60 yardas más

Cuando escribo una entrada del blog como la de hoy, soy consciente de que la he repetido alguna que otra vez. No obstante ello, tampoco me canso de repetir que en muchos casos tenemos en nuestra mano conseguir un buen puñado de metros más con el driver, ese palo que dicen que da la gloria 😉 Evidentemente, si el swing de golf fuera tan unidimensional, cualquiera podría ser profesor. Cuando nuestro swing no funciona, puede ser por diferentes causas, con lo que arreglar solo una tampoco nos va a ayudar mucho. Y en el caso de ser solo una, es posible que cambiar solo un aspecto de nuestro movimiento no consiga acabar con las compensaciones que nos permitían golpear la bola con anterioridad 🙁

Dicho esto, ver vídeos como el de hoy nunca viene mal. Si se es un poco inquieto y con ganas de mejorar, lo incorporaremos a nuestro “disco duro” y quizás algún día los “recuperaremos” en nuestro beneficio. En esto del golf nunca se sabe 😉 Por ello, sin más dilación, veamos esta grabación de los amigos Piers Ward y Andy Proudman en la que nos hablan (sí, otra vez) de la importancia de golpear a la bola con un ángulo de ataque positivo para maximizar la distancia. Específicamente, estos dos profesionales nos van a mostrar la diferencia que la colocación tiene en este importante aspecto del juego. Está en inglés pero creo que todo se entiende a la perfección 😉

Las cuentas están muy claras. Con el torso inclinado hacia el objetivo, el ángulo de ataque se situaba en los -7.2 grados, la bola viajaba por el aire durante 133 metros y acababa su rodada en los 160 metros. En cambio, cuando el jugador inclinaba un poco el torso en sentido opuesto al objetivo, el ángulo de ataque se transformaba en positivo (+2.6 grados), la bola viajaba por el aire durante más de 186 metros y acababa su rodada en los 211 metros. Estamos hablando de 51 metros de diferencia para una misma velocidad de la cara del palo de 84.9 millas por hora en los dos golpes 😯
Como he dicho al principio, a veces este tipo de vídeos son algo simplistas. A pesar de ello, yo los seguiré divulgando para animar a los jugadores a mejorar. Y, como dicen en algunos programas de televisión, “niños, no intentéis hacer esto en casa sin la supervisión de un buen profesor” 🙂 Sí, el final de la frase la he adaptado a nuestro deporte preferido 😉
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Gadgets (XXI)

Vamos allá con una nueva edición de las entradas dedicadas a los gadgets que usan los mejores profesionales. En primer lugar tenemos al escocés Russell Knox, que en el Cadillac Championship fue captado por las cámaras usando este largo y grueso “stick” -siento la analogía :mrgreen: – para calentar antes de la ronda y al mismo tiempo comprobar su plano de hombros. Tampoco me extrañaría que lo usase para mejorar su alineación (vía @TourMiss).

Knox1

El segundo protagonista es K.J. Choi. El golfista surcoreano fue inmortalizado usando un gadget muy popular entre los golfistas. Se trata de una herramienta parecida al clásico Power Resistance pero en versión portátil. Si uno se fija, puede ver que la varilla del palo pasa por uno de los lados en vez de por el centro, lo que da a entender que es desmontable. La resistencia al aire que proporcionan las “alas” permite fortalecer los músculos implicados en el swing e incrementar la velocidad del mismo (vía GolfWRX).

ChoiGadget

El penúltimo invitado es Danny Willett. Al ganador del Masters lo sorprendieron unas semanas antes de su 1er “grande”………haciendo swings con las manos cambiadas 😯 Como dice Jason Sobel, igual es que escuchó que a Rory McIlroy le había ido bien cambiar las manos con el putt y quiso probar. No, en realidad es que lo hace porque le ayuda a cuadrar los hombros. Además, el Masters lo ganó con las manos puestas en su lugar tradicional, con lo que no hay peligro 😉

Willett5

En último lugar, Steve Pate. El exjugador del PGA Tour se presentó de esta guisa en el campo de prácticas del Legends of Golf (Champions Tour). No sé si se acababa de tirar en paracaídas desde un avión o había tenido un accidente y llevaba ortopedia. El caso es que no tengo ni idea para qué sirve el engendro. En fin, cosas de golfistas 😉 (vía Olin Browne)

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El golf adaptado en Madrid

Como muchos saben, la semana pasada hubo elecciones a presidente de la Federación de Golf de Madrid. Se enfrentaban el presidente desde hace doce años y viejo conocido de este blog por su “escapada” (¿presuntamente?) pagada por los federados madrileños a la Ryder Cup de 2012, Ignacio Guerras, y una candidatura presidida por la árbitro territorial madrileña Begoña Zamorano. Afortunadamente para mí, Golf76 escribió un excelente artículo el viernes pasado hablando del demencial reglamento electoral, de la “histórica” cifra de votantes así como del resultado. Por lo tanto, yo, a lo mío 🙂

