de Ángelo Argea dejó de pertenecer a este mundo. En su funeral, Jack Nicklaus declaró que se sentía como si hubiera perdido a alguien de su familia y rememoró lo bien que se lo pasaba con Argea a su lado. La realidad es que, si recapitulamos desde el principio del artículo, quizás nos daremos cuenta de que esta no es la típica historia de un jugador de golf y un caddie sino que es la historia de una profunda amistad que dio como resultado la victoria en más de cuarenta torneos del PGA Tour. Una amistad que, como tantas otras cosas, pertenece a una época que ya nunca volverá.

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Los 3 grandes…caddies (I); Ernest Carolan

A principios de la década de los años 60, un joven abogado llamado Mark McCormack fundó la que posteriormente se convertiría en la agencia de representación de deportistas más importante del mundo; IMG. Tres de sus primeros clientes fueron, nada más y nada menos, Arnold Palmer, Jack Nicklaus y Gary Player. Aprovechando su rivalidad deportiva, la estrategia de marketing puesta en marcha por IMG consiguió popularizar el golf como nunca antes se había hecho. Por ello, más allá de sus “alias” individuales (el rey, el oso dorado y el caballero negro), a este trío de jugadores se les acabó llamando “The big three” (los tres grandes).

Pero el mundo del golf no tiene solo una cara sino que en él se pueden encontrar diversas dimensiones. Una de ellas es la perteneciente a los caddies y, en ese lugar, el apelativo “The big three” se aplica también a aquellos que llevaron la bolsa de estos tres grandes jugadores durante su época dorada. Así, cuando uno menciona los nombres de Ernest “Creamy” Carolan, Angelo Argea y Alfred “Rabbit” Dyer, lo que está haciendo es mentar a tres de las grandes leyendas de este deporte para los sufridos porteadores de bolsas de golf. Evidentemente, para el resto de los aficionados, léase los que no somos duchos en todas las magnitudes del poliédrico mundo del golf, estos nombres no tendrán un significado claro hasta que hayamos acabado de leer los tres artículos dedicados a ellos.

Por orden de lista, empezaremos hablando de Ernest “Creamy” Carolan, quizás el más desconocido de ellos. Presumiblemente nacido el 23 de abril de 1915 en Mamaroneck (Westchester, NY), no se tienen muchos datos sobre sus inicios en el golf. Sí se tienen referencias sobre los grandes jugadores a los que ayudó con su bolsa durante los 50 años que estuvo trabajando en el PGA Tour, nombres que incluyen, entre otros, a Ben Hogan, Sam Snead o Raymond Floyd. También se sabe que tenía la poco sana costumbre de atrapar en el aire con un guante de béisbol las bolas de golf que su jugador golpeaba en el campo de prácticas (recordemos que en esa época no existían los coches recogebolas ni las bolas de prácticas, por lo que las bolas de entrenamiento debían ser recuperadas a mano). Y digo poco sana porque quizás le hubiera convenido más agacharse a recogerlas del suelo que haberse quedado, como fue el caso, con el dedo índice de la mano derecha paralizado por los repetidos impactos de las bolas de golf en él.

En su larga carrera, Arnold Palmer tuvo muchos caddies. Algunos de ellos estuvieron siempre presentes en los triunfos más mediáticos del jugador (conocido es su vínculo “solo-para-el-Open” con James “Tip” Anderson o su probada fidelidad a “Ironman” Avery en el Masters de Augusta) pero su relación con Carolan fue la que proporcionó a “The King” los resultados más fructíferos a lo largo del tiempo. Además de las numerosas victorias que compartieron, su asociación dejó para la historia un hito que todavía hoy perdura, como es su decisiva participación en la invención de una de las herramientas más usadas por cualquier jugador profesional que se precie; el “strokesaver” moderno o libro de distancias.