De quién quiero hablar hoy es del presidente del Comité de Golf Adaptado de esa territorial, Pablo Cabanillas. Durante los días previos a las elecciones, y vista la publicación de una entrada del blog contraria a Guerras, el amigo Cabanillas se permitió el lujo de hacer lo que mejor sabe; sacar a relucir la peor de sus dos caras. Esta es la secuencia de mensajes en Twitter, desde una cuenta llamada Golf Adaptado, parece que molesto por que no me gustan los presidentes de la “vieja escuela”:

Cabanillas1

Posteriormente, me tildó despectivamente de “trol” en esta red social, diciendo que solo busco protagonismo, etc., etc., pero la realidad es que el artículo existe…….y su petición también 😉 El Sr. Cabanillas tiene mala memoria solo en público, más que nada porque tiene miedo de que le lean en la RFEG. Los cobardes son así. Veamos los antecedentes:

En 2013, la RFEG le prohibió jugar un Campeonato de España por su necesidad de usar un buggy. En un intercambio de correos sobre este particular, escribió lo siguiente:

Cabanillas2

Vaya, que lo suyo es que otro tire la piedra y él hace como que se suma a la protesta en vez de dar la cara por los golfistas discapacitados aún poniendo en riesgo su “corralito” en la Federación Madrileña. Pero claro, él mantiene públicamente que no ha pedido a nadie un artículo criticando a la RFEG 😯 Veamos otro ejemplo:

Cabanillas3

Lo más curioso del caso es que este personajillo participó en la primavera de 2015 en un programa de Canal + sobre el golf y los discapacitados en el que se guardó muy mucho de hablar sobre el tema, no fuera que las altas instancias se molestaran. Cuando se le pregunta por qué no comentó sus dificultades en antena, la respuesta es la de siempre. Lo que decía, un valiente.

Cabanillas4

No sé por qué, siempre he pensado que en el golf adaptado había mejores personas que en otros colectivos por lo mal que lo han tenido que pasar. La realidad es que, como suele suceder, hay de todo. Ya me llevé un chasco con Juan Postigo, uno de los protagonistas del artículo original que escribí en Crónica Golf y que tanto revuelo generó, por el cual su director decidió no volver a hablar sobre el tema. En el apartado del “Hall of Fame” están los detalles.

En fin, quiero aclarar que desde este blog seguiré luchando para que los golfistas discapacitados puedan jugar algún día en las mismas condiciones que nosotros. Si para ello tengo que “zurrar” a la RFEG, lo haré. Y si le toca al hipócrita de turno, como es el caso hoy, también. Para mí, el colectivo sigue estando por encima de sus representantes, faltaría más 😉

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Una miniatura

Como muchos sabrán, se está celebrando en el Real Club de Golf La Herrería el Challenge de España, torneo de la segunda división del golf europeo. Además de las excelentes vistas que proporciona este recorrido, existe un elemento del campo que destaca especialmente con respecto al resto; el bunker de green del hoyo 7.

Definitivamente, el entorno es espectacular

Herreria

El caso es que, aunque el diseño original del campo pertenece a Antonio Lucena Gómez, en el año 2000 fueron remodelados los primeros nueve hoyos del recorrido. El encargado de dicha tarea fue Pepe Gancedo, del que ya hablé en el mes de febrero a causa de su fallecimiento. Pues bien, dicen que Gancedo, genio y figura, quiso dejar su impronta en el campo construyendo uno de los bunkers más pequeños que he visto nunca. El hoyo no es largo, 145 metros, pero si se tiene la mala suerte de caer en esta trampa de arena y la bola no queda perfectamente colocada, vamos a tener muchos problemas a la hora de sacarla de allí. Veamos por qué en varias imágenes vía Challenge Tour:

No parece tan pequeño, ¿no?

Gancedo1

Pues lo es cuando vemos que mide lo mismo que el rastrillo 😯

Gancedo2

Con la bola en el centro, aún podemos tener suerte (Jacques Blaauw)

Gancedo3

Si fuera ligeramente más profundo, no cabría duda de que es un típico “pot bunker” de los que podemos encontrar en los campos “links” británicos. No obstante, ver lo complicado que puede llegar a ser salir de él me recuerda que los bunkers en realidad deberían ser mucho más lo que su nombre indica, obstáculos. Hoy en día, su estado de mantenimiento es tan perfecto en la mayoría de campos, que los profesionales no suelen tener muchos problemas para recuperarse si caen en ellos. Hay que empezar a “naturalizarlos”, como en Pinehurst Nº2 😉

Los “pot bunkers”pot-bunkers

Información vía Challenge Tour.

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Los 50 de Daly

Hoy, el protagonismo lo ha acaparado John Daly. El jugador estadounidense ha cumplido 50 “tacos”, una meta que, vistas sus múltiples toxicomanías y su múltiples reincidencias, muchos de nosotros creíamos que nunca iba a cruzar. Para celebrarlo, vamos a repasar algunas de las anécdotas que han rodeado la efeméride.

En primer lugar está la deuda que Fuzzy Zoeller tiene desde hoy con Daly. Explicaba el rey del “grip it and rip it” a Golf.com que, durante una participación en el Masters de Augusta hace muchos años, y tras una intensa noche de juerga, Zoeller se apostó con él 150.000$ a que no llegaba a la cincuentena. Lamentablemente para el amigo Fuzzy, el cuerpo le ha aguantado. No sé si acabará reclamándole la deuda, pero, por si acaso, mejor que vaya contando los billetes 🙂

La segunda anécdota la tenemos en como ha celebrado el hijo de John Daly el cumpleaños de su padre; utilizando como tee una botella de Cola, al igual que hizo su progenitor hace unos años con una de cerveza. Veamos los vídeos porque el chaval apunta maneras 😉

La tercera curiosidad está en una conversación que Daly mantuvo con Tiger Woods en 2004. El amigo John intentó que Woods se tomara unas cervezas con él y sus amigos, un ofrecimiento que el entonces nº 1 del mundo declinó amablemente ya que tenía que ir al gimnasio. Al insistir Daly en la invitación con el argumento de que no necesitaba entrenar tanto, Tiger le dijo lo siguiente:

“Si yo tuviera tu talento, estaría haciendo lo mismo que tú” 😯

Más que Tiger no han trabajado muchos profesionales. Quizás solo Vijay Singh. Si Daly hubiera tenido la ética de trabajo de Woods, ahora mismo se estaría hablando del reinado de dos décadas del golfista rubio en lugar de el del afroamericano. Y lo digo con pleno convencimiento tras haber visto jugar en directo a ambos. Personalmente, lo que más me impresionó de Daly no fue tanto su distancia (que la tiene) como sus “manos” en el juego corto. Sabiendo de su potencia, impresiona verle hacer un swing completo con un wedge para colocar la bola en green a solo 50 metros de distancia. Lástima que la cabeza no acompañara porque, como dijo Woods, tiene tanto talento que se le sale por las orejas 🙁

 ¿Qué pasaría si yo hiciera un swing girando los hombros así?

DalyHombros

Esto 🙁

Enyesado

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Manuel de la Torre (II)

Tras huir de España justo antes del estallido de la Guerra Civil, toda la familia De la Torre se trasladó a vivir a los EEUU. Fue allí donde el joven Manuel recibió directamente la influencia de Ernest Jones. Bajo su tutela, Manuel de la Torre perfeccionó el swing que posteriormente le proporcionaría numerosas victorias y aprendió las teorías sobre el swing de golf que, al igual que su maestro, enseñaría fielmente durante toda su vida. Tal fue la influencia que Jones ejerció en De la Torre que, si nos fijamos en su trayectoria profesional, veremos que las similitudes con respecto a su maestro no son casuales. Y no solo eso; muchas de esas semejanzas hacen referencia a aspectos que van más allá de lo referente a la técnica del swing.

Manuel de la Torre estudió en el Highland Park High School (Illinois) donde se proclamó campeón individual del estado en 1940. Además, como miembro de los Giants, también consiguió el título por equipos. Tras ello, ingresó en la Northwestern University para completar sus estudios universitarios. Encontrándose en dicha universidad, en 1942 fue distinguido en su conferencia por el segundo puesto individual conseguido en el Campeonato Nacional de la NCAA que se celebró en Indiana.

“Sandy” Tatum (izquierda), posteriormente presidente de la USGA (1978-1980), venció a Manuel de la Torre 5&4 en la final individual Match Play del Campeonato Nacional de la NCAA de 1942.

NCAA

Tras su prometedor inicio en la universidad, Manuel de la Torre vio truncado su progreso por la misma razón que su mentor, Ernest Jones; el estallido de una guerra mundial. La implicación de los EEUU en la segunda gran guerra del siglo XX en diciembre del año anterior provocó que nuestro protagonista acabara dejando los estudios y se enrolara en el ejército para defender a su país. Tras tres años sirviendo en filas, y afortunadamente indemne, en 1945 Manuel de la Torre volvió a la universidad para finalizar sus estudios. En esta su segunda estancia en la Northwestern University, de la Torre capitaneó el equipo de golf que quedó en segundo lugar en el campeonato de la NCAA de 1945 y tercero al año siguiente. Por fin, en 1947 consiguió graduarse en administración de empresas.