A comienzos de los años 60 empezaron a circular en algunos torneos del circuito americano un tipo de “strokesavers” bastante rudimentarios. A Arnold Palmer, que se encontraba en uno de los mejores momentos de su carrera, no le sentó demasiado bien que los jugadores pudieran acceder a la información facilitada en aquellos libros de distancias durante los torneos porque le parecía que el golf no se debía jugar así. Palmer era de la opinión que el juego se debía conducir de la misma manera que lo habían hecho los pastores escoceses que lo inventaron. Una de sus frases favoritas recordaba que Walter Hagen o Bobby Jones nunca habían utilizado este tipo de ayudas y habían sido grandiosos jugadores.

Viendo que su deseo de que el R&A y la USGA prohibieran los “strokesavers” no se tornó en realidad, Palmer tuvo que adaptarse y empezar a utilizarlos para no quedarse atrás con respecto a sus competidores. De todas maneras, el uso que de ellos hacía “The King” tampoco era el más aconsejable pues acostumbraba a aprovechar superficialmente las pocas anotaciones que contenían y procedía a tirarlos nada más acabar su ronda. En cambio, su caddie, Ernest Carolan, viendo lo poco elaborados que eran los primigenios libros de distancias, empezó a confeccionar los suyos propios. Dibujando a mano alzada y en color el perfil de cada uno de los hoyos del recorrido, Carolan incluía en sus bocetos un completo y detallado estudio de cada hoyo, con expresión de las diferentes medidas que le podían ayudar en su trabajo. Viendo la extrema calidad de los “strokesavers” confeccionados por Ernest “Creamy” Carolan, Palmer cambió sus costumbres y empezó a aprovechar los datos que estos libros le proporcionaban. Además, dejó de tirarlos tras su uso y estuvo de acuerdo con su caddie en que los guardara para poder usar las anotaciones realizadas cuando volvieran a jugar ese mismo campo. Sin pretenderlo, Carolan se había convertido en el precursor de los libros de distancias modernos, creando el modelo bajo el que posteriormente se confeccionarían todos ellos.

El museo de la USGA guarda celosamente uno de esos “strokesavers”, concretamente el referente al Congressional Country Club y del que seguidamente mostramos una foto. En primera instancia, en él se puede observar, en la parte superior derecha, la “firma” del caddie (The Cream). Si nos fijamos en su contenido podremos comprobar como Carolan anotaba gran cantidad de datos incluyendo las distancias hasta los diversos obstáculos, la distancia para sobrevolarlos, sus dimensiones, la anchura de los greens en sus diversas partes, la distancia hasta la entrada de green desde el lugar de salida de los pares 3 o desde la calle del hoyo, etc.

Sin atribuirse en ningún momento el lugar en la historia que le correspondía, y tan sigilosamente como llegó, Ernest “Creamy” Carolan se fue de este mundo ya hace más de una década. Ni siquiera con las potentes herramientas informáticas de hoy en día se puede averiguar mucho más de él; era un hombre discreto. De su relación con el golf solo ha quedado una frase suya para la posteridad, que citó en 1981 en el Riviera Country Club de Los Ángeles. Mientras miraba hacia las hectáreas de hierba y eucaliptos que se divisaban desde las alturas de la casa-club, musitó “Una vez que empiezas con este trabajo es difícil dejarlo. Mira allí abajo. Es precioso. Hay algo sobrecogedor en levantarse al alba y caminar por el campo, comprobando la posición de las banderas. Es fácil perder la noción de la realidad”. Una sensación que creo que muchos de los que practicamos este deporte compartimos con él.

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La bola Top Golf

Hace tres años y medio escribí una artículo sobre la cadena de canchas de prácticas Top Golf. Ya en aquél momento me pareció una gran idea, sobre todo teniendo en cuenta que tanto la economía como el tiempo libre de que disponemos para jugar al golf en “campo grande” no han mejorado mucho desde entonces. En un lugar como el Top Golf puedes practicar, y al mismo tiempo establecer un tipo de relaciones sociales que seguramente para el estilo de vida de los más jóvenes es mucho más apetecible. El reflejo está en el crecimiento de esta cadena, que hace algo más de un año estableció un acuerdo estratégico con el PGA Tour y la LPGA como herramienta principal de promoción de nuestro deporte.