Tras finalizar sus estudios, Manuel de la Torre fue contratado en 1951 como jefe de profesionales del Milwaukee Country Club, uno de los recorridos con mayor solera de los EEUU. Este club de golf, diseñado por Harry S. Colt, solo abre sus puertas desde abril a noviembre, con lo que la temporada invernal era el único momento en que de la Torre podía dedicarse a jugar torneos. Como es de suponer, durante esos meses no habían demasiados campeonatos disponibles, con lo que Manuel de la Torre tenía que compaginar su trabajo de más de 50 horas semanales durante la temporada veraniega con su participación en aquellos torneos a los que quería acudir.
Manuel de la Torre antepuso siempre sus obligaciones como profesor a las de jugador de golf. A pesar de que su nivel de juego era excelente, su prioridad siempre estuvo del lado de aquellos que deseaban aprender a jugar a nuestro deporte. Posiblemente esa sea la causa de que su palmarés no sea más extenso.

A pesar de ello, de la Torre fue capaz de conquistar los siguientes torneos:
– 5 Campeonatos Open del Estado de Wisconsin (1952, Blue Mound Golf&Country Club, 276 golpes; 1953, Racine Country Club, 291 golpes; 1955, Oneida Golf Country Club, 282 golpes; 1961, Meadowbrook Country Club, 279 golpes y 1968, Ozaukee Country Club, 281 golpes)
– 5 Campeonatos de profesionales de la PGA del Estado de Wisconsin (1953, 1955, 1957, 1959 y 1970)
– 1 Capitol Times Invitational (1954, Maple Bluff Country&Club, 134 golpes)
– 2 Cherryland Open (1963 y 1964, en el Alpine Resort Golf Course)
– 1 Hope of Tomorrow Championship (1965, Palm Springs)
– 1 Westview Invitational (1972)
– 1 National Open Senior Classic (1973)
– 1 Campeonato Match Play de la PGA del Estado de Wisconsin (1976)
– 1 Campeonato de profesionales senior del PGA del Estado de Wisconsin (1987, Rivermoor Country& Club)

La segunda persona que marcó en gran medida la trayectoria de Manuel de la Torre fue Carol Mann. En 1962, cuando contaba con poco más de 20 años, Mann leyó el libro de Ernest Jones “Swing the clubhead” y se quedó prendada de su filosofía pedagógica. Supo que Manuel de la Torre seguía las enseñanzas de Jones y se puso en contacto con él. Éste, en su primera clase, le pidió que realizara algunos swings; cuando Carol Mann acabó, la cuestionó sobre qué estaba intentando hacer. Cuando Mann le mencionó seis o siete cosas diferentes, de la Torre le preguntó…….¿y todo eso pretendes hacerlo en el poco tiempo que dura el swing?
Mann empezó a tomar clases regularmente con Manuel de la Torre y los resultados no tardaron en llegar. En 1964 obtuvo su primera victoria en la LPGA, y lo hizo, nada más y nada menos, que en el Women’s Western Open, considerado en aquella época uno de los “Majors” del circuito femenino. Esta gran victoria fue seguida al año siguiente por el Lady Carling Open y otro “grande”, el U.S. Women’s Open. En 1966 consiguió 4 victorias, 3 en 1967, 10 en 1968 y 8 en 1969. Mann continuó ganando torneos hasta el año 1975, completando un total de 38. Este extraordinario rendimiento significó la popularización definitiva del método de enseñanza propugnado por Manuel de la Torre.

Mann (centro), en una foto de la época (vía Golf Digest)

carol-mann

Tras Carol Mann, excelentes golfistas profesionales como el ganador del Masters Tommy Aaron, Loren Roberts (en 1997, dos semanas después de su primera clase con Manuel de la Torre, ganó el CVS Charity Classic del PGA Tour) o Sherri Steinhauer (8 triunfos en torneos de la LPGA, dos de ellos “majors”) siguieron sus enseñanzas con notable éxito y le consagraron como uno de los mejores profesores de los EEUU.