Dejando de lado el aspecto publicitario, hoy he hablado de Top Golf porque he encontrado un vídeo de un par de culos inquietos que me ha gustado mucho. Se trata del canal “What’s inside?” (¿qué hay dentro?), y que se han dedicado a probar en el radar doppler las bolas que se usan en estas instalaciones…..y también a abrirlas para ver qué hay en su interior. Veamos el vídeo:

Como se puede comprobar, y aunque es cierto que son pocos golpes de prueba, lo cierto es que las bolas de Top Golf vuelan menos que las “normales”. Prácticamente un palo. La explicación supongo que debe tener que ver, como se ve al final de la grabación,  con su proceso de fabricación; introducir un chip en su interior debe comportar limitaciones en los materiales a usar, cuando no incidir directamente en la precisión de los golpes cual escopeta de feria con el cañón doblado. Con un núcleo que cuyo reparto de pesos no se acerca a la perfección de una esfera (el chip es plano y rectangular), el giro de la bola nunca será igual que el de una Titleist.

En definitiva, que si algún día abren uno de estos en Madrid y/o Barcelona (fuera de ahí me parece utópico conseguir cuadrar las cuentas), no se olviden de coger un palo más 😉

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Abe Mitchell

Hoy “toca” recuperar la figura de Abe Mitchell, sobre el que escribí hace unos años con motivo de la Ryder Cup. Esta es su interesante historia 🙂

Empieza una nueva edición de la Ryder Cup y, en los próximos días, veremos en todos los medios de comunicación infinidad de imágenes de la dorada copa que da nombre a la competición. No en vano, este torneo es el tercer evento deportivo de mayor audiencia televisiva tras los Juegos Olímpicos y los mundiales de fútbol. A pesar de ello, solo los más observadores se darán cuenta de la existencia de la pequeña figura en forma de golfista que corona el trofeo. Y, entre los más observadores, solo unos pocos sabrán que ese jugador tenía nombre y apellidos; Abe Mitchell.

Henry Abraham Mitchell nació el 18 de enero de 1887 en Forest Row (Sussex, Inglaterra). Su madre, Mary, lo era en condición de soltera, algo no muy bien visto por la puritana sociedad de la época. Por ello, hicieron pasar a Mitchell por su hermano pequeño y fue criado por los abuelos del niño, George y Sophia.
Afortunadamente para el futuro de nuestro protagonista, en 1893 se estableció en los lindes de la propiedad familiar el Tunbridge Wells & Ashdown Forest Golf Club. Abe Mitchell empezó desde muy pequeño a ejercer de caddie en el lugar, lo que también le permitió recibir clases sobre el mantenimiento del campo y empezar a jugar a golf.

Cuando Mitchell descubrió la mentira sobre su verdadera madre, que se había casado y vivía a escasos metros de la vivienda familiar, el golf se constituyó en su refugio personal. Aunque no era muy alto, el trabajo en el bosque y la casi obsesiva práctica hicieron de él uno de los jugadores más “largos” y rectos de la época. Por ello, ya desde muy joven, empezó a clasificarse en los puestos cabeceros de las competiciones “Open” que se organizaban en su club.

La carrera como amateur de Abe Mitchell fue fructífera. Con 16 años ya se enfrentó a un gran golfista de la época como Horatio Gordon Hutchinson, doble campeón del Amateur Championship en 1886 y 1887, para perder por un solo hoyo. En 1910, tras otra dura contienda ante el mismo rival, que acabó con idéntico resultado, fue el propio Hutchinson el que recomendó a Mitchell como integrante del equipo inglés en su tradicional “match” contra Escocia; la destacada actuación de nuestro protagonista, venciendo por 7&5 a Guy Campbell, ayudó a los ingleses a conseguir su primera victoria de los últimos seis años. Una semana después, Mitchell perdió por 5&4 en Hoylake la semifinal del Amateur Championship ante el mejor jugador del momento y posterior campeón, John Ball. A pesar de la derrota, ese mismo año ganó el famoso Golf Illustrated Gold Vase Stroke Play en Sunningdale, con cinco golpes de ventaja sobre Angus Hambro.