A pesar de ello, una vez más a imagen y semejanza de Ernest Jones, la sencillez siguió siendo la seña de Manuel de la Torre. Situado por méritos propios en el Olimpo de los profesores de golf, sus tarifas siguieron siendo asequibles para el más común de los mortales, sin hacer distinciones entre el mejor profesional y el peor amateur. Mientras otros colegas de profesión tan reputados como él cobraban cifras considerables por cada hora de clase, de la Torre seguía cobrando 40 dólares la media hora a los adultos y 3 dólares por lección a los niños. La explicación, según sus propias palabras es la siguiente:
“Soy más partidario de ganar 1.000 dólares enseñando a 50 personas que ganar 1.000 dólares enseñando a 10. Siempre he sentido que dar cases era un servicio. Si puedo ayudar estas personas a jugar mejor, ellos jugarán más rondas, requerirán más caddies y usarán más los servicios del club. El golf me ha dado tanto que creo que yo debo dar algo a cambio. En el fondo de mi corazón, siento que si mis tarifas fueran tan altas como las de otros profesores, y yo mismo tuviera que pagarlas, me lo pensaría dos veces.”

Desde finales del siglo XIX hasta principios del siglo XXI, hemos repasado el aspecto técnico del golf a través de Ernest Jones y Manuel de la Torre. Durante todos estos años, miles de sus alumnos habrán aprendido a mover el palo por el sitio correcto y habrán acabado por disfrutar de su juego en el campo. Otros, en cambio, quizás no habrán conseguido alcanzar los objetivos que se marcaron y habrán tenido que resignarse ante sus limitaciones. No obstante ello, independientemente del nivel de juego que hayan llegado a conseguir, la inmensa mayoría de esos alumnos habrán recibido, con casi total seguridad, otro tipo de enseñanzas de nuestros protagonistas. Quizás no son tan tangibles como ver el vuelo al draw de una bola pero, no por ello, son de menor importancia. La humildad, la lealtad, la constancia, la entrega, la dedicación y la paciencia que Ernest Jones y Manuel de la Torre demostraron a lo largo de décadas de ejercicio profesional también son valores que se han transmitido, en menor o mayor medida, a sus alumnos. Y eso, por mucho que los tiempo hayan cambiado, es algo mucho más difícil de enseñar porque, hasta el momento, nadie lo ha podido analizarlo con un programa de ordenador ni reproducirlo con un trackman 😉

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Manuel de la Torre (I)

El domingo pasado falleció en los EEUU uno de los más importantes profesores de golf; Manuel de la Torre. De origen español, a sus 94 años atesoraba una larguísima tradición familiar en la enseñanza de nuestro deporte. Por eso, he decidido recuperar un largo artículo sobre su vida que escribí hace años para una extinta web que nunca lo publicó. Serán algo más de 1500 palabras en cada uno de los artículos pero creo que vale la pena conocer su historia 😉

Manuel de la Torre, una saga unida al golf

En una época en la que la enseñanza del golf casi no se concibe sin la utilización de una cámara de vídeo digital, un programa de análisis de swing, un trackman y decenas de gadgets, parece que la supervivencia de lo que podríamos denominar “profesores de estilo clásico” está seriamente amenazada. La tecnología adaptada al estudio del swing ha ido ganando terreno en los últimos años, arrinconando los métodos de enseñanza tradicionales basados más en la experiencia y las sensaciones que en la repetida visualización de los fotogramas de una grabación. La conexión que el swing de golf tenía en otros tiempos con las emociones ha ido dando paso a un movimiento más ligado a lo racional, más mecanizado, y en el que conceptos como fluidez y ritmo son, cada vez, menos habituales. No obstante ello, toda regla tiene su excepción, y, en este caso, la excepción tiene un nombre; Manuel de la Torre.

Hijo del primer golfista profesional español del que se tiene noticia, Ángel de la Torre, y nacido en 1921 en las mismas instalaciones del Real Club de Golf Puerta de Hierro, Manuel de la Torre parecía casi inevitablemente predestinado a seguir los pasos de su padre. De hecho, desde que su progenitor le puso un palo de golf en las manos a los 18 meses de edad, su vida ha girado siempre alrededor de este deporte. Lo que seguramente no se esperaba Manuel de la Torre era acabar convirtiéndose en uno de los mejores profesores de la historia de los EEUU. Con una trayectoria pedagógica de más de 60 años contemplándole, hay pocos profesores de golf en activo que acumulen tantos reconocimientos. Primera persona en recibir el galardón de “profesor del año” de la PGA en 1986, presente en el salón de la fama de la PGA y en el salón de la fama de los profesores de golf (World Golf Teachers Hall of Fame), Manuel de la Torre ha figurado en posiciones preferentes durante décadas en las listas de los mejores maestros de los EEUU. Sin ir más lejos, en la clasificación de los mejores profesores de 2011 de la revista Golf Digest, de la Torre, con casi 90 años de edad, todavía figura en la 17ª posición.