Abe Mitchell (centro, en la fila trasera), con el equipo de Inglaterra en 1910

Su primera incursión en el Open Championship tuvo lugar en la edición de 1911, celebrada en el Royal St George’s. Como le ocurrió durante toda su carrera, cuanto más importante era el torneo y el público que le acompañaba, peor era su rendimiento en el campo de golf. Con dos tarjetas de 80 y 86 golpes, Mitchell ni tan siquiera consiguió pasar la previa de un campeonato que registró una participación récord de 226 jugadores. Al año siguiente, Mitchell volvió a caer ante John Ball, esta vez en la final del Amateur Championship celebrado en el campo más antiguo de Inglaterra; el Royal North Devon Golf Club (popularmente conocido por el topónimo del lugar en el que se encuentra; Westward Ho!) Fiel a su estilo, nuestro protagonista desperdició varias ventajas para conseguir un título que se le escapó en el segundo hoyo del desempate. En 1913, tras ganar por segunda vez el Golf Illustrated Gold Vase stroke play, se pasó al profesionalismo para ver como la 1ª Guerra Mundial interrumpía su progresión como jugador.

Tras volver de la guerra, Abe Mitchell irrumpió en el profesionalismo con fuerza. Tras vencer en el British PGA Match Play Championship de 1919, segundo torneo en prestigio de la época, triunfó en lo que iba a ser lo más parecido a un Open Championship en toda su carrera. A causa de la 1ª Guerra Mundial, el decano de los “majors” no se había celebrado, por lo que se organizó un torneo de similares características en St Andrews al que se llamó el “Victory Open”. Tras acabar empatados en el primer puesto con 312 golpes, Abe Mitchell y George Ducan decidieron desempatar por el título al día siguiente, mientras disputaban una partida de exhibición junto a Harry Vardon y James Braid. Mitchell fue el que firmó la mejor tarjeta del día y, por tanto, el que acabó incluyéndolo en su palmarés.

En 1920, Mitchell repitió triunfo en el British PGA Match Play Championship y llegó al Open que se iba a celebrar en el Royal Cinque Ports en plenitud de facultades. Tras la disputa de las dos primeras rondas, nuestro protagonista lideraba el torneo con suficiencia por seis golpes al haber entregado dos tarjetas de 73 y 74 impactos…….para ver como una horrible tercera vuelta de 84 golpes acababa con sus opciones al triunfo final. Aunque Mitchell se las arregló para firmar un buen 76 en la última ronda, solo pudo ser 4º. Abe Mitchell siguió ganando torneos en Gran Bretaña y también probó suerte en los EEUU, donde cosechó algunas victorias de prestigio como las obtenidas en el Southern Open de 1922 (derrotando a Leo Diegel en el playoff) o en el Miami Open de 1924.

No obstante, el año que marcó el futuro de Mitchell fue 1925. Aunque había conocido a Samuel Ryder dos años antes, cuando nuestro protagonista acudió a un torneo organizado por el famoso comerciante de simientes en el campo de Verulam Golf Club, su amistad cristalizó cuando Ryder contrató como profesor a Mitchell para mejorar su juego.
Las semillas de la Ryder Cup se plantaron por primera vez en 1913, en Versalles. Allí, el equipo galo capitaneado por el ex-campeón del Open Championship Arnaud Massy, derrotó contundentemente al equipo estadounidense en un formato estipulado de partidos fourballs e individuales. En 1921, tras el famoso torneo de las 1.000 guineas celebrado en Gleneagles, se produjo un segundo enfrentamiento por equipos, esta vez entre Gran Bretaña&Irlanda y los EEUU. Con la ayuda de Abe Mitchell, los jugadores británicos vencieron por 9-3 al equipo capitaneado por Walter Hagen, abonando el terreno para el ensayo general que tendría lugar en 1926. En ese año, ya con Abe Mitchell y Samuel Ryder unidos en el propósito de crear la Ryder Cup, se acordó con Hagen que ambos equipos se volvieran a enfrentar. Lastimosamente, una huelga general paralizó el país y algunos de los jugadores estadounidenses no pudieron llegar a tiempo para participar en el envite. Con la ayuda de jugadores escoceses, se recompuso en lo posible el equipo norteamericano, que cayó derrotado inapelablemente por 13 ½ a 1 ½ en el campo de Wentworth.