Aunque sus primeros pasos en el golf estuvieron dirigidos por su padre, su progenitor seguía la filosofía de enseñanza iniciada por un peculiar profesor y jugador inglés llamado Ernest Jones.

Nacido en 1887 en los suburbios de Manchester (Inglaterra), Ernest C. Jones descubrió el golf ejerciendo como caddie. Dotado de una especial habilidad para el juego, vencía con asiduidad a sus compañeros en los diferentes torneos que para ellos se organizaban. A los 12 años, tras la muerte de su padre, se vio obligado a trabajar de aprendiz de clubmaker y, a los 16 años, ya regentaba su propio negocio. Su sueño se hizo realidad cuando le contrataron como asistente del profesional en el Club de Golf de Chislehurst por sus habilidades tanto en el campo como a la hora de reparar los palos. El único problema que encontró fue que, además de ejercer de clubmaker y jugar, tenía que dar clases a los miembros del club, algo sobre lo que tenía un desconocimiento absoluto.

Sin dejar que el desánimo le venciera, Jones inició la búsqueda de unos principios básicos que le sirvieran para desarrollar su nueva función pero se dio cuenta de que la limitada bibliografía de la época era, como lo sigue siendo hoy en muchos casos, contradictoria. Decidido a dar una respuesta lógica al swing de golf, encontró la base para su incipiente método de enseñanza en el libro de Sir Walter Simpson “The Art of Golf” y en las observaciones sobre el movimiento del péndulo realizadas por Galileo Galilei. Conceptos como movimiento, velocidad o fuerza centrífuga empezaron a ganar protagonismo y se constituyeron en las las piezas del puzzle que había que encajar para poder articular una teoría que diera consistencia a su enfoque pedagógico. Mientras esto sucedía, Jones se convirtió en un jugador de gran talento, protagonizando buenos resultados en el Open Championship (24º en 1911, 31º en 1912, 18º en 1913 y 21º en 1914). Felizmente para él, en 1913 fue nombrado profesional jefe de Chislehurst.

El inicio de la I Guerra Mundial detuvo la progresión como jugador de golf del joven Jones ya que éste se enroló en el Batallón de deportistas de los Fusileros Reales y partió hacia el frente. Dicha progresión se malogró de manera definitiva cuando, en marzo de 1916, la explosión de una granada de rifle en Loos (Francia) le alcanzó de pleno y le lesionó gravemente la pierna derecha. Se extrajeron 16 trozos de metralla de su cuerpo, pero no se pudo hacer nada para salvar su pierna, que tuvo que se amputada justo por debajo de la rodilla.

Este desgraciado incidente seguramente nos privó de un buen jugador pero, contrariamente a lo que el propio Jones podía llegar a pensar en ese preciso momento, nos regaló a uno de los más influyentes profesores de golf de todos los tiempos, del que todavía se pueden encontrar referencias, más allá del protagonista de nuestra historia, en jugadores y profesionales de la enseñanza como Bob Toski, Jim Flick o Davis Love Jr (padre y mentor de Davis Love III). Tras varios meses de recuperación en Gran Bretaña, y nada más recibir el alta hospitalaria, Ernest Jones cogió sus palos y se dispuso a jugar su primera ronda de golf tras su operación en el recorrido del Royal Norwich. Sorpresivamente para él, sus primeros 9 hoyos los cumplió en sólo 38 golpes. Cansado por el esfuerzo de tener que jugar con muletas, la segunda mitad del recorrido la completó con 45 impactos; a pesar de ello, 83 golpes no eran, en absoluto, un mal resultado. Espoleado por su buen desempeño, Jones no tardó en jugar rondas al mismo nivel que antes de la amputación de su pierna, lo que ayudó de manera definitiva a ensamblar las diferentes partes en las que consistía su teoría sobre el swing de golf.

Jones, jugando con solo una pierna

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Obligado a realizar su swing sobre una sola pierna, Ernest Jones se dio cuenta enseguida de que lo más importante no era mover su cuerpo para mover el palo y que éste moviera la bola, sino que lo primordial (y con más razón en su caso) era mover la cabeza del palo alrededor del cuerpo y eliminar a la bola de la ecuación. Además, ese movimiento se debía realizar de la manera más natural posible, con las manos y los dedos, y sin ejercer ningún tipo de fuerza que hiciera que la cabeza del palo disminuyera su velocidad ni se saliera de su plano ideal. Cualquier movimiento del cuerpo al realizar el swing debía verse siempre como una consecuencia y nunca como el origen del movimiento de la cabeza del palo.