Walter Hagen, Gene Sarazen, Abe Mitchell y George Duncan

Ante las quejas del bando estadounidense por la baja de varios de sus componentes, se decidió organizar un match a 72 hoyos (36 cada día) entre los dos mejores jugadores de ambos equipos; Abe Mitchell y Walter Hagen. Tras la primera jornada, Mitchell lideraba por cuatro arriba. Conocedor de los problemas de concentración de Mitchell por haber estado presente en la celebración del Open Championship de 1920 que el inglés perdió inexplicablemente, Hagen puso en marcha una de sus marrulleras tácticas. A la mañana siguiente, el jugador estadounidense hizo acto de presencia en el tee de salida 30 minutos más tarde de la hora estipulada con la intención de desestabilizar a Mitchell. Este, fuera de sí, acabó perdiendo estrepitosamente el match ante la mirada de Samuel Ryder, que encargó que se pusiera la conocida figura de su amigo y profesor en la parte superior del trofeo de la Ryder Cup para simbolizar el espíritu de deportividad que debería presidir esta competición.

Como de todos es sabido, 1927 significó la primera edición oficial de la Ryder Cup. La sede elegida para su disputa fue el Worcester Country Club (Massachusetts, EEUU) y el jugador designado para capitaner al primer equipo de Gran Bretaña e Irlanda fue Abe Mitchell. Desafortunadamente para él, una inoportuna apendicitis le impidió viajar en el SS Aquitania rumbo a los Estados Unidos. Sin su presencia ni la del joven Henry Cotton, el equipo británico sucumbió por un claro 9½ a 2½. En 1929, ya con ambos jugadores en el equipo, Gran Bretaña e Irlanda vencieron por 7 a 5 a los estadounidenses ante la atenta mirada de Samuel Ryder. El campo de Moortown (Leeds, Inglaterra) fue testigo del hecho. Mitchell participó también en la edición de la Ryder Cup de 1931 en el Scioto Country Club (Ohio, EEUU) que concluyó con un marcador de 9 a 3 para los norteamericanos.

1933 fue un año de la despedidas para Abe Mitchell. Despedida brillante del equipo de la Ryder Cup con el triunfo de Gran Bretaña e Irlanda por 6½ a 5½ y una actuación estelar de nuestro protagonista (victoria en foursomes por 4&3, y en individuales por 9&8 ante Olin Dutra)……..y despedida amarga de su sueño de conseguir el Open Championship. Empatado en el liderato tras 54 hoyos con Henry Cotton, Syd Easterbrook y Leo Diegel, una última ronda de 79 golpes le apartó definitivamente de la gloria. Nunca más tuvo la oportunidad de conseguir la deseada jarra de clarete. Como triste consuelo, Mitchell ganó la Copa Tooting Bec a la ronda más baja de esa edición por su 68 de la segunda jornada.

Para la inmensa mayoría de nosotros, Abe Mitchell sería actualmente un perfecto desconocido si no fuera por la pequeña figura que corona la dorada copa que con tanto esmero fabricaron los joyeros Mappin&Webb. El homenaje que su amigo y alumno Samuel Ryder le dedicó ha conseguido su propósito; que nadie olvide el importante papel que Abe Mitchell tuvo como uno de los mejores jugadores de su momento y como pionero de la Ryder Cup. Por ello, el epitafio que algún periodista dedicó a Mitchell como “el mejor jugador sin un Open” no debería devaluar la importancia que para el golf tuvo su figura. De hecho, no son muchos los que tiene el honor de haber presidido a lo largo de la historia el trofeo que se entrega al ganador de la competición por equipos más importante del mundo.

El swing de Abe Mitchell

Nota: Este texto ha bebido de las fuentes del excelente artículo de Roger Porter “Abe Mitchel, the man on the Ryder Cup -on the life and career of the great Cantelupe artisan-” Through the green, septiembre de 2008

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Estética vs. Eficiencia (XI)

Hoy, en la entrada del blog, vuelvo a hablar sobre aquellos swings que estéticamente parece que no sirvan ni para impactar la bola pero que en la realidad permiten a sus dueños tener un nivel de juego que ya quisiéramos muchos de nosotros 🙁 La primera invitada del día es una señora a la que se ha visto profusamente en todas las redes sociales las últimas semanas por su particular “estilo” gracias a que jugó un Pro-Am con el profesional del PGA Tour Steve Wheatcroft. Como se puede ver en el vídeo, la susodicha mueve los pies de una manera muy especial, consiguiendo un increíble contacto con la bola que le permite alcanzar distancias muy decentes de casi 200 metros 😯 Esta es la secuencia, más propia de Cuarto Milenio en vez de un blog de golf:

Tras contemplar este misterio, que ríete tú del de Fátima, nos llega este otro jugador. Al principio, todo parece normal…..hasta poco antes de llegar el punto de impacto, cuando todo cambia:

Se podrán decir muchas cosas de ese “finish”, pero la realidad es que el señor clava los golpes e incluso uno de ellos toca la bandera 😯 Que vayan hablando de mí, que el que hace pocas soy yo 🙂

El siguiente en la lista también se encontraba disputando un Pro-Am cuando le grabaron, poniendo de manifiesto que sin girar un ápice los hombros también se puede mover el palo…..con los brazos y las manos. Vean y maravíllense 😯

Para acabar, una toma de un aficionado a nuestro deporte en un campo de prácticas. Dicen muchos entendidos que existe algo llamado “la teoría del ojo dominante”, y de ello hablé en estas dos entradas del blog………..algo que no practica el siguiente jugador. Como se puede ver, su plano de swing y la posición de su cabeza en el backswing son algo “peculiares” 🙂 :

 

 

 

 

 

 

 

 

This is golf 😉

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Chrysto Grayling

Como han podido comprobar los lectores del blog, últimamente tengo muy poco tiempo para escribir. Además, por cuestiones laborales parece que la situación no va a cambiar en un futuro cercano, por lo que voy a publicar poco próximamente. Para paliar la situación en lo posible, voy a hacer un corta-pega de un  artículo que escribí en 2011 en otro espacio virtual sobre Chrysto Grayling, un prometedor jugador al cual la vida trató muy mal, algo que sucede más a menudo de lo que pensamos pero de lo que no nos enteramos porque no suele ser noticia. Esta es su historia:

La historia del golf está llena de futuros dominadores de este deporte de los que nunca más se supo. Uno de ellos, para quién lo recuerde, es Ty Tyron. Futuro nº 1 del mundo, con 16 años se pasó al profesionalismo de la mano de su mentor David Leadbetter y acabó sumido en el más absoluto de los fracasos. Aunque muy poco a poco, de vez en cuando da muestras de la gran clase que en su momento atesoró y nos regala, como ocurrió el año pasado y también en la edición de este año, con una participación en el US Open conseguida en los eventos clasificatorios previos al segundo Major del año…………..pero no es de él de quién quiero hablar.
Allá por el año 2000, Ty Tyron tenía un compañero de equipo al que los usuales agoreros también situaban en el olimpo de los dioses del golf en un breve espacio de tiempo; Chrysto Greyling. Nacido en Sudáfrica, sus padres se trasladaron a los EEUU para poder desarrollar la prometedora carrera en el golf del mayor de sus tres hijos; el mismo tutor que el de Ty Tyron, David Leadbetter, sería el encargado de conseguirlo.
Mejor jugador junior de los EEUU en el año 2000, su destino parecía ser el mismo que el de su compañero Tyron………y, por desgracia, lo fue. Tras jugar su primer evento del PGA Tour con 17 años (El Buick Challenge del año 2000), justo tras llegar a la universidad de Georgia con una beca bajo el brazo, los doctores recetaron a Chrysto un medicamente para el acné resistente llamado Accutane, conocido por tener graves e indeseados efectos secundarios como severas depresiones; al mes de tomar dicho medicamento, Greyling no podía bajar de los 80 golpes…….y a los dos meses de la prescripción, tampoco podía jugar por debajo de los 95. Lo que parecía ser una prometedora carrera en este deporte se tranformó en el juego mediocre de cualquiera de nosotros, los amateurs medios. Todas las alarmas saltaron. La degeneración de las habilidades del jugador sudafricano fueron tan dramáticas que su profesor, David Leadbetter, incluso le recomendó que dejara de jugar al golf para no agravar los efectos de su caída libre y preservar, en lo posible, la confianza y la autoestima de un jugador acostumbrado a jugar sin miedo. No fue suficiente.
Tras buscar una segunda opinión médica, Chrysto Greyling dejó de tomar el Accutane e intentó recuperar su nivel previo de juego………sin éxito. Parecía que el deterioro mental había sido tan grave que el jugador sudafricano no encontraba la confianza necesaria para volver a jugar al nivel al que estaba acostumbrado. Tras pasar unos años jugando circuitos menores, no fue hasta el año 2007 cuando se volvió a saber de él al encontrar su nombre entre los participantes de la escuela de clasificación del PGA Tour. Aunque no consiguió clasificarse para jugar el gran circuito, una plaza entre los 50 primeros clasificados le proporcionó una tarjeta condicionada en el Nationwide Tour. Su primera temporada en la “segunda división” del golf estadounidense no fue precisamente buena, pero parecía en disposición de ir recuperando el juego que una vez le había convertido en una de las sensaciones del momento………aunque Chrysto no sabía que el destino todavía le deparaba un golpe más.
En el año 2009, acuciado por los problemas económicos, su padre, Iaan, se suicidó tras pasar una tarde con su hijo, que intentaba animar a su progenitor para que superara su mal momento. Los remordimientos por no haber podido desarrollar su prometedora carrera y, de esa manera, haber evitado las dificultades financieras de su padre y su muerte, no tardaron en aflorar. Chrysto volvió a hundirse.

Tras superar este dramático episodio de su vida, el joven Greyling volvió a coger los palos de golf y se dedicó a preparar su vuelta a la élite de este deporte. Como él mismo dice, todas las desgracias que le ha tocado vivir le han obligado a madurar. Tras presentarse y superar el torneo clasificatorio local, Chrysto Greyling jugó junto a su amigo Ty Tyron el torneo clasificatorio seccional, en el que ambos consiguieron su sueño de jugar en el difícil campo del Congressional Country Club esta semana. Otra vez juntos. Y no sólo eso; tras dos buenas rondas de 72 y 74 golpes, Greyling superó a su excompañero de equipo y consiguó el hito de superar el corte de este gran torneo. Desde aquí, nos alegramos de tu vuelta, Chrysto; aunque acabes en un puesto en la clasificación general en el que nadie se fije en tu nombre, yo creo que tú ya eres un triunfador. Wellcome back.

¿Quién es el triunfador de la foto del US Open de 2011? En lo personal podría ser perfectamente el desconocido jugador de la izquierda; Chrysto Greyling

Vídeo del 2007 en el que se habla de él y aparece su padre:

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