Ernest Jones demostrando que no es necesario usar el cuerpo para golpear la bola

Jones1

Jones entendía el swing como el intento de dibujar un círculo con la cabeza del palo de golf. Por lo tanto, para él un buen movimiento acabaría en el mismo lugar en el que comenzó. Por ello, la prioridad del jugador de golf no debía ser preocuparse de golpear la bola sino que se debía concentrar en realizar un swing completo al estilo de un péndulo, dejando que la fuerza centrífuga impulsara la cabeza del palo y, sobre todo, sin dividirlo en partes; pensar en un backswing lento, un brazo izquierdo estirado, la acción de muñecas, el pivote, el cambio de peso y el follow-through era contraproducente. Un gato es un gato, decía el jugador inglés; si lo divides, ya no es una gato, y con el swing pasa lo mismo.

Según Ernest Jones, el mayor obstáculo a la hora de realizar un golpe es el pensamiento; cuando se le da una orden al cerebro, este no divide el movimiento en partes sino que, sencillamente, lo ejecuta de manera inconsciente. Un carpintero no piensa en varias cosas al mover el martillo para clavar un clavo; lo mueve con sus manos y dedos para darle velocidad a la cabeza de la herramienta y ejecuta la acción. Forzarnos a pensar en varias cosas al mismo tiempo que realizamos un swing sólo nos puede llevar a la parálisis por el análisis.

Para poner de relieve este peligro, Ernest Jones acostumbraba a recordar a sus alumnos el siguiente verso:

Un ciempiés era feliz hasta hasta que un sapo le dijo, bromeando
¿puedes decirme qué pierna va detrás de la otra?
Este puso su mente a funcionar, para encontrar la solución
Y cayó a un arroyo por la distracción,
pensando en como andar

En 1924, Jones trasladó su residencia a los EEUU. Tras ejercer el cargo de jefe de profesionales en el Women’s National Golf and Tennis Club de Long Island (hoy en día, el Glen Head CC), estableció una escuela de golf en la séptima planta del número 518 de la quinta avenida de Nueva York en la que cobraba una asequible tarifa de 5$ la lección. Allí, estaba más interesado en instruir a los oficinistas y amas de casa que a buenos jugadores, ya que lo que le parecía un verdadero reto era conseguir que personas no especialmente dotadas para el deporte tuvieran un swing decente. El establecimiento estaba siempre lleno; si la mayoría de profesores de golf daban 600 lecciones al año, Jones quintuplicaba esa cifra. Por ello, los retrasos se iban acumulando y, a veces, sus alumnos debían esperar largo rato a que se acabara la lección anterior. Sus clases no diferían mucho unas de otras, ya que de lo que se trataba era de hacer circular el palo alrededor del cuerpo con soltura y sin interrupciones. Una de sus herramientas favoritas era un pañuelo con un pequeño peso en la punta; quién no moviera el pañuelo con las manos y los dedos, y por consiguiente pudiera mover el palo de la misma manera, no podía realizar el swing correctamente. Ernest Jones dedicó 40 años de su vida a enseñar su sistema y estuvo dando clases hasta poco tiempo antes de su muerte, acaecida en 1965.

Ernest Jones con el pañuelo y su traslación al swing de golf

Jones2

…….mañana continuará……. 🙂

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La “chuleta” de Bryson

Creo que, a estas alturas, todos hemos oído hablar de Bryson DeChambeau. En el blog ya hablé de él a finales de 2014, y posteriormente en varias ocasiones más a raíz de su driver o el “Proyecto DeChambeau” de Ángel Ruíz (I, II y III). Hoy, gracias a una captura de pantalla de Adam Sarson, vamos a dar una vuelta de tuerca más a la fascinante personalidad de este joven jugador.

Los tres últimos wedges que DeChambeau lleva en su bolsa tienen 50, 55 y 60 grados. Para saber a qué distancia envía la bola con cada uno de ellos, el amigo Bryson ha confeccionado una “chuleta” que lleva colgada de su bolsa y que las cámaras de la CBS capturaron en el pasado RBC Heritage. En ella, se pueden ver los intervalos con los que este neoprofesional trabaja, que son muchos.

Tranquilos, que ahora lo explico 🙂

DCH1

Efectivamente, haciendo honor a la fama de “científico loco” que arrastra desde su juventud, DeChambeau ha dividido su gap wedge y su sand wedge en 20 distancias diferentes. Para saber como pegar cada una de ellas, utiliza las manecillas del reloj. Así, en la columna marcada en rojo, está “la hora” (o sea, donde apunta la aguja corta) en la que el golfista coloca la cabeza del palo en el reloj. Empieza por las 06:45, 07:00, 07:15, 07:30, 07:45, etc., que dan como resultado 4, 5.9, 8.5, 11.5, 15 yardas, etc. Al final de la “chuleta” del sand wedge, nos encontramos las 11:30 y una distancia de 105 yardas.

Para apreciar un poco mejor la dificultad, pensemos cual es la diferencia en la aguja corta entre las siete y las siete y cuarto, lo que para nosotros es prácticamente inapreciable. Si nos fijamos en las distancias, veremos que en ocasiones también tienen intervalos muy pequeños, de menos de 4 yardas, lo que nos habla de la enorme precisión con la que trabaja este jugador. No en vano, su “estreno” como profesional en dicho torneo (4º clasificado) ha sido mucho mejor que el de leyendas como Jack Nicklaus o Tiger Woods. Ya sé que soy muy pesado con él pero estoy seguro que volveremos a oír hablar de Bryson DeChambeau 😉

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Camilo y la pinaza

Curiosa la situación que vivió Camilo Villegas en el RBC Heritage que se celebra en el campo de Harbour Town. Durante la primera jornada, concretamente en el hoyo 15 (par 5), el golpe de salida del jugador colombiano se desvió ligeramente a la izquierda y acabó reposando bajo una gruesa capa de pinaza. La cuestión es que Villegas estaba convencido de que su bola estaba empotrada y pidió que un árbitro se acercara a sacarle de dudas. El caso es que el primer “referee” no estuvo de acuerdo pero permitió que Villegas recabara una segunda opinión. Esto es lo que sucedió, aunque hablen en inglés:

Vayamos por partes. El primer error que comete el bueno de Camilo es hacer referencia a la arena que conforma el suelo del lugar porque debería saber que cuando está en vigor la regla local de alivio de bola empotrada en todo el recorrido existe una excepción que nos habla de las zonas arenosas. Que se lo digan a Tiger Woods, que como ya escribí en 2013, se ganó una penalización en Abu Dhabi precisamente por aliviarse en estas condiciones.

Una vez dicho esto, hay que tener en cuenta que la decisión que nos ayuda a entender cuando una bola está empotrada (D 25-2/0.5) fue modificada en 2014 para introducir un gráfico explicativo. Según ese croquis, una bola “anidada”, es decir, rodeada de hierba o pinaza, necesita que una parte de la misma esté por debajo del nivel del suelo para que se considere empotrada.

El gráfico de marras

Bolaempotrada

La verdad es que las imágenes no son muy esclarecedoras y personalmente no me atrevo a dar mi opinión. Al final, el árbitro, que estaba mucho más cerca que yo, decidió que la bola no estaba empotrada y le indicó que tenía que jugarla tal y como reposaba. Afortunadamente para Villegas, pudo quitar la parte superior de la pinaza (son impedimentos sueltos) sin que su bola se moviera, ya que si ese hubiera sido el caso se hubiera hecho acreedor de una penalización por la regla 18-2a. Por si alguien tiene curiosidad, al final salvó el par 😉

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Un wedge para todo

A pesar de lo que pueda parecer, como ya escribí en 2013, los palos de golf ajustables ya hace más de 100 años que están entre nosotros. Otra cosa es que, a causa de las limitaciones de los materiales, no haya sido posible producir en masa este tipo de material hasta hace relativamente poco. Hoy en día es hasta cierto punto normal poder cambiar a un driver los grados de loft, el lie, o los grados que cierra la cara del palo. No obstante lo dicho, tengo que reconocer que nunca había visto un wedge que su pudiera convertir en Gap Wedgw, Sand Wedge o Lob Wedge a gusto del consumidor 😯 Lo máximo a lo que se había llegado era a poder cambiar la cara del palo sin cambiar el palo entero, como en los wedges TaylorMade XFT (2010), modelo del que juego un 60º.

El TaylorMade XFT

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Como informa la web GolfWRX, el “valiente” ha sido Bruce Sizemore, un diseñador que trabajó para SuperStroke y que posee un par de marcas de putters. Este señor ha tenido a bien construir un palo totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados para empezar a venderlo el verano que viene. Veamos algunas fotos:

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Los palos se ofrecerán con diferentes opciones (52, 56 y 60/47-50-53 y 55-58-61 grados), además de con diferentes “bounces” (de 4 a 14 grados). ¿El precio? Algo caro: 399$. Es cierto que este fabricante ofrece más spin, tres palos en uno, y la posibilidad de cambiar solo la cara del palo cuando se desgaste……pero no tengo muy claro que nadie vaya a pagar cuatro veces el precio de un wedge “normal” por ello. En cualquier caso, por si alguien está interesado, las reservas se hacen en esta página web 😉

